«Pulpa Etchamendi, el hombre de las mil y una anécdotas, el técnico campeón de todo con Nacional —y con su vida—, el exitoso por naturaleza, el hacedor de sí, palpita en la memoria de la gente —proteico y único— y, aun convertido en leyenda, sigue siendo un continuo e inagotable despliegue de muchos al mismo tiempo.» Con estas palabras, José Luis Baumgartner abre la biografía casi  inabarcable de Washington el Pulpa Etchamendi.

Una obra coral donde las voces, entre otras, de Enrique Espert, Alfredo Etchandy, Franklin Morales, Carlos Soto, más la de sus propios hijos, más los comentarios del autor del libro que cultivó su amistad, van mostrando las múltiples facetas de este extraordinario personaje.

El Pulpa —el pibe que vino del campo, el canilludo, el técnico de fútbol, el amigo de los amigos, el padre, el hombre duro y el tierno, el desconsiderado y en ocasiones ordinario, y el filósofo y gran lector— adquiere vida en este libro que, con un ritmo feroz como río bravo, nos conduce por un tiempo y por unos personajes de un Uruguay pasado, que sobrevive en las canchas, en los viejos boliches, en los códigos de barrio, en la picardía criolla.

José Luis Baumgartner
Se ha destacado como abogado, periodista y escritor. Fue editorialista del diario Ya entre 1970 y 1971 —año en que fue clausurado—, marcando una época por su estilo y la temática elegida. Retomó su actividad periodística a fines de los años 80 en el quincenario Mate Amargo. Entre 1974 y 1981 estuvo preso en cuarteles y en el penal de Libertad. Ha publicado, en colaboración con otros, América Latina, Liberación Nacional (1985) y Desaparecidos (1986). Es autor, además, de El contador de cuentos (1987), Mamá Julien (1988), El asunto y otros asuntos (1990) y Una gasa leve (1995). Con Editorial Fin de Siglo ha publicado: En la boca del lobo (2004), Crónica desaforada (2005), Historia del despótico Melgarejo y su letal amante (2008), Herrera, patria para todos (2010) —una investigación-ensayo donde el autor muestra una singular visión de uno de los personajes más influyentes de la política uruguaya—, Escuadrón de la muerte (2011) —una investigación y recopilación de información que aclara y denuncia la actuación del escuadrón de la muerte durante los años de plomo—. En el 2012 publicó Trágica, pero no seria, una colección de cuentos basados en historias reales.

3 comentarios
  1. Lucio Etchamendi
    Lucio Etchamendi Dice:

    Addendum.
    Reconozco mi desidia para con el libro, debo reconocer que mi hermana Silvia fue la que puso más empeño en ayudar al autor al que agradezco se tomara el tiempo de escribir éste, para mí, entrañable documento, mas, no quiero dejar de lado una anécdota, de lo poco que recuerdo ya que yo era muy chico cuando falleció. Sencillamente estábamos en México cuando fuimos para que él dirigiera León, y como en esa ciudad no tenía el boliche de los amigos, hacía mucha vida de familia. Pues que una tarde, yo quería ver Tarzán (supongo, tendría unos 4 años) mas la tele no funcionaba, no prendía, cosa que me puso bastante chingón (para usar términos mexicas), así que, en el colmo de la irritación tiré la tele al piso (una grande por cierto) con la consecuente explosión de la pantalla. Ergo, ante la posibilidad de un gran castigo o paliza, cuando lo sentí llegar me escondí bajo la cama. Al rato y, supongo enterado de lo acontecido, lo veo aparecer y me dice, con una sonrisa: “pelotudo, ¿por qué no salís de ahí? Si es una tele nomás…” Un costado que sólo los que fuimos parte de su familia podemos entender. No el rudo, sino el tierno padre, sencillo, sin imponer autoritarismos dentro del ámbito casero.

  2. Lucio Etchamendi
    Lucio Etchamendi Dice:

    Addendum II:
    “Para una persona que estaba poco y casi nada en casa dadas las giras, las concentraciones, etc., verlo era algo complicado, especialmente con mi edad. 3 años o 4, no mucho más (nací en el 71). Despertarse en la casa de Parque del Plata, ese maravilloso lugar, era algo mágico, durmiendo con el ruido de las olas, poniendo pasto para los Reyes Magos, cortando pinos reales, salir y ver ese sol maravilloso que calentaba e iluminaba divinamente pero no como ahora, donde te abrasa y te quema la piel. Era algo sensacional. Y recuerdo, recuerdo, salir al porche, temprano, y desperesarme, circa las 10 de la mañana. Bostezo va, bostezo viene, de repente veo pasar por delante mío un auto a control remoto. ¡Vaya sorpresa! Intrigado pues, salgo atrás de él tratando de capturarlo, mas en cada ocasión que estaba a punto de tomarlo, aceleraba, dejándome sin chances, hasta que llego al final de la fachada y giro, ahí me encuentro con este señor, llamado popularmente Pulpa, con el remoto en las manos. Un regalito que en esas épocas para Uruguay era algo bastante sofisticado. Sensacionalmente maravilloso.”

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