Comentario de Jaime Clara sobre “Amor y sexo; historias reales”

Amor y sexo – Historias reales
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Magdalena Joubanova

 

Voy a comenzar, compartiendo algunos datos.

La palabra sexo, es la que domina internet, con un vínculo muy cercano a la pornografía. El 12% de las páginas que la conforman Internet son de contenido sexual, el 25 % de las búsquedas y el 35 % de todas las descargas tienen como referencia el sexo. Según un ranking elaborado por AshleyMadison, vinculado a búsqueda de pareja, en el caso de los españoles, también la palabra más buscada es “sexo”. La segunda palabra que buscan es “amor”. “Trío” y “aventura” son las siguientes en este ranking. También “discreción” es otro de los términos clave para quienes buscan una aventura por internet.

El New York Times publicó sobre los temas más tecleados en el buscador Google. El estudio, reveló que 21.090 búsquedas al mes se referían a la frase “poco sexo”.

El sexo es una preocupación, genera inquietud, dudas y desvelos. Hace por lo menos dos décadas se repite desde determinados ámbitos sobre la importancia de la educación sexual. Sin embargo, cuando se hacen estudios serios, vemos que el interés de la gente se reduce a una mirada parcial del sexo, de la relación sexual, del aspecto más genital del tema, cuando se sabe muy bien que la sexualidad bien entendida es abierta, tiene que ver con la calidad de vida.

Pero bien sabemos que cantidad no es calidad, por lo tanto, el hecho de que SEXO sea la palabra más utilizada en buscadores de internet no significa que se sepa mucho del asunto. No por hablar más, sabemos más. De hecho, esas preguntas o palabras que aparecen en estos datos que les acabo de dar, tienen que ver con el rendimiento sexual, con la performance, con el rendimiento, con los preconceptos y los mandatos culturales a los que estamos sometidos. Con la educación que recibimos y hasta con las conductas sociales y sexuales del momento. Con esa reducida mirada de lo sexual a la que hacía referencia, da la sensación que se está lejos de la sexualidad y muy cerca de otros aspectos más complicados, más cerca de diferentes parafilias, cuando no con un atajo que se llama pornografía. Hay modas, oleadas, que tienen que ver que llegan tan rápido como desaparecen. Un ejemplo muy claro de esto es el éxito que ha tenido la dominación y el sado masoquismo, con la popularidad instalada gracias a las Sombras de Grey. Todo este marketinero movimiento, como vino se irá, pero es válida la pregunta, ¿qué queda después de este tipo de fenómenos? Es impresionante como estos temas surgen semanalmente en las consultas en la radio y Magdalena, con una infinita paciencia responde, que ni Grey ni lo que se ve por ahí, no puede ser tomado como la panacea del desarrollo de la sexualidad.

Son muchos los frentes que se abren cuando el sexo, como concepto, como palabra, como situación, como vínculo, está presente. Han aparecido en el mundo, gurúes del sexo que muchas veces más vale perderlos que encontrarlos que terminan por entreverar aun más la madeja. Y ante estos fenómenos los profesionales serios deben estar alerta y muchas veces enfrentarlos.

El otro día, cuando Magdalena anunció esta presentación, parte de los comentarios en facebook fueron de sorna, chiste y doble sentido. Fue todo en buen tono, nada desubicado, pero siempre jugando al borde del reglamento. Da la sensación que cuando el sexo está presente, siempre se está al borde del reglamento, cuando es algo tan vinculado a la vida cotidiana. Claro que esto sucede porque se carga con una historia de no información, de intimidad forzada, de mala o ausente educación sexual, prejuicios de todo tipo y color, tema de puertas adentro, o temas de cama, donde lo que importaba era en una época, solo el mandato reproductivo o en otros momentos, la chaveta que se descuelga y forma parte de las más bajas de las diversiones.

En un momento del libro, Magdalena dice que “ciertos errores parentales suelen ser devastadores en esta etapa de la vida (se refiere a la adolescencia, pero podemos extenderla a otras): el desamor, la ausencia de cuidados y de protección en el seno familiar, el señalamiento de todos los supuestos “errores” o males sentencian al niño a recluirse en  su soledad, lugar oscuro y sombrío donde la culpa es lo único que lo acompaña. Esta horada su autoestima, haciendo que se sienta indigno de ser amado. Precisamente la culpa que se aprende a muy temprana edad se genera a partir de la reprobación permanente (expresiones verbales o físicas de disgusto y desaprobación, castigos inapropiados). Muchas veces los padres que educan a sus hijos en un ámbito de estas características lo hacen por ignorancia, es decir, porque no adquirieron determinados recursos durante su vida. Citando a Sócrates: “el malo lo es por ignorancia y por tanto se cura de ello con la sabiduría”.

Es decir, que cortando grueso y generalizando, cosa que no está bien, pero Uds. me entenderán,  podemos decir que los temas de la sexualidad humana han pasado por etapas y momentos muy distintos, en forma pendular, de un extremo al otro. Se pasa del silencio absoluto, hasta lo que vemos por esta época, el enroque que los vicios privados, han pasado a ser las públicas virtudes.

