En este nuevo volumen, César di Candia presenta 15 relatos dentro de las coordenadas a las que nos tiene acostumbrados cuando incursiona en el humor, y que podríamos definir como “absurdo uruguayo”. En cada historia, realidades con las que casi todos los ciudadanos de este país han tenido que lidiar adquieren dimensiones de delirio y pesadilla. La costumbre de veranear con la familia extendida es presentada con niveles de hacinamiento y abuso que recuerdan a las falencias del sistema carcelario. Un hombre es obligado a recorrer las oficinas de una intendencia porque sus padres no hicieron determinados trámites. La torpeza de unos albañiles, que por cada detalle de una casa que arreglan, estropean dos, transforma el hogar de un matrimonio en un infierno. La mirada del autor se vuelve por momentos feroz, por ejemplo, en el cuento que muestra cómo la Navidad puede volverse un padecimiento en familia, y en casi todas las historias hay algún pariente dispuesto a aprovecharse de la buena voluntad del narrador.

Resulta un acierto elegir situaciones con las que prácticamente todo lector puede sentirse identificado, por haberlas sufrido, encontrándoles una vuelta humorística. Una de las cualidades más fascinantes del humor es que permite sanar ciertas heridas y abordar temas escabroso. En ese sentido, es significativo que aparezca aquí el tema de la vejez y el no-lugar que ocupan los ancianos en nuestra sociedad. Si bien en estas historias suele aparecer el aspecto del deterioro intelectual, que en modo alguno parece afectar al autor, se puede pensar que este exorciza miedos propios.

“El pleito de la Princesa de Gales”, cuento que le da título a todo el libro, tiene algunas características particulares, no sólo porque es el más extenso, sino también por su formato, de presunta recopilación de documentos. La historia es la de un juicio que le realiza una prostituta a un joven de familia estanciera, por múltiples daños ocasionados tanto a objetos de su pertenencia como a su propio cuerpo. En este caso, el humor funciona de diversas maneras: por un lado está el recurso de utilizar formalidades de lenguaje técnico o burocrático para referirse a aspectos de la sexualidad humana. En esa línea, resulta especialmente desopilante el pasaje en el que los abogados se enfrascan en una bizantina discusión acerca de cuál es el momento en el que puede considerarse que una prostituta ha cumplido con el servicio pactado. Pantaleón y las visitadoras, de Mario Vargas Llosa, es tal vez el antecedente más conocido en la utilización de semejante fusión humorística, pero Di Candia logra aportarle frescura y evitar en el lector la sensación de un chiste repetido.

Otra fuente de la que el autor bebe en este cuento no es precisamente uruguaya, sino común a la vida en cualquier pueblo chico, y tiene que ver con los nombres extravagantes que suelen aparecer en las regiones rurales, los personajes pintorescos que las habitan y los equívocos ocasionados por la ignorancia a la que están sometidos.

Hay también un humor ácido, surgido del patetismo y la decadencia que envuelven la anécdota. La Princesa de Gales del título no obtuvo ese sobrenombre por ser especialmente bella, sino apenas por comparación, dado que sus dos compañeras de prostíbulo son una tuerta y una manca, y la mujer que regentea el local debe trabajar a la par de sus empleadas en las noches de mucha demanda. Una última línea humorística aparece sobre el final de esta historia, más emparentada con el realismo mágico que con el absurdo. No deja por eso de haber cierta nota amarga, ya que cualquier lector despierto se puede imaginar las posibilidades reales que tiene la pobre prostituta de obtener justicia contra los dueños del pueblo.

Juan Manuel Sánchez

http://ladiaria.com.uy/articulo/2016/11/humor-con-punteria/