«Menéndez-Carrión realiza una contribución fundamental al pensamiento crítico… » [«Memorias de ciudadanía», por Emilia Gisoscia en CRÍTICA CONTEMPORÁNEA]

Memorias de ciudadanía Los avatares de una polis golpeada.
La experiencia uruguaya AMPARO MENÉNDEZ-CARRIÓN 2015. Montevideo:
Fin de Siglo Editorial. 3 Tomos. 1482 páginas. Por Laura Gioscia*

 

Recordé un encuentro con Amparo Menéndez-Carrión en un café de Montevideo en el instante que decidí escribir sobre Memorias de Ciudadanía. Al hablarme de su libro me recomendó empezar por el tercer tomo. No le hice caso pero ella tenía razón. Tomé el camino inverso, el supuestamente “correcto”, es decir, empezar por el punto de partida de su propuesta centrada en la polis, lo público y su espacio; en la polis como discurso habilitante de la vida en común. Amparo se ocupa de “‘lo que importa’ acerca de la textura y calidad de la vida pública, sus rituales, disposiciones y actores, pero, más aún, (de) los discursos que habilitan ese tipo de encuentros” (prefacio al Tomo I). La polis y su espacio-lugar es donde vivimos lo público, donde nos preocupamos por cuestiones que nos importan a todos. Las formas de ser de la polis en las que se centra la autora son aquellas frecuentemente no consideradas como arenas políticas o actores políticos: las salas de teatro, los bares y cafés de la ciudad y, entre otros, las comisiones de padres. Tengo que aclarar que no pretendo analizar en profundidad el producto de esta investigación que ha tomado más de diez años. La autora, nacida en Uruguay, nacionalizada ecuatoriana, estudió en los Estados Unidos de Norteamérica, ha dado la vuelta al mundo y ha residido en Tokio durante los últimos años. Resulta casi imposible abarcar y explicar de modo breve, al menos en tiempos laborales situados en el sur, este producto complejo, por momentos arduo de leer, profuso, seductoramente enigmático realizado desde una mirada y tiempos norte-sur. Una vez pasado ese ritual iniciático de categorizaciones que pensé no lograría superar, me seguía inquietando qué entendía la autora sobre el “ser político” y qué significa para ella el “estar a salvo” entre extraños más allá de las comprensibles resonancias arendtianas. ¿En qué se ancla su idea de polis como interpretación de la trayectoria uruguaya desde un Uruguay clásico de mitad del siglo XX hasta la experiencia del Uruguay progresista? El doble eje de la polis son la pluralidad y el igualitarismo. Pero no es sólo de Arendt de la que toma la idea de pluralidad sino que ese “ser” y “estar” que señala como centrales tanto para convivir como para proyectar momentos de cambio, también es deudor ¿por qué no? del Dasein heideggeriano (aunque la autora no lo mencione salvo al pasar en la página 119 del primer tomo y sí mencione a Sheldon Wolin en la página 38 de Tomo I). Así definida, la polis es un lugar “nunca plenamente asentado” por el que se necesita luchar. Su modo de entender el igualitarismo también nos remite a Arendt y otras fuentes tales como Nancy Fraser y Charles Tilly. Plenamente inmersa en los debates contemporáneos, la autora primero presenta el andamiaje teórico sobre temas como la ciudadanía, el espacio público y la democracia con autores como Foucault, Bourdieu, Gramsci, Habermas Laclau y Mouffe entre otros autores poco citados en nuestro medio como Engin Isin. Con todos va discutiendo, acercándose o alejándose, apropiándose de algunos conceptos, separándose de otros asumiendo que es Hannah Arendt su referencia fundamental. Pero este trabajo está en clara sintonía con la obra de Engin Isin para quien qué cuenta como político y quiénes son los sujetos de la política son dos lados de la misma cuestión. Lo político tampoco se reduce a quienes gobiernan, no pasa solamente por los partidos políticos, pasa por los barrios, las plazas, las escuelas, cualquier lugar que puede devenir político. ¿Quiénes cuentan como sujetos políticos? Al analizar lo que las personas hacen cuando “devienen políticas” tanto Isin como MenéndezCarrión intentan cerrar la brecha entre ciudadanía y política. Y lo que importa es que cómo actúan esos sujetos y sus modos de actuar en el tiempo puede alterar el curso de las cosas. En la obra de Amparo, los ciudadanos son “los hacedores y custodios de lo público” que también se mueven, se sitúan en, o habitan, diferentes lugares. Al apelar a la noción post-estructuralista del discurso, libera la polis de ataduras convencionales al territorio o formas de gobierno. La polis se expresa en diversos espacios, la escuela pública, el teatro independiente, en la cooperativa de viviendas FUCVAM, en la autogestión desarrollada por los obreros de FUNSA y en la larga trayectoria del espacio teatral que en esta obra tiene un lugar de privilegio. Pero la polis como espacio discursivo a veces coincide y a veces no con el itinerario del Uruguay concreto. La tipología de formas de ciudadanía de la polis que Amparo realiza en el segundo tomo y que retoma en el tercero privilegia a los hacedores y custodios de lo público que “funcionan ─de manera más deliberada o menos consciente─ como animadores, facilitadores o articuladores a través de cuyas acciones se destapan disposiciones colectivas” (Segundo Tomo, capítulo 7: 213). Estos o estas coinciden con el modelo ejemplar de la polis en su momento hegemónico y con su autora que, como bien señala Rilla, es producto de lo que denomina “el Uruguay clásico” y de lo que llama “nodo medio”:

