Cristina Peri Rossi, desde España, escribe sobre sobre “Mujica” de Campodónico

«Como Mujica no hay»

Por Cristina Peri Rossi
El Mundo, 19 de diciembre de 2014 

El discurso de José Mujica en la cumbre de Guayaquil, espontáneo, intenso, político (en el sentido de polis griega: filosófico. Citó a Aristóteles: «El hombre es un animal político») suscitó la admiración de colegas y autoridades, el entusiasmo del público y está en las redes con un alto número de visitas. Es un testamento público que recuerda datos importantísimos: el mundo gasta 2.000 millones de dólares por minuto en armas, y la fortuna de los más ricos del planeta es de 200 millones de diarios, sin contar los intereses bancarios. Sin embargo, hay hambre, hay muchísima pobreza, también en los países europeos. Nunca hubo tanta riqueza, pero no hemos conseguido ni erradicar las injusticias ni las desigualdades.

He seguido con sumo interés el proceso vital de José Mujica desde sus comienzos como joven cultivador de flores, estudiante anarquista y luego guerrillero tupamaro, una de las pocas guerrillas urbanas. Apresado, torturado durante mucho tiempo, sobrevivió y fue elegido presidente de Uruguay, un país excepcional por su historia («Hace años digo que Uruguay fue la primera socialdemocracia del mundo». Yo creía que esta frase era sólo mía, hasta que se la escuché decir) y por su cultura.

Este verano, ingresada en un hospital de Barcelona, me asombró que las enfermeras y las mucamas, al reconocer mi acento, me hablaran de Pepe Mujica como de un presidente que «ojalá tuviéramos aquí». Lo habían visto en televisión. No recordaban nada de lo dicho, pero admiraban su sencillez, su honestidad y su falta de protocolo.

Ahora, editorial Yulca, de Barcelona, acaba de publicar Mujica, del escritor y periodista uruguayo Miguel Ángel Campodónico, con más de treinta ediciones en Uruguay. Fue escrito a partir de una serie de entrevistas con el presidente, que narra desde sus humildes orígenes hasta su original forma de ser presidente, algo que ha conseguido asombrar al mundo tanto como sus heterodoxos discursos. Son espontáneos, pero cargados de información, de datos y de una concepción de la existencia humanista que mezcla la biología («no somos felinos, somos gregarios») con la tecnología («nuestro disco duro es social»).

El extraordinario mérito del libro de Campodónico es retratar la biografía de José Mujica como una novela y como un documento histórico imprescindible a la vez. El protagonismo absoluto es de Mujica, rastrea desde sus orígenes campesinos hasta su actividad de guerrillero. Pero siempre el presidente ocupa el centro del relato. No es un libro de ficción, aunque más de uno lo leerá como tal.

Campodónico, en el prólogo, subraya aquello que distingue a Mujica: «Ni su forma de hablar, ni su forma de vestir, ni su forma de enfrentar a la prensa, ni su forma de llevar adelante un discurso o de pronunciar un discurso, tienen vinculaciones con las formas utilizadas por sus colegas, ni antes ni después». Es justamente esta heterodoxia lo que asombra a los europeos, tan acostumbrados al protocolo, y que suscita la risa de Pepe Mujica, quien dice, con su tono burlón: «Me invitaron a Alemania. Me llevaron en un auto enorme, blindado, con una cantidad enorme de coches por delante y por detrás, y yo me preguntaba cuánto debe de costar todo esto; total para qué, este gasto inútil».

La edición de Yulca no respeta los blancos del original; a pesar de eso, el libro es de apasionante lectura como el mayor testimonio de este hombre singular e insólito político, el Mandela latinoamericano. 

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