Para darle seriedad académica y una mirada desde la salud sexual y tratar de ubicar las cosas en su lugar llegaron los estudiosos, los que han hecho de la sexualidad y sexualidad bien entendida su trabajo cotidiano. Han sido profesionales como Magdalena que desde los medios de comunicación, con buen humor e infinita paciencia, han tenido que sobrellevar las malas interpretaciones y los dobles sentidos. Están los sexólogos de su generación, pero también, justo es decirlo, que todavía están o estuvieron en la primera línea de fuego, al menos en Uruguay, como fueron los Gomensoro, los Andrés Flores Colombino, los Gastón Boero, solo por nombrar algunos. No fue fácil, no es fácil aún hoy, tratar temas vinculados a la sexualidad en los medios de comunicación. Y sin embargo los sexólogos están allí, ocupando los muchos o pocos espacios que aparecen. 

Debo admitir que conozco la génesis de este libro casi desde antes de nacer. Sé muy bien las peripecias por las que tuvo que pasar Magdalena, la responsabilidad con la que encaró el trabajo, luego de su primer libro, el GPS, la guía sexual que fue, a escala uruguaya, fue un libro de suceso.

Pero la Jubanova quería ir más allá, quería transmitir algo más que consejos o hacer una continuación de su guía, cosa que le hubiera resultado  muy fácil, a la luz del GPS. La experiencia cotidiana, el vínculo con los oyentes de la radio, las preguntas que le llegan permanentemente, muchas lógicas y razonables y otras absolutamente disparatadas, son siempre respondidas con profesionalismo y responsabilidad. Ella entonces, quería dar ese paso, y eligió el camino del testimonio, de su vínculo con los pacientes, como forma de transmitir conocimientos, experiencias, tratar de despejar dudas.

El primer gran mérito que tiene el libro que estamos presentando es el más evidente y previsible, que solo se entenderá en su dimensión una vez que el libro se lea: es un libro que habla de amor y sexo. ¡Claro, si es el título del libro! Si, pero a priori no es tan claro, ya que da la sensación que por repetidas, machacadas, redundadas, las palabras se vaciaran de contenido. Magdalena, en el libro pone, como dije, las cosas en su sitio, e introduce el concepto del amor, como un ingrediente clave en una relación sexual. Claro que puede haber mil y una relación sexual sin amor, pero ella, eligió historias reales, que además de sexo, tienen el componente del amor, como ingrediente clave.

Como en el cine, cuando vemos una película que sabemos que está basada en hechos reales, el relato, la historia, se redimensiona, la vemos de otra manera. En este libro, sabiendo que son casos que Magdalena atendió en consulta, que conoce sus rostros, que puede ser cualquiera de quienes caminan por la calle, o alguno de quienes estamos aquí, -ya que ella preservó responsablemente la identidad- estos relatos los leemos de otra forma. En el sexo funciona mucho la fantasía. Con la realidad de estas, lo que hace Jubanova, es acortar la distancia, justamente entre realidad y fantasía.

Historias muy bien elegidas, con situaciones, en algunos casos o por momentos, extremas que nos permiten conocer que la vida sexual de las personas no tiene límites ni de capacidades ni de edad, por ejemplo. Desde el sexo en adultos mayores y en discapacitados, hasta la tan manida y referenciado sexo virtual, pasando por la infidelidad y la actualidad del maltrato, el abuso y la dominación, como factores que a la corta  o a la larga tienen consecuencia en la calidad de vida de las personas.

En forma inteligente y didáctica, la Dra. Jubanova incluye, además de la historia en cuestión, el encuadre clínico y terapéutico que nos permite darle un sustento científico a la historia, y luego, como si estuviera en la radio, una serie de conclusiones o reflexiones finales y comentarios, que permiten entender mucho más, el caso en cuestión.

Con acierto, dice Magdalena en el prólogo del libro que “cuando se concurre a la consulta, gran parte del camino ya está recorrido: los pacientes saben que van a verse expuestos y están dispuestos a ello. A veces no imaginan la liberación que ello significará. La pesada mochila que algunas cargan durante toda una vida, se ve paulatinamente-a veces repentinamente- alivianada y eso ya constituye una experiencia liberadora.”

Los lectores somos testigos de la historia contada por Magdalena, por lo que nos transformamos en voyeurs privilegiados que fisgonean asuntos íntimos de personas que consultan a un médico por un tema que los preocupa o los atormenta

En forma ocurrente, Groucho Marx dijo “Recuerdo la primera vez que tuve sexo. Y aún conservo la receta” Lo que demuestra este, como tantos otros libros serios de sexualidad, es que no hay recetas  mágicas para tener una sexualidad plena. El libro de Magdalena es una mirada de lo sexual, con el maridaje del amor. Es una mirada posible. Es la que ella eligió y es tan válida como tantas otras. Pero lo que queda claro, una vez más, es la intención permanente de Jubanova de generar espacios de difusión, de reflexión y hasta de docencia para lograr que la sexualidad sea un tema abierto y transparente y que no se reduzca a una discreta búsqueda en internet.

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