Doña Casilla, póngase un poco a pensar
31 de agosto de 2014 a la(s) 19:33

Que haya gente que se comunica con las mascotas, sabemos que es muy común. Que otros digan que le hablan a las plantas, bueno, vaya y pase. Pero que alguien le escriba y se comunique con una casilla de correo, “primera vez que oigo nombrar”, diría Don Verídico. 

Por Jaime Clara. 

Tal es el caso del periodista César di Candia (Florida, 1929) que en su nuevo libro de relatos, creó un personaje para comunicarse y la llamó Doña Casilla. Aunque en realidad, ni la creó ni la bautizó, porque es su casilla de correo.

Di Candia es un prestigioso periodista, famoso por sus entrevistas, humorista, autor de varios libros de relatos, de sus propios reportajes y algunas novelas. Pero es de la vieja guardia. Por lo tanto, miraba con cierto recelo la tecnología. Seguramente conocía como pocos su máquina de escribir, pero con las computadoras, no se llevaba demasiado bien, hasta que éstas ingresaron definitivamente a su vida. “Y fue así, de un modo imprevisto, que irrumpió la civilización de la cibernética y yo qué afuera. Expulsado, dejado de a un costado como quien esquiva en la carretera un animal muerto. Un paria observado crecer un mundo nuevo a su alrededor con expresión de idiota. Un día, apenados por mi ignorancia, mis hijos intentaron enseñarme que habían aparecido en el lenguaje cotidiano los conceptos casilla de correo, e-mail, y mensaje de texto y me aseguraron que eran de tan fundamental importancia, que luego de ellos la ida nunca más volvería a ser la misma”, dice el autor en la introducción. 

Agrega que “los correos son ahora, en definitiva, los sustitutos de aquellas cartas que nos traían años atrás unos funcionarios gordos llamados carteros que portaban una bolsa colgando del hombre, un uniforme desteñido con lamparones húmedo debajo de los brazos y olían a cuerpos cansados. Ahora los mismos textos pueden ser pasados de una computadora a otra en un instante, prescindiendo del esfuerzo del cartero sudón.” Y así fue que compró un laptop, se abrió una casilla de correo y esperó el milagro de la comunicación. Como ese milagro demoró demasiado decidió tomar la iniciativa y comenzó a escribirle a su casilla. Porque con tantos años, Di Candia a recogido historias que le interesan a la gente y, por qué no, también le podían interesar a Doña Casilla. 

El periodista tiene una memoria prodigiosa. De ella se vale para contarle a Doña Casilla, cosas que hacen a la vida y a la historia del país, o filosofar sobre asuntos de los cuales ya no se discute. Y Di Candia se lamenta de esa falta de intercambio, en tiempos de tanta modernidad donde parece que estamos más comunicados, pero no, no es así. 

Hay relatos deliciosos. Por ejemplo, en el que recuerda la soledad de la aguerrida Alba Roballo, que, en los últimos años de su vida, reclamaba cariño o, al menos, compañía. Una mujer “que al final de su vida intentó tender la mano y nadie se la apretó”. 

Pasan por las páginas de este libro, impecablemente escrito como todos los de Di Candia, cuya pluma parece un estilete de altísima precisión, Serafín J. García, Federico García Lorca, el boxeo, el lenguaje, la conciencia, la moral y Dios, por decir algunos. 

En la contratapa se define a estos relatos como “crónicas que parecen cuentos”. Buena definición para una prosa difícil de encasillar pero que tras sus lectura uno siente que es cada vez más necesaria. 

DOÑA CASILLA. César di Candia. Editorial Fin de Siglo. Montevideo, 2014. 116 págs.