Pantaleón Olivera fue un obrero del Frigorífico Anglo en la década del 40.

Su misión, como militante de las causas sociales, fue organizar a los trabajadores para formar un sindicato. En esos años los obreros trabajaban descalzos, sin guantes ni botas ni protección de ningún tipo. Hombres, mujeres, adolescentes e incluso niños y niñas soportaban extenuantes jornadas en condiciones muy duras. Las leyes laborales no regían en el establecimiento.

La lectura que él nos propone es dura, descarnada y sufriente.

Nos revela una faceta poco conocida del Frigorífico Anglo. Pero sin ella, no sería posible entender cómo, apenas unos años más tarde, los obreros y obreras del Anglo fueron protagonistas de una de las mayores gestas sindicales uruguayas del siglo XX.

Gracias a esta historia y a la de tantos extrabajadores/as del Anglo, Fray Bentos es todavía hoy una ciudad con una fuerte impronta obrera, una comunidad pequeña con un pasado común basado en los valores del esfuerzo, el trabajo, la solidaridad, la convivencia y la diversidad cultural. El legado de los extrabajadores del Anglo, hoy reconocido como patrimonio mundial, nos define como fraybentinos

Oscar Terzaghi

Pantaleón Olivera nació el 9 de noviembre de 1923, en Montevideo, en el seno de una familia muy católica perteneciente al Partido Nacional, de hecho su padre fue herido en la batalla que muere Aparicio Saravia.

A los 18 años entra en la facultad de Derecho y se afilia al Partido Socialista ante las tremendas injusticias que detecta en la sociedad.

El PS consideraba imprescindible desarrollar el trabajo político y organizativo en el interior  del Uruguay y promovía que sus jóvenes militantes compartieran la vida  de los trabajadores de allí y ayudaran a organizarlos. Él es uno de los que fueron, lo hizo a Fray Bentos en Río Negro, a trabajar en el frigorífico ANGLO; tenía como objetivo fundar el sindicato y lo logró, sin dejar de militar en el PS, en 1946 fue el primer titular a la lista de ediles en Río Negro.

Contrajo tuberculosis por las condiciones de trabajo (como tantos otros) y volvió a Montevideo y durante su internación en el Saint Bois siguió militando y reclutando valiosos militantes para su partido.

Publicó dos libros  Prosas Sencillas (1946) y Frigorífico (por primera vez en 1949), y fue colaborador del periódico El Sol hasta su muerte.

En 1950 fue el primer candidato a diputado por el PS en Río Negro.

En 1951 ingresó al IPA, trabajando en la UdelaR como administrativo mientras hacía su carrera como profesor de Historia. En 1952 se casó con Lía Bauzá y tuvieron dos hijos: José Pedro y María Cristina.

En noviembre de 1961 lo atropelló un auto y falleció, en ese momento era miembro del Comité Ejecutivo del PS.