Estimada Susana:

Tras la lectura de “El consentimiento” pensé mucho la forma en que me dirigiría al auditorio durante esta presentación.  Para mí es un honor y una gran responsabilidad estar aquí. Por esto es que dediqué un buen tiempo a razonar estas mal hilvanadas palabras.

Por razones que entenderás, elegí escribirte una carta. ¿De qué otra forma podría dirigirme luego de la lectura del libro que hoy estamos presentando?

Justo es decirlo, nos vemos poco. Tú y yo disfrutamos mucho cada vez que nos encontramos, generalmente ha sido en un estudio de radio porque tenías un nuevo libro. No tenemos vínculos fuera de la relación periodística, pese a que mil veces nos lo hemos prometido. Por este motivo es que me siento muy libre para opinar sobre tu trabajo. De hecho te consta que cuando he tenido alguna observación, te la he realizado. Cada uno de tus libros, tan variados y originales siempre, han sido, hasta ahora, el mejor pretexto para encontrarnos.

Sabes bien la admiración que tengo por tu obra, que he seguido con enorme atención desde “Los secretos del Coronel”. Aquella novela te instaló con una fuerza inusitada en el panorama literario uruguayo. Claro, te metiste con la figura sagrada y polémica de Carlos Gardel. Seguramente, pese a tu origen montevideano, tu patria adoptiva de Tacuarembó fue un factor clave para sustentar aquella historia. Pero luego llegaron otras historias como “Las esclavas del Rincón” o el polémico trabajo sobre sexualidad y erotismo-“El pozo de las cerezas”- que significó un quiebre no solo en tu literatura, sino en tu forma de abordar un temática difícil en una sociedad como la uruguaya tan habituada a barrer debajo de la alfombra cuando algunos temas la incomodan. Tuviste, inclusive, que rebelarte a la educación que recibiste para encarar con valentía aquel libro.

No puedo dejar de mencionar “El Vuelo de las cenizas”, aquel trabajo que indagaba en los momentos terribles del nazismo que recibió, con justicia, el premio Revelación del Bartolomé Hidalgo en el año 2002.

Hoy llega “El consentimiento“. En este libro demuestras, una vez más un manejo de la escritura, admirable.

De entrada le das el tono a la novela. Eres muy hábil, Susana, para entreabrir la puerta de la memoria y guiarnos a los lectores por un camino confesional que nos vuelve cómplices desde el comienzo.  Lo dices claramente en un pasaje del libro que cito: “…yo creo como Ud. que leer también es un diálogo permanente con el otro, que es el autor, que sin estar presente y sin conocerlo, ya es un amigo, y envueltos en esa dialéctica de dar y recibir aprendemos a elegir la mejor ruta, la de menos baches y mejor construida.”

En “El consentimiento”, parece que caminaras con las botas de siete leguas durante  tres generaciones unidas entre España y Uruguay. Seguramente muchos de los lectores, descendientes de inmigrantes, gallegos sobre todo, se sentirán identificados con las vivencias que cuentas en tu novela.

El escritor John Berger dijo que “la emigración es la experiencia que mejor define nuestro tiempo”. Es ese tiempo en el que transcurre tu novela.

El filósofo argelino Sami Naïr también lo dijo claramente: “emigrar es desaparecer para después renacer. Inmigrar es renacer para no desaparecer nunca más”.

Los viajes de las generaciones anteriores son muy diferentes a los viajes que podemos hacer hoy, donde la información, las comunicaciones, los destinos, son más conocidos o, por lo menos, más previsibles. El azar siempre juega un papel importante en todo esto. Hay que retroceder en el tiempo tres y cuatro generaciones para darnos cuenta que no era nada fácil encarar aquellas aventuras de futuro incierto. Dejar todo por quién sabe qué. Y sin embargo aquellas aventuras se encaraban, con desgarro, con dolor, pero se hacían a la mar. No tengo claro si valentía es el concepto que se ajusta para definir aquella actitud. Por cierto hay mucho arrojo y, por sobre todas las cosas, la ilusión de encontrar un mundo mejor, una tierra para renacer.

Está dicho expresamente en tu libro. “Es necesario marcharse, desarraigarse, desprenderse de todo vínculo, extrañar, para poder comprender el ser en el mundo.” Yo me pregunto ¿qué tan alto es el precio que hay que pagar por ese desarraigo? ¿Justifica ese desprendimiento, la comprensión de esa razón de ser? Son todas preguntas que cada lector deberá tratar de responder.

La protagonista de tu novela busca sacar la cabeza en el medio de una sociedad donde la empatía no era  moneda frecuente y por ello se rebela, justificadamente. Pero también tiene que lidiar con sus conflictos interiores.  Cada familia es un mundo, dice la frase que por repetida parece haberse vaciado de contenido. Pero no es así. Dentro de cada hogar, cada persona, vive y convive con sus fantasmas y con sus demonios. Cada día, al abrir los ojos, debe negociar con ellos para encarar cada jornada. Y en tu novela, por momentos psicológica en el sentido de retratar íntimamente a tus personajes, esas luchas intestinas están presentes permanentemente.

