La literatura en castellano ya hace tiempo que ha dejado de regalarnos buenas historias narradas con prosa potente y original. Gustavo Alzugaray, en un gesto acaso anacrónico, se empecina en hacerlo. Para ello, recurre a sus propias
experiencias juveniles de cenáculo, que incluyen a algunas figuras de la literatura uruguaya reciente.
Las módicas aventuras de los personajes transcurren en el Palacio Municipal y en el marco de la bohemia de los bares de madrugada, pero también se relacionan con el fútbol uruguayo de la época de oro.

El ritmo de la narración es vertiginoso, el lenguaje robusto, y el sentido del humor preside algunos de los pasajes más logrados de la novela. El universo literario que resulta de esa mezcla recuerda a algunos de los mejores momentos de Bioy, pero también al costado más travieso y dicharachero de Leopoldo Marechal.
Con prosa zumbona y atlética, Alzugaray nos trasmite su nostalgia por un mundo ya desaparecido y su visión un tanto desencantada del presente, dando así forma a uno de los acontecimientos literarios más singulares de los últimos años.
–Gustavo Verdesio

Gustavo Alzugaray
Treinta y Tres, Uruguay, 1961.
Escribió para «Último Tren», suplemento de La Hora Popular, a fines de la década de 1980.
Fue colaborador de «La República de Platón», separata cultural del diario La República, y de «Culturas», suplemento del diario El Observador.
Escribió para La Guía del Mundo del Instituto del Tercer Mundo e integró su equipo de edición. Integró también el equipo de edición del Informe Social Watch, del mismo instituto.
En la actualidad vive en Bruselas, Bélgica, donde hace trabajos independientes de edición y traducción.