Intervención de Eduardo Cuitiño en la presentación de su libro EL MISTERIO DEL TESORO DE LAS MASILOTTI

Eduardo CuitiñoPrimero que nada quiero agradecer a todos los que colaboraron con este libro.

A la querida escritora Susana Cabrera, que pronto nos deleitará nuevamente con otra novela, esta vez sobre la vida de Mariette Lydis, y al brillante historiador y poeta Leonardo Borges, quién presentará también con este sello editorial otro libro a fin de mes, el Borges uruguayo, como la prensa del mundo comienza a conocerlo. Muchísimas gracias a ambos por colaborar en esta presentación. 

A la empresa Campiglia S.A., y muy en especial al arquitecto Diego Pomoli. 

(Aclaración: de verdad, un par de llamadas y enseguida me dieron permiso para fotografiar la obra Estrellas del Sur. Además el arquitecto Pomoli me brindó fotografías inéditas de la antigua fábrica Strauch & CIA, una ayuda invalorable.) 

Al licenciado Daniel Pelúas, por sus importantes correcciones y aportes a esta obra. 

Al ingeniero Werther Harackievich por sus conocimientos sobre las antiguas líneas de tranvías. 

Al antropólogo forense Horacio Solla, por ceder imágenes inéditas del Panteón Nacional. 

A la señora María Sagario de Novello, de la Asociación Cultural Garibaldina de Montevideo, por contagiarme la pasión por Garibaldi. 

Al coleccionista y sabio Boris Puga. No entiendo como hay tanto conocimiento junto en una persona tan común y humilde. 

Al brillante Nelson Laco Domínguez, un auténtico erudito de la cultura popular en casi todas sus expresiones. 

Al Centro de Fotografía de Montevideo y al ingeniero Carrau de la Intendencia de Montevideo, por los materiales aportados. 

A los funcionarios de la sección materiales especiales de la Biblioteca Nacional, que se apasionaron con el tema, buscaron materiales a la par del investigador y sugirieron ideas varias. 

A la doctora María Luisa Blengio, al Ingeniero Angel Caffa y al doctor Bruno, por sus mínimos y a su vez gigantes aportes. 

Al investigador argentino Marcelo O. Martínez, muy probablemente el único tipo en el mundo que que cambió de opinión gracias a las redes sociales, y hoy es uno de los investigadores más brillantes que defienden la verdad sobre el nacimiento de Gardel en el Uruguay. 

A los ingenieros Teddy Miller y Alberto Torres por sus aportes en aspectos técnicos. 

A la editorial Fin de Siglo, por ayudarme a cumplir el sueño de publicar otro libro, muy en especial a Elena y a Delia, esta última, cada día está más joven. 

A los miles de aportes de todo tipo que recibí sobre este auténtico cuento de hadas. 

Y si, el misterio del tesoro es un cuento de hadas, donde o alguien pasó o pasará en definitiva de plebeyo a rico. 

Los primeros sospechosos de este pasaje fueron y son los Strauch. El mito de los Strauch se generó en el arrabal costado del mar, donde la falta de educación nos hizo creer en fantasmas que hoy las palas excavadoras de la empresa Campiglia están dejando en evidencia como inexistentes. 

Ojalá que este libro, que no es otro que un libro de historia guiado por el razonamiento ligado a la búsqueda de un tesoro, ayude a que las próximas generaciones depositen sus esperanzas de progreso en el trabajo, aprovechando las buenas oportunidades que caen solas producto de una buena educación, pero sin dejar de fascinarse por historias hermosas como esta, del tesoro de las Masilotti. 

Montevideo venía de luchar contra la peste amarilla. La idea de vender desinfectantes basados en creolina era un negocio brillante, pero brillante para el que tenía el conocimiento, e impensable para el obrero arrabalero. 

Este libro está escrito intentando incentivar a razonar a los uruguayos, y muy especialmente, a que entendamos que el futuro no puede depender de cavar al azar y a ciegas en un cementerio para buscar oro. El futuro del Uruguay depende de su educación y de su inteligencia, y en el desarrollo de su capacidad de buscar buenas oportunidades. 