Por ejemplo, cuando dices “en realidad, en ese tiempo previo me interné en mi propio dolor que de tan intenso no me permitía dedicarme a otra cosa. Yo la necesitaba – se refiere a su madre, muerta dos meses antes- y creí no poder vivir sin ella. Tenía muy pocos datos pero sabía que entraría en una etapa inevitablemente trágica, con seguridad la figura de mi padre se me impondría como siempre lo que recordado, autoritario y hasta inflexible, incomodidad que me predisponía al mal humor, sin embargo, en los últimos tres meses de su vida, ya muy enfermo, surgió entre nosotros una comunicación inesperada que cambió nuestra relación y el llanto por su muerte fue también un llanto por habernos encontrado demasiado tarde”.

Este párrafo, del comienzo del libro, le permite al lector darse cuenta rápidamente el tono confesional de parte del relato del que te comentaba al comienzo de esta carta. Todos, alguna vez, tenemos “alguna deuda chica” como dice el tango, -deuda chica o grande- para saldar con alguien. Y hay que convivir con ella, o tratar de resolverla, procurando que no se vaya a la cuenta del otario.

En tu novela, Susana, se habla mucho del amor. Por ejemplo, en un párrafo dices que “el amor filosófico es peligroso, como todos los amores de esta vida. En ocasiones no nos permiten razonar con claridad. Lo dijo Ud, profesor, La persona emocionada no razona.”

No creo mucho en las casualidades, sino que estoy convencido de la teoría de las causalidades. En una de las pausas que hice en el medio de la lectura de “El consentimiento”, me encontré con un programa de televisión donde entrevistaban a ese curioso personaje chileno, que es escritor, mimo, actor, músico, director de cine, en fin, tanta cosa, Alejandro Jodorowsky. Jodorowsky hablaba del mismo tema yo estaba leyendo en tu novela, por eso lo comparto contigo. Su razonamiento es que “El amor no es una palabra, no es una acción, no se define, no se limita. Como una certeza evidente se impone sin condiciones. El amor es aceptación, recepción, respeto, confianza, abandono, adoración y gratitud. El amor es integral. Definitivo, absoluto. Hace crecer. Es una promesa de plenitud y de eternidad.”

Sería un buen contrapunto comparar esas dos visiones sobre un mismo asunto, tan esencial para la vida de las personas, como es el amor. ¿Peligroso como lo dice tu personaje o esa totalidad de la que habla el chileno?  Todas son puntas que surgen leyendo la novela, aunque es la novela la que también a veces, ensaya algunas respuestas.

Hay sobre este punto un bellísimo párrafo que dice que “según algunas opiniones, en el amor sucede lo mismo que en las romerías, cada uno opina según cómo le haya ido. Yo prefiero compararlo con una buena función de teatro, cuanto más cara la entrada mejor es la ubicación, es decir, nada es gratis; cuanto más damos en el amor, más caro nos cobrará la vida ese sitial de privilegio. No necesito, Rosalía, decirle a Ud. el significado, ya lo sabe, pero amar es un dar sin restricciones, aceptar al otro tal cual es, compartir y meterse debajo de su piel hasta que cada pieza de su cuerpo encuentre el hueco correspondiente en el otro, sentir que los huesos cruje pero se acomodan, que la piel se abre para recibirlo, que la sangre se mezcla y que los dedos suavizan su piel para tocar mil sinfonías en la tersura del vientre, en la oscuridad del ombligo, en las apretadas piernas, en el monte de Venus, en los pechos de rosados pezones. Todo suena a violín, piano, oboe, laúd, y hasta pude oírse un coro sacro, que nada es imposible en el amor. Así, que si Ud siente esto Rosalía, vívalo, siga adelante, disfrútelo, puede no sucedernos nunca más, Ud. es la elegida y un coro de alabanzas la acompaña, y si un día el amor se retira quedará dos mil recuerdos suyos que le pertenecen, y eso es otra versión del amor, la memoria que lastima, el recuerdo que se cuelga de los jirones que nos quedan y ese ser que sale de la función del teatro desnudo, sin entrada y sin saber adónde ir.”

Hace mucho que escribías esta novela. Me han comentado que has estando dándole muchas vueltas en tu cabeza y en la escritura. La habrás leído mil veces, pero no sé si eres consciente que sólo ese párrafo es una declaración de principios de cómo ver, analizar y sentir el amor. Es un texto casi filosófico y de una carga, intensidad y profundidad únicas.

Esta carta Susana, se está haciendo demasiado larga. Tendría mucho más para comentarte, pero no dudo que será mucho más productivo para ti, en lugar de leerme a mí, husmear en libros frases, conceptos y temas interesantes que te ayudarán, no lo dudo, a armar tus próximos escritos. Porque en “El consentimiento”, me pareció formidable cómo fuiste atando la historia a escritores y lecturas. Nunca mejor aplicada en este libro la frase de Borges que uno es los libros que ha leído.

Y ni siquiera he mencionado a Rosalía de Castro, la formidable intelectual gallega tan presente en tu novela. Pero eso quizás lo deje para otra oportunidad. Seguramente podamos encontrarnos para compartir esas vidas de escritores que han tenido que vencer rígidas estructuras en las sociedades en las que les tocó vivir, en tiempo tan difíciles como los de hoy, con otros problemas, es verdad, pero que con tesón, voluntad, cultura, creatividad e inteligencia, los pudieron vencer.

Reitero que cuando tus lectores lean la novela, entenderán que una carta, era la mejor forma de dirigirme a ellos en la presentación de tu libro. Quiero que sepas que para mí, este momento, ha sido y es un altísimo honor.

 

Fraternalmente
Jaime Clara
Montevideo, 10 de octubre de 2012