El periodista Álvaro Sanjurjo Toucón publicó Montevideo sin vergüenza, un libro de crónicas con hechos, costumbres y personajes reales dignos de película

Hubo una época en que en Montevideo los espías de las grandes potencias corrían como ratones, donde los grandes líderes políticos del mundo llegaban a la ciudad y la gente los podía ver “en vivo”, un tiempo en que los empleados que trabajaban en el centro se iban a almorzar a sus casas, donde el mítico dirigible Zeppelin dibujaba eses sobre el cielo, donde los políticos dejaban sus firmas en el sótano del mismo prostíbulo de Pocitos.
Esa época se está yendo para siempre, aunque a pesar de los cambios todavía se pueden rastrear algunas continuidades.
El periodista y crítico de cine Álvaro Sanjurjo Toucón fue testigo de aquellos años y quiso poner en página algunos de sus recuerdos o de las anécdotas que le contaron sobre ese tiempo. Acaba de publicar Montevideo sin vergüenza, un libro que en el tono irónico y un tanto jocoso de su seudónimo “El Miope” recupera para la memoria hechos, costumbres y personajes dignos de película.
Sanjurjo vive desde hace 51 años en el mítico Edificio Panamericano, en Luis Alberto de Herrera y la Rambla, personaje importante del libro y una obra maestra del arquitecto Raúl Sichero. Hasta allí fue El Observador a conversar con el autor.
Entrar al Panamericano implica un viaje en el tiempo. Es una sensación extraña, porque es un edificio viejo pero donde todavía se puede captar la modernidad del diseño (parece la escenografía de una película de los Beatles).
No es casual que allí viva el autor de este libro. “A los 20 leí Montevideo antiguo de Isidoro de María y me dije: ‘qué bueno poder escribir algo así, evocando el Montevideo donde uno vivió’. A los 20 años no tenía ni el talento ni la experiencia de Isidoro de María. A los 71 años tengo la experiencia, no sé si el talento…”, dice Sanjurjo sentado en un sillón de su casa, frente a un ventanal donde se recorta en primer plano Kibón y luego el skyline de la playa Pocitos.
“Me propuse recrear hechos de Montevideo que se iban a perder. Pequeñas historias que luego no quedan en los libros, que no están en los grandes titulares políticos. Pero la menudencia, lo que el historiador Reyes Abadie llamaba la petit histoire, que es la historia de las cosas íntimas, que en definitiva va haciendo la otra historia, la quise recrear en este libro”, explica el autor.
Sanjurjo firma con su nombre pero también bajo el seudónimo “El Miope”, que utilizaba en la revista Guambia. Vio que ese tono desenfadado que le había dado a las crónicas de Guambia podía servirle para expresar un montón de cosas que de otra manera podían resultar áridas y de escaso interés.
El estilo informal y cotidiano  le permite meter, cada tanto, un insulto o una ordinariez si viene al caso.
“Pensé que había que recrear un Montevideo que yo conocía, que mucha gente no tenía idea de que existía, y que no estaba en ninguno de los libros que había estado leyendo sobre acontecimientos de este Montevideo que va desde los albores del siglo XX hasta hace un par de semanas. Sin pretender ser un maestro para las generaciones más jóvenes, creí que tenía que testimoniar ese Montevideo”, dice Sanjurjo.
Las crónicas, breves y en un estilo cómplice de lenguaje de la calle, tocan temas tan caseros y barriales como la compra en los almacenes de los fideos sueltos, en un época  previa al concepto de marca, o las libretas de fianza (que Sanjurjo denomina el precedente de las tarjetas de crédito).
La mención anterior a los Beatles no es baladí. Como si fuera la tapa del disco Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band, en las páginas de Montevideo sin vergüenza se mezclan espías de la KGB, de la CIA, cubanos, ingleses clones de James Bond que llegan a salvar a su embajador Jackson, tupamaros que huyen de Punta Carretas, con crónicas de carnaval, Eisenhower, Perón saludando a Bordaberry y De Gaulle (de quien Sanjurjo todavía recuerda su uniforme mojado por la lluvia por 18 de Julio, una tarde donde luego fue al cine  a ver A hard’s day night).
“Los espías de la KGB, la CIA, y el servicio secreto cubano que hubo en el Edificio Panamericano no son invento mío. Lo dijo Philip Agee en un libro que se llama La CIA por dentro.  Lo que hice fue comparar lo que decía Agee con la realidad cotidiana que vivía con estos vecinos”, cuenta Sanjurjo. El Panamericano vuelve a aparecer en sus crónicas, que bien pueden ser la anécdota o la armazón para el guión de algún thriller político que un día tendrá que filmarse en Montevideo.
“Es un edificio que por su diseño permite vivir en apartamentos en compartimiento separados, pero están todos unidos a través del subsuelo. Por lo tanto, todos estos agentes que vivieron acá pudieron haberse comunicado”, dice Sanjurjo, quien en el corto y mediano plazo publicará un libro de ensayos sobre cine, otra de sus grandes pasiones.
Más allá de la presencia de líderes mundiales paseándose por la ciudad, de movimientos guerrilleros y de sonados secuestros, el libro también recorre un camino menos conocidos pero no por eso menos transitado, como el circuito prostibulario de Pocitos, los potreros con picados de barrio, los recorridos de las líneas de tranvías, hasta el nomenclátor de calles y plazas.
Los romanos le llamaban ubi sunt al tópico literario de preguntarse dónde están quienes nos precedieron en tiempos anteriores. Sanjurjo lo hace con la ciudad que lo vio nacer hace siete décadas, y lo hace con categoría.


FUENTE: EL OBSERVADOR