“El nodo medio no proviene de grupo de referencia alguno, como tampoco es equivalente a “una clase” en particular. Entiéndase el nodo medio, más bien, como engranaje que disciplina la estructura de clases inmanente a un entorno de vida complejo (que no sea un nirvana revolucionario despojado “de clases”, se entiende) neutralizando sus efectos más perversos para que no se inmiscuyan en la performatividad significativa de la vida juntos y habilitando, por consiguiente, la hegemonía de una forma específica de ciudadanía en cuyas operaciones la hechura y custodia de lo público de la polis descansa…..hace parte del arsenal de los recursos de la polis para facultar el despliegue…de un espacio discursivo que demarca el campo para la famosa clase media uruguaya como también para cualquier otra clase, fracción o segmento de clase” (Tomo II, 171).

El polo opuesto lo constituye la ciudadanía prescindente que no está constituida por ciudadanos que simplemente no se interesan por participar en la vida pública o que votan solo porque es obligatorio sino que, yendo más allá de lo obvio, que es lo que singulariza al conjunto de esta obra, los ciudadanos prescindentes suelen ser aquéllos o aquéllas que piensan que “uno” es quien labra su propio destino, priorizan la libertad individual por encima de cualquier otro principio, el pragmatismo, también la imparcialidad y el desapego ideológico. La ahistoricidad y el presentismo de estos ciudadanos “se pasean en las narrativas” de cualquier formato ideológico. Además de estas fluidas categorías centrales, encontramos otras “novedosas”, post-hegemónicas: la “ciudadanía fusión”, que es una especie de remix de la ciudadanía flexible de Aihwa Ong que luego retoma Ahmed Kanna, cuyos ciudadanos oscilan entre la polis y su némesis (la lógica neoliberal) (Tomo II: 223); “la ciudadanía golpeada” que constituye uno de los legados más perversos de la dictadura en Uruguay cuya formación es producto de las experiencias del exilio, el insilio y la prisión política; y la “ciudadanía transnacional” que más allá de su posible compromiso con causas de justicia tiene, estructuralmente, un vínculo de baja intensidad con el lugar (fundamental para la polis). Con respecto a mi inquietud sobre el “estar a salvo” entre extraños, refiere al mundo común en tanto producción colectiva del nodo medio cuya experiencia es retomada por la autora. Es en el momento hegemónico de la polis en el que lo público es el “lugar de todos”, ¿Qué pasa con un mundo común cuando el espacio de la polis pierde hegemonía? Parte de la respuesta está en que la polis golpeada y también “el proyecto neoliberal” han excluido a ciudadanos que completan el campo de esta narración con una nueva matriz de ciudadanía: los “ciudadanos denizen” cuyos rasgos son la destitución y muerte cívica (indocumentados, los socialmente vulnerables, recolectores de basura y muchos más). Otros ciudadanos denizen son los emigrantes y los que no volvieron. Lo antedicho es una breve nota sobre una obra inmensa, desmesurada, pero no por ello menos original ni menos importante para las ciencias sociales de nuestro medio. La propia autora señala su eclecticismo afín a ciertas vertientes de la teoría crítica (p. 70 Tomo I) informada por la teoría política, la política comparada, la economía política, las relaciones internacionales, la sociología, la antropología y los estudios culturales. Esto hace que se trate de una obra que pasará a ser una referencia fundamental para la comprensión del Uruguay de hoy. De modo coherente con su eclecticismo, recurre al pluralismo metodológico y la consistente aplicación de diversas técnicas y estrategias de investigación. Así constituye una obra que recorre narrativamente los itinerarios de la polis uruguaya desde la polis hegemónica, la pérdida de hegemonía, la polis golpeada hasta la experiencia actual en la que la “disonancia discursiva” predomina y dificulta la capacidad de distinguir entre proyectos hegemónicos, ideológicos, lógicas discursivas y proyectos dominantes que la autora se ocupa de precisar minuciosamente. Realiza un recorrido atento y exhaustivo sobre los manejos del poder y la dominación en clave del capital cultural de la polis como lugar “donde-se-vive” y donde se viaja. Una polis siempre inestable, que hace lugar para pensar la política y la acción política sin brújula pre-determinada. Imposible hacer justicia a la infinidad de rasgos, gestos y capítulos de esta trayectoria, a veces casi iluminada, a veces innecesariamente pedagógica (demasiados apartados, demasiados capítulos, categorías). La lectura de la presentación de Paulo Ravecca resulta un gran aporte como guía de su lectura. Menéndez-Carrión realiza una contribución fundamental al pensamiento crítico en las áreas que aborda y tuvo razón al indicarme que empezara por el tercer tomo. El último libro realiza un bellísimo recorrido por el campo teatral sin nunca perder los lineamientos que recorren toda la obra pero también sintetiza, puntualiza y problematiza de modo tal que la obra invita no solo a su relectura sino a aprovechar el impasse que estamos viviendo para teorizar-actuar sobre nuevos modos de ser políticos o políticas de modo más inclusivo, que desafíen las concepciones tradicionales de ciudadanía para que aquellos que han sido excluidos puedan devenir ciudadanos (aunque probablemente aún inestables e inseguros). Memorias de ciudadanía es un libro para leer con tiempo, paciencia, dedicación, para poder captar la cantidad de matices desplegados en su largo recorrido.

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