Una niña que quiere cambiar el mundo​ ​ [entrevista con Patricia Mántaras]

Pepi Cerezo, es una niña que descubre que la casa de muñecas que le regalaron sus papás le permite cambiar situaciones, hacer felices a las personas que ella quiere. El cuento es de Patricia Mántaras, periodista de la revista Galería que relató a Nuestros Hijos cómo nació su primer libro para niños.

“Todos tenemos algo que nos gustaría cambiar”

Hoy la historia de Pepi está en las librerías y a vos te parece una situación de otro planeta, decías. ¿Cuándo y cómo te diste cuenta que la historia que tenías en la cabeza era para compartir y que, además, iba a gustar?
No sabía si iba a gustar, tenía la secreta esperanza de que sí. Todos tenemos algo que nos gustaría cambiar en nuestra vida o en el entorno, y la posibilidad de que exista una herramienta, en esta caso la casa de muñecas, con la que poder crear situaciones como si se montaran escenas de una película y hacerlas realidad me parecía, por lo menos, divertido. Me encantó escribirlo. Ojalá a los niños les divierta leerlo y, con suerte, a algunos papás les divierta leerlo con ellos.

“Tiene algo de mí”

¿Cómo nace en vos el personaje de Pepi Cerezo?
Tiene algo de mí y de todas esas niñas que, por algún motivo, no entran en el grupo de las populares, o que ellas mismas no se sienten parte de ese grupo, ya sea que se los hagan sentir o no. Cuando era chica me gustaba mucho un dibujo animado que se llamaba Punky Brewster. Era una niña que se peinaba con dos colitas desparejas, que usaba un champión de cada color y un pañuelo en la rodilla. Y tenía una mascota mágica, Glomer, que había encontrado al final del arcoíris y tenía poderes mágicos. Yo me vestía como ella y hasta tenía un peluche al que llamaba Glomer. De alguna forma sentía que eso me daba fuerza. En parte creía que eso era posible, que algún tipo de magia yo tenía. Y Pepi es eso. Es una niña que descubre que la casa de muñecas que le regalaron sus papás le permite cambiar situaciones, hacer felices a las personas que ella quiere.

“Va haciendo otros experimentos más pequeños a modo de prueba”

¿Por qué quiere cambiar el mundo?
Primero que nada, lo que quiere es que sus padres, que están divorciados, vuelvan a estar juntos. Esa es la misión más importante que tiene. Pero para llegar a eso va haciendo otros experimentos más pequeños a modo de prueba, cambiando cosas que cree que harían feliz a su abuela, a la señora que cuida a su hermanito, a su amiga Herme. Ella es su gran cómplice en todo el tema de la casa de muñecas, y es la que le advierte que cambiar algo en el transcurso de la vida de alguien puede ser peligroso, porque puede terminar cambiando todo lo que sigue.

“Está inspirada en mi abuela materna”

¿Cuánto de imaginación y cuánto de realidad tiene el cuento?
Tiene mucho de fantasía, pero también tiene elementos que tomé de mi familia, de mi propia infancia. A Pepi le dicen Dumbo, y a mí me decían gorda y bola de grasa. La abuela de Pepi, Tita, está inspirada en mi abuela materna, que era muy compinche y charlaba conmigo como si tuviéramos la misma edad. Muchas situaciones de mi infancia, sensaciones, olores que no sabía que recordaba volvieron a mí al ponerme a escribir sobre Pepi.

“En el papel todo es posible”

 ¿Qué lugar tiene la escritura en tu vida?
Soy periodista en la revista Galería, así que mi trabajo de todos los días es escribir. Pero otra cosa es escribir ficción. Cuesta encontrar los momentos, por un tema de tiempo y de disciplina. Pero una vez que me pongo a escribir, es un placer. Cuando te metés en la historia y empezás a manejar distintos caminos para los personajes, a tener en cuenta su lógica, cómo reaccionarían en tal o cual situación, es una sensación que te absorbe por completo; el tiempo vuela. En el papel todo es posible, y hay algo mágico en eso también.

“La maternidad fue determinante”

 ¿Qué tan determinante fue la maternidad para dedicarle tiempo al cuento para niño?
Fue determinante pero a un nivel inconsciente, porque no lo pensé, pero fue justo en la licencia maternal cuando empecé a escribir la historia en una libreta. Escribía un poco de noche, antes de dormir, y cuando el bebé dormía. Después, cuando volví al trabajo, llevaba la libreta en la cartera para poder escribir en el ómnibus. Era difícil encontrar los momentos, pero cuando los encontraba los disfrutaba mucho.

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