Cómo vivir en soledad

En 2015, Andrea di Candia publicó La partida, una novela con la que obtuvo el segundo lugar en la categoría Narrativa Inédita, en el Premio Anual de Literatura otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura. Se trataba de una narración cargada de un fuerte intimismo, con un registro delicado y al mismo tiempo arrollador: la protagonista acompaña el final de Salvador, su abuelo de más de noventa años, que ha decidido dejar de comer, mientras repasa la historia de su familia, empezando por sus bisabuelos, Angélica y Humberto, llegados al país en 1890. En menos de 150 páginas, la autora de La partida logró construir una urdimbre de destinos y de dramas, que tenía por centro a la figura del abuelo, pero que no se agotaba en él. Un libro hecho de temporalidades y con una particular disposición descriptiva, que a partir de la percepción de objetos de lo cotidiano, alcanzaba un alto grado de lirismo. 

Cadena de frío es el nuevo libro de Andrea di Candia. Una apuesta en otra clave, que indaga nuevas posibilidades del modo ficcional realista (que, por el tono inestable y en tensión, presenta un parentesco con el tratamiento de la realidad que hace Martín Lasalt en La entrada al paraíso). En este sentido, una primera decisión asoma con las primeras líneas del libro: la autora abandona la enunciación desde el Yo, para asumir ahora la conjugación en tercera persona. Sin embargo, y pese a este aspecto técnico (no menor, por otra parte), el lector reconoce desde el principio esa misma cadencia que le imprime a la prosa el tiempo presente, sostenida en enunciados cortos y con una fuerte resolución rítmica. Más allá de que en La partida y Cadena de frío hay perduraciones (atención a la construcción de los personajes, inclinación por la introspección psicológica y presencia de la muerte), lo cierto es que suponen modos de lectura diferentes. 

Esta nueva publicación sigue la historia de Mario, un personaje singular (con algo de Ignatius Reilly, el protagonista de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole), que pasa sus días entre su casa y su trabajo, en la Morgue Judicial. Su mundo es un denso entramado de automatismos y obsesiones, miedos y manías; en esto tiene mucho que ver Yolanda, su madre, una figura clave dentro del texto por su carácter autoritario y su potencia castradora: “La voz y los ojos de Yolanda lo acompañaban sin darle descanso. Era una voz espía, una mirada aguda, que acompañaba a veces con susurros, con abrazos demasiado largos”. Cuando comienza la historia esta acaba de morir, sin embargo la narración vuelve una y otra vez sobre ella a partir de saltos temporales. Son interesantes los procesos internos y las transformaciones que precipita el suceso de la pérdida en la psicología del protagonista. Como si fuera poco, se suma la aparición simultánea de Estrella, una mujer de cuarenta y nueve años que trabaja como cajera en el supermercado de su barrio, y con la que tendrá una historia amorosa.

El hilo argumental se bifurca y se desvanece al seguir el devenir de ambos personajes: la lucha de él por hacerse cargo de su existencia ahora que no tiene a su madre, el conflicto de ella por encontrar el verdadero amor. Si bien se puede leer la forma y el tono de la novela como un traslado de la sensación de monotonía que reina en la vida de Mario, por momentos el texto se vuelve retórico en torno al tópico edípico y demasiado explicativo. Queda la sensación de que el narrador, movido por un afán psicologista, acapara demasiado, dejando sin trabajo al lector, que encuentra develado de antemano cada rincón de la novela.   

Asimismo, es justo decir que Cadena de frío revela nuevos e inesperados dobleces de la escritura de Andrea di Candia. La incorporación de lo grotesco es uno de ellos. Al retratar las escenas románticas entre Mario y Estrella, o entre Estrella y sus anteriores pretendientes, la voz narrativa se aleja deliberadamente del sentimentalismo, al introducir referencias que desplazan el foco y producen un efecto de comicidad, en un procedimiento que no aparecía en el horizonte abierto por su primera novela: “Mientras Estrella declamaba con voz chillona, Beto se sacaba de los dientes los restos de lengua a la vinagreta con la uña del dedo índice, y le miraba los pechos que se inflaban y desinflaban al ritmo de los versos. Un eructo sonoro del invitado interrumpió el himno (…)”. Cadena de frío asume riesgos al renunciar de forma decidida a la comodidad de los territorios conocidos y, sobre todo, a un estilo consolidado, lo que habla de una escritora en constante indagación creativa; el resultado, pese a tener momentos altos y descubrir costados inéditos de un proyecto narrativo por demás interesante, presenta altibajos.  


Mathías Iguiniz
Cadena de frío, Andrea di Candia, Editorial Fin de Siglo, Montevideo, 2017, 192 p.

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