Educación, el cambio posible – Por adolfo Garcé

Hace pocos días, tomando algunos ejemplos de las últimas presidencias en el país, argumenté que no hay innovación en materia de políticas públicas sin una potente acumulación previa: ningún gobierno logra incorporar innovaciones si, previamente, el sistema político (en general) y su propio partido (en particular) no se las ingenió para ir identificando problemas, construyendo diagnósticos y elaborando alternativas. Si esta interpretación es correcta, Uruguay no está tan lejos de poder llevar adelante transformaciones de relieve en su política educativa. Aunque no parezca, está disponible un importante stock de ideas inteligentes, audaces pero también viables. Esto fue lo primero que pensé cuando terminé de leer el último libro de Daniel Corbo. Se llama La alegría de aprender. Centros educativos, autónomos, potentes e innovadores (editorial Fin de Siglo). La obra es una clara demostración de la madurez que ha alcanzado la reflexión sobre los problemas de la enseñanza pública en el país y sus posibles soluciones. Paso a sintetizar sus principales propuestas de cambio y a reflexionar, aunque sea brevemente, acerca de cuál podría (y debería) ser la reacción de nuestros partidos. Corbo empieza repasando los principales problemas de la ense- ñanza pública, prestando especial atención a los de la educación media. El autor presenta información sobre asuntos conocidos: estancamiento de la matrícula y de la cobertura en la enseñanza media (cuatro de cada 10 jóvenes de entre 15 y 17 años no concurre a ningún centro educativo); creciente deterioro de los indicadores de fracaso (la repetición en los liceos públicos pasó de 21,3% en el 2004 a 27,8% en el año 2010); brechas sociales en los aprendizajes (todos los indicadores, desde la tasa de repetición a los resultados en las pruebas PISA, muestran que las fallas se concentran en los estudiantes de los hogares más pobres).

El corazón de su argumento es que la crisis exige un cambio profundo en las estructuras educativas. Según él, ni la estructura centralizada y verticalista tradicional ni, en el polo opuesto, las propuestas de pasar a un sistema de financiación de la demanda podrán solucionar los problemas existentes. Su propuesta puede ser vista, precisamente, como un punto medio entre ambos extremos. Del primero recoge el universalismo y su obsesión por la igualdad. Del segundo su apuesta a la autonomía y a la construcción de verdaderas comunidades educativas en cada centro de enseñanza. Descentralización (transferencia de potestades a cada centro), liderazgo (equipos de dirección con capacidad de gestión) y participación de los docentes (sobre la base de la estabilidad del cuerpo docente en cada centro) son, dicho muy sintéticamente, las claves de propuesta.

Muchas de estas ideas vienen circulando hace años en el debate público. El giro descentralizador y el reclamo de proyectos educativos flexibles adaptados al entorno fueron brillantemente argumentados hace años por Pablo da Silveira en otro libro fundamental (me refiero a La segunda reforma). El énfasis en la importancia del liderazgo en cada centro educativo fue uno de los aspectos centrales de los debates en tiempos de la reforma de Germán Rama. El papel clave de los docentes en la gestión del sistema educativo tiene una tradición muy larga. La polémica ley de Educación del gobierno de Vázquez extendió la participación de los docentes desde los organismos de dirección en cada rama hasta la gestión de los centros educativos incorporándolos a los Consejos de Participación. El mérito principal del libro de Daniel Corbo es que, en vez de tratar de reinventar la pólvora, se apoya en los debates previos para sintetizar una propuesta de cambios original y llamativamente ponderada.

Confieso que este libro me ha generado un entusiasmo muy especial. Estoy convencido de que contiene la hoja de ruta de una reforma estructural tan necesaria como posible. Por eso me parece muy importante que los partidos políticos, en el marco de sus respectivos procesos de elaboración programática hacia 2014, dialoguen con las propuestas formuladas en él. Como siempre ocurre con las reformas elaboradas por los expertos, es inevitable que cada partido las examine tanto desde el punto de vista sustantivo (cotejándolas con sus propias tradiciones ideológicas) como desde el ángulo estratégico (para adaptarlas a sus legítimos intereses electorales). Por ejemplo, blancos y colorados probablemente simpatizarán con la descentralización pero mirarán de reojo la participación de los docentes (dado que asumen que en su mayoría son frenteamplistas). Supongo que los frenteamplistas, a su vez, sospecharán de la descentralización y dirán que también los estudiantes tienen que participar en la gestión de los liceos. Los líderes políticos no están obligados a aceptar acríticamente las propuestas de los expertos. Todo lo contrario. Pero tienen la obligación de estudiarlas a fondo. En este caso, además, la responsabilidad de los partidos es especialmente grave: la reforma de la enseñanza es la principal cuenta pendiente de nuestro sistema político.

Adolfo Garcé es Magíster en Ciencia política, docente e investigador en el instituto de Ciencia política, Facultad de Ciencias Sociales, Udelar

Fuente: El Observador

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