Cuitiño y el tesoro de las Masilotti en Espectador.com

Cuitiño: “Creer en su existencia es una cuestión de fe”

Se lanzó en estos días “El misterio del tesoro de las Masilotti”, un libro de Eduardo Cuitiño, Licenciado en Matemática, investigador y docente. La investigación se centra en la historia de las hermanas Clara y Laura Masilotti, quienes desembarcaron en Montevideo en los años 50 con el objetivo de realizar excavaciones en el Cementerio Central buscando un tesoro que, según les relató su padre antes de morir, allí se había enterrado un siglo antes.

Hoy en El Espectador recibimos en estudios al autor, quien brindó más información sobre esta historia que integra la lista de leyendas de nuestro país.

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“El misterio del tesoro de las Masilotti”, de la editorial Fin de Siglo, reúne las hipótesis existentes sobre esta supuesta fortuna enterrada, así como los intentos que a lo largo de los años se realizaron para encontrarlo, destacó a Efe su autor.

El más conocido fue el que realizaron en 1951 las hermanas Clara y Laura Masilotti, cuando invirtieron dos semanas en efectuar cavas en el suelo, basándose en unos planos elaborados por un antepasado que afirmaba haber visto dónde se enterró el tesoro.

Este hombre, que formó parte de las tropas de Giuseppe Garibaldi en la denominada Guerra Grande (1838-1951), era, al parecer, el hijo ilegítimo de un cardenal italiano excomulgado, que fue adoptado por la familia Masilotti.

Dicho cardenal viajó a Montevideo tras su expulsión de la curia y pudo llevar consigo un tesoro que ese ancestro de las Masilotti vio ocultar, según Cuitiño.

“El niño vio cómo ese tesoro fue escondido en un lugar concreto del cementerio e hizo una serie de mapas que fueron posteriormente interpretados por las hermanas. Contó además que los obreros que cavaron ese túnel fueron asesinados para que no contaran el secreto”, explicó el escritor.

A lo largo de los años, se produjeron varios intentos de buscar esta recompensa, si bien en ninguno de los casos se tuvo éxito.

En determinados momentos, surgieron rumores que aseguraban que las Masilotti encontraron estas riquezas, pero no lo hicieron público. También se especuló con que lo lograron dos empresas de la zona.

Una de ellas, era la jabonera Strauch, cuyos dueños, de origen austríaco, obtuvieron grandes beneficios en la época en que se produjo un auge de los productos desinfectantes que comerciaban.

De hecho, cuando esta compañía cerró, se realizó una excavación bajo sus instalaciones, pero no se halló ningún objeto de valor, destacó Cuitiño.

El autor afirma que, si bien la presencia de este tesoro no está clara, el cementerio Central cuenta con una estructura un tanto singular que no responde a una lógica arquitectónica, lo que podría explicar que en su interior haya túneles que conectaban diferentes puntos.

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