Pero no alcanza sólo con saber donde cavar, sino que pasa por entender, meditar y valorar cuales son nuestros verdaderos tesoros. Lo mejor para esto es observar la perspectiva de otro. 

Viajemos en el tiempo un instante e imaginemos que le consultamos a Sherlock Holmes sobre el mítico misterio del tesoro de las Masilotti, a ver cuál es su opinión. 

Oh! A treasure hidden in an old cementery in Montevideo, and why not? 

En Inglaterra existen más de 100 tesis sobre el misterio de la identidad de Jack el Destripador. Hay en definitiva una preocupación concreta por este enigma. Si fuera otro país uruguayos y uruguayas, seguramente la historia del tesoro hubiera sido muy distinta, pero se trata de Uruguay. Entonces, perfectamente podría haber un tesoro de más de 100 millones de dólares enterrado a tan solo 2 metros bajo tierra que a nadie le importa, y mientras se pasan cruzados de brazos hablando de que los Strauch ya lo robaron hace rato.

El tesoro se buscó en varias oportunidades, pero nunca de forma seria y con tiempo. 

Pregúntense uruguayas y uruguayos, ¿quiénes eran las Masilotti? Eran descendientes de italianos vinculados a las luchas garibaldinas y a un cardenal excomulgado. De existir el tesoro, debió pertenecer a los rivales de la Iglesia.  Entonces, ¿en qué lugar la Iglesia nunca permitiría buscar un tesoro? En un camposanto, un lugar ideal entonces para proteger un tesoro. 

El cementerio Central se construyó entre 1832 y 1835. Los descendientes de las Masilotti afirman que el tesoro fue escondido justamente en 1833, casualmente cuando estaba en construcción. 

El arquitecto que ideó el cementerio Central fue un tal Carlos Zuchi, un italiano revolucionario que perdió y vino a refugiarse al Río de la Plata. Era además de arquitecto, grabador, ingeniero eléctrico, mecánico, contador, matemático, poeta, pintor, canchero y escenógrafo. Le apodaban el genio, participó de las obras de la Plaza Independencia y realizó el primer proyecto del Teatro Solís. 

Hizo uno de los primeros planos del Montevideo antiguo con su ciudad vieja y nueva. Pero en su plano omitió tontamente dibujar de forma completa el cementerio que él mismo ideó, y hay allí lugares muy misteriosos, que nadie excepto él sabe para que están, donde si uno golpea el piso suena a hueco. 

El tesoro nunca se buscó adecuadamente. Es que entiendan uruguayas y uruguayos, en realidad son pobres. No tienen, ni saben buscar, ni tampoco defender sus propios tesoros. Si Gardel hubiera nacido en Nothingham, Inglaterra y no en Tacuarembó, Uruguay, hace rato que la presión diplomática hubiera permitido una prueba de ADN mitocondrial, sin importar el conflicto que tenemos nosotros los ingleses con los argentinos. 

Por algo el señor Espina, presidente del Centro de Estudios Gardelianos de Buenos Aires afirma que en Uruguay, a los que dicen que Gardel nació en Tacuarembó nadie les cree, y que el estado jamás hará absolutamente nada al respecto. Uruguayos, y uruguayas, miren a los que se burlan de todos ustedes y aprendan de sus errores. Entiendan que son pobres, pero buenos pobres con la necesidad de buscar muchos tesoros que están aún por descubrir. 

Pero para buscar deben estar juntos.  La última vez que los uruguayos estuvieron auténticamente  juntos, fue cuando una dictadura intentó apagarlos, y terminaron luchando unidos de la mano una tarde soleada en el obelisco, allá, en 1983, hace ya 30 años. 

Si verdaderamente quieren buscar tesoros y progresar, recuerden, antes deben aprender y juntarse. 

Es que en realidad uruguayas y uruguayos, la llave maestra, el auténtico tesoro, es el conocimiento  y el estar verdaderamente unidos. 

Muchísimas gracias por acompañarme, les aseguro que el libro los atrapará.

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