Las pasiones del embajador

El diplomático al frente de la Unión Europea en Uruguay, Juan Fernández Trigo, conversó con El Observador sobre su nuevo libro de ficción, su vida de novela, el teatro y su pareja, la actriz local Silvia Novarese

Tal vez por el nivel de cultura general que les es requerido, por su buen uso del lenguaje, por el bagaje de experiencias que da el viajar o acaso por el desarraigo que implican escribir y vivir en el extranjero, la conjugación de diplomático y escritor se ha dado numerosas veces a lo largo de la historia. Octavio Paz, Julio Cortázar, Pablo Neruda y Rubén Darío son algunos de los nombres más conocidos.

Uruguay cuenta en la actualidad con otro ejemplo de diplomático-escritor, Juan Fernández Trigo, embajador de la Unión Europea (UE). Más allá de que su figura es central en momentos en que el país negocia un Tratado de Libre Comercio con la UE, el español presentó este mes su novela La traición de la Habana.

Se trata de una faceta desconocida para muchos de los que lo conocen desde que asumiera su puesto en Montevideo en 2013, ya que, pese a ser su tercera novela, se trata de la primera editada en el país. No así lo es su pasión por la cultura y el teatro. Desde su llegada, se ha vinculado como espectador e impulsor de este arte escénico que le ha hecho conocer a su pareja, la actriz uruguaya Silvia Novarese.

Este catalán de 56 años, de profesión abogado, aspecto afable y trato cercano, ha sido a través de su rol diplomático un testigo privilegiado de la historia de comienzos del siglo XXI. Trabajaba en las Naciones Unidas en Nueva York cuando ocurrió el atentado del 11 de setiembre de 2001; estuvo en Cuba durante los años en que Fidel Castro tuvo que relegar el mando por sus problemas de salud; casi pierde la vida en el terremoto de Haití en 2010, donde se desempeñaba como embajador; y presenció la destitución de Fernando Lugo en Paraguay cuando ocupaba este mismo cargo. Trabajó, además, en Marruecos y Vietnam.

“Del 11 de setiembre tengo una anécdota absurda”, cuenta Fernández Trigo en su despacho en la Delegación de la Unión Europea, sobre Bulevar Artigas. “Todos los teléfonos dejaron de funcionar y yo trataba de ponerme en contacto con mi familia. Al marcar el teléfono de mis padres, se me olvidó poner el prefijo de la provincia. Al cabo de un mes llegó la factura de teléfono y el número que marqué decía Afganistán. Me quedé pensando: ‘Si ahora alguien detecta que el 11 de setiembre hice esa llamada puede venir por mí'”.

Durante el terremoto de Haití, que causó 300 mil muertos, Fernández Trigo se encontraba en la embajada. El edificio se desplomó y él estuvo dos horas y media con un brazo atrapado, que luego de que lo rescataran quedó insensibilizado por varios meses. “Pensaba que iba morir. Era una mezcla de miedo y rebelión. De no querer que todo terminara de una forma tan absurda. Y de esperanza, de que a lo mejor no iba a ser así”, señala.

Vivir en Haití “fue toda una experiencia, en el sentido que uno aprende que se puede vivir con mucho menos. Y se da cuenta de que hay que valorar cosas tan cotidianas como el agua o la recogida de basura”, agrega.

Novela histórica

Si tiene que elegir un país de todos los que vivió, Fernández Trigo no lo duda. Ese lugar es Cuba, espacio en el que se desarrolla su último libro. Sus dos primeras obras fueron la novela erótica El amante casualy Boquerones en Brooklyn, que cuenta una historia de amor en un entorno mafioso.

La traición de la Habana narra dos momentos históricos en la isla caribeña: la década del sesenta, posterior a la revolución cubana, y la segunda mitad del siglo XIX, durante la pugna entre esclavistas y abolicionistas. La novela cuenta la historia de una española que es reclutada por el KGB para convencer a Fidel Castro de que se acerque al comunismo. A su vez, la joven al llegar al país reconstruye la historia de su abuelo, que fue condenado a muerte por asesinar al esposo de su esclava y amante.

“De niño siempre oí en casa la historia de mi abuelo, que pasó tres noches esperando que lo fusilaran cuando terminó la guerra civil y siempre se posponía la ejecución (finalmente no lo mataron). Había sido un militar republicano leal al gobierno legítimo. Siempre escuché decir que la abuela se había despedido durante tres noches. Simplemente ubiqué esa historia en un contexto distinto, como fue la Cuba previa a la liberación de los esclavos. Es un tema que se ha tratado poco por parte de España, habiendo una gran responsabilidad en esta cuestión”, señala.

El embajador es optimista respecto al futuro de estos “prusianos del Caribe”, porque confía en la inteligencia, preparación y apertura mental de los isleños.

Teatro y amor

Además de por la literatura, Fernández Trigo es un apasionado por el teatro. A su impulso se prestó la sede de la delegación de la UE para anunciar las nominaciones de los Florencio y se creó el Premio Escena, que reconoce a la mejor representación de la obra de un autor europeo en Uruguay. El año pasado se le otorgó a la versión dirigida por Levón de Ritter, Dene, Voss, de Thomas Bernard.

El embajador organizó, además, un ciclo de séptimo arte europeo en mayo junto a a los cines Life y Alfabeta, y el premio Gutenberg a la narrativa joven, que se dará en setiembre.

A su vez, Fernández Trigo, quien suele poner a las mujeres como protagonistas de sus obras, escribió dos piezas teatrales para ser interpretadas por Silvia Novarese. El diplomático conoció a la actriz en un agasajo con paella que se hizo en la embajada, para actores y directores de teatro uruguayo.

“Creo que voy a contribuir a que a Silvia se la conozca como otro tipo de actriz. Yo creo que va a sorprender”, sostiene Fernández Trigo, quien adelantó que una de las piezas se estrenará en el primer semestre de 2016 y estará dirigida por Roberto Jones.

“El hecho de que haya 60 obras en cartel llama mucho la atención en una ciudad de un millón y pico de habitantes. Luego hay mucha gente que aprende teatro y da clases. Y si le agregás a eso de que la gente no puede vivir del teatro llama más la atención. Por eso yo siempre digo que este país tendría que dedicarse a exportar teatro y aprovechar que en el continente no hace falta traducir las obras”, comenta.

Fernández Trigo manifiesta sorpresa de que ir al teatro sea tan económico en Uruguay, a diferencia de España, pero ve en ello una contradicción: “Yo creo que nos beneficiamos de que sea barato, pero existe el problema de que cuando es así la gente no puede vivir de él”. Para el diplomático sería importante, además, que se otorguen apoyos al teatro independiente.

Padre de tres hijos jóvenes que viven en España y a quienes les ha inculcado su pasión por esa “vacuna contra el racismo” denominada viajar, a Fernández Trigo le quedan dos años más en Uruguay hasta que tenga que marcharse a otro país.

“Me gustaría quedarme y encontrar un trabajo lo suficientemente interesante. Es un buen lugar donde vivir, sobre todo hay una cultura accesible y la ciudad es muy manejable”, sostiene, aunque bromea con que Uruguay sea uno de los pocos países en el mundo que no deja entrar el jamón serrano.

De momento en 2017 Fernández Trigo tiene previsto partir. La pregunta por Novarese es ineludible y el embajador no la elude: “Se complica para los dos, pero yo creo que saldremos adelante”.

 


FUENTE: http://www.elobservador.com.uy/las-pasiones-del-embajador-n655526