Fusilado por sus antecedentes

La FIFA condenó con furor a Luis Suárez por sus antecedentes, no por lo ocurrido en la cancha de Natal. La mera sospecha de reincidencia ante un incidente confuso, que el árbitro pitó como infracción y la televisión –tan omnipresente– no pudo demostrar en forma concluyente, bastó para fusilarlo, para sacarlo del Mundial y apartarlo del fútbol por cuatro meses como si fuera un apestado. 
La FIFA también cobró al grito de la tribuna, sobre todo la brasileña y la inglesa. Apenas terminado el partido Uruguay-Italia ya se reclamaban sanciones. La prensa inglesa organizó encuestas entre sus lectores preguntando cuántos partidos debían aplicarle al “monstruo”: un linchamiento web.
En 1994, el italiano Mauro Tassoti le rompió la nariz al español Luis Enrique. El árbitro no lo vio, pero la sangre que manaba copiosamente fue la prueba de la agresión. La FIFA sancionó al italiano con siete partidos, la pena más grave adoptada hasta ahora en estos procedimientos “de oficio”. Hay una larga lista de incidentes en mundiales, con y sin sangre, que no merecieron siquiera la consideración disciplinaria.