Comentario de Brecha sobre El mar aéreo de Pablo Dobrinin

Los mundos fantásticos de Pablo Dobrinin 

En “El mar aéreo” (Fin de Siglo, 2016), el escritor montevideano perfila en seis relatos tanto sus obsesiones como sus universos pero también un estilo distintivo dentro de la literatura nacional.

 

El mar aéreoEs casi que sorprendente que este libro sea apenas el segundo de narrativa editado por Pablo Dobrinin (Montevideo, 1970) dada su larga carrera y múltiple experiencia en proyectos editoriales, revistas y antologías tanto nacionales como internacionales en los últimos treinta años. Como autor, Dobrinin debe ser probablemente de los más dedicados a la elaboración de material de género en nuestro país -en su caso una fantasía que coquetea frecuentemente con la ciencia ficción o una ciencia ficción que coquetea frecuentemente con la fantasía, dependiendo de a quien le pregunten- y como tal, ha publicado relatos en antologías editadas en varios países, así como ha dicho presente en las más importantes revistas latinoamericánas especializadas en CF, entre las que destaca el especial que le dedicara la revista Axxón -la revista online más leída en habla hispana- para su edición 230 recorriendo toda su carrera y realizando una entrevista exclusiva[1]. Incluso, para la misma revista, Dobrinin ofició de historiador y formuló una posible historia de la ciencia ficción uruguaya, siendo la única historia formulada desde el género en Uruguay, y no desde ensayos académicos (que suelen limitarse a Francisco Piria y lo ocurrido en el Siglo XIX).

Dobrinin tiene también vasta experiencia como editor y emprendedor. Participó del grupo que conformara un variado grupo de autores (Roberto Bayeto, Claudio Pastrana, Ramiro Sanchiz) a mediados de la década de los 90s y que se propusiera el rescate de la Ciencia Ficción -tanto producir la nacional como dar cuenta de la internacional- a través de la publicación de la revista Diaspar, de la que se editaran escasos tres números. Pocos años más tarde, integraba también el comité editorial de la Revista Balazo, avocada a la militante tarea de publicar historietas en nuestro país, tarea harto difícil siempre y más aún en el Siglo XX, especialmente de género acción, humor y aventuras (Dobrinin cumplía, además, tareas de guionista en este emprendimiento) que llegara a marcar el récord de ediciones publicadas alcanzando los diez números.

Pero el Pablo Dobrinin autor, responsable de libros en solitario, tuvo que esperar un largo tiempo -quizá por estar, justamente, dedicado a las tareas que detalláramos más arriba- para aparecer. Fue recién en 2011 que publica su primer libro de relatos -Colores peligrosos a través de la pequeña editorial argentina Reina Negra- y suma en 2012 un libro de poesía -Artaud, también en Argentina, por Melón Editora- ambos, como se verá, editados en el exterior y manteniéndose si se quiere fieles a la tradición del autor de participar antes en mercados internacionales que en el propio (algo que encuentra paralelismos con otros autores que cultivaran género antes que nada -caso de Carlos María Federici o el ya mencionado Bayeto- mucho más reconocidos en el exterior que en nuestro país).

Es por esto entonces, primero que nada, que El mar aéreo es un libro relevante. Por ser la primera edición nacional de un autor probado, experiente, un escritor sólido sin duda alguna, en una editorial establecida y profesional (Colores peligrosos tuvo una mínima edición independiente que prácticamente no llegó a librerías) y que podemos gracias a ella asomarnos a sus mundos. Porque de esto versa el libro -a grosso modo- de mundos fantásticos puestos a nuestro alcance.

Se puede reconocer un mismo esquema, por llamarlo de alguna forma, en estos seis relatos. Ya sea en coordenadas lejanas o imposibles o dentro de un bosque o una vieja casona barrial, los protagonistas de estos cuentos encuentran invariablemente “algo” -una puerta, un vórtice o la misma muerte- que les permite pasar de un plano a otro, de una realidad a otra alternativa, o al menos a un diferente nivel de realidad. Lo que varía, entonces, y le da interés sin duda, son las situaciones planteadas en cada uno de estos relatos, la construcción de estos mundos -cotidianos o excéntricos- a los que Dobrinin describirá con esmero y meticulosidad, al igual que a sus personajes protagonistas, para que luego los veamos invariablemente “pasar” a otro lado.

Así, el jubilado y la joven aspirante a fotógrafa del primer relato (y uno de los mejores), El bosque que crece por las noches, se verán envueltos en una pesadilla que se refleja en parte de la literatura de Stephen King -especialmente en aquel formidable relato El atajo de la Señora Todd- mientras que le seguirá ese hombre que vaga por un páramo fantástico en Algunas cosas que vi en el Desierto buscando una salida -y a partir de este relato (y hasta el final) la influencia más notoria en la narrativa será la del maravilloso autor Philip José Farmer, ya que Dobrinin, al igual que el autor de Mundo del Río, combinará fantasía con erotismo con ciencia ficción permanentemente- pasando por el juego casi que de fantasía heroíca en La visión del paraíso (otro punto alto del volumen) con su anciano protector de una suerte de demonio y los guerreros que pugnan por combatirlo. Luego, seguiremos a un inquieto adolescente que espía lo que no debe en La sonrisa del Ángel para llegar al relato que le da nombre al volumen (y a mi humilde entender el más flojo de todos) donde un hombre cuida la casa de un amigo y un vórtice abre la entrada a una faceta de su propia personalidad (bastante negativa). Cierra el que probablemente sea el mejor cuento de los seis, Un jardín en Nueva Kybartai, y el que es sin duda el más franco en cuanto a pertenecer al género de la Ciencia Ficción. Una colonia en Ganimedes y el contacto con los seres que allí habitarán tiempo atrás lleva a los infortunados que son capaces de “conectar” a un destino que no todos aspiran. Un jardín… es, además, donde la prosa de Dobrinin alcanza su cenit, en un estilo tan poético como conciso y una trama tan coherente como contundente.

Así, entonces, es que estos seis relatos de El mar aéreo son una puerta a otros tantos mundos, pero son todos juntos ademas la entrada al mundo de Pablo Dobrinin. Un mundo que lleva años existiendo y desarrollándose pero por vez primera abre uno de sus vórtices, portales o entradas en Uruguay.

Ojalá sea abran más.

Rodolfo Santullo

[1]     http://axxon.com.ar/rev/2012/05/axxon-230-mayo-de-2012/


FUENTE: http://brecha.com.uy/los-mundos-fantasticos-de-pablo-dobrinin/

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