Intervención de Eduardo Cuitiño en la presentación de “Gardel; el muerto que habla”

Intervención de Eduardo Cuitiño en la presentación de “Gardel; el muerto que habla”
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Muchas gracias a todos por estar aquí.

Le quiero dar las gracias a todos.

A mis amadas Emilia y Andrea.

A los prologuistas y presentadores: el ingeniero Juan Grompone, que me sorprendió con tanto conocimiento, a Susana Cabrera, que hoy no pudo estar por un fuerte estado gripal que le impidió el viaje desde Tacuarembó, pero que me aportó ideas muy interesantes y misteriosas desde la óptica de alguien que habló directamente con un hermano de Gardel, como lo fue Carlos Segundo Escayola Oliva alias Pato… Esperemos una pronta recuperación de su gripe.

A don Ricardo Ostuni, que en paz descanse, con quien tuve el honor de intercambiar una serie de e-mails en un momento muy especial de su vida, pues él luchaba contra una muy cruel enfermedad. Para distraerlo, yo le escribía sobre su pasión: Boca Juniors. Le hablaba de Riquelme y Palermo, o de Maradona y Brindisi, pero él añoraba a los Jaime Sarlanga, Mario Boyé, Carlos Sosa, José Marante, Claudio Vacca y, en especial, a Severino Varela, alias el Boina Fantasma.

A Marcelo Martínez por sus brutales aportes en el tema y su emotivo prólogo.

Quiero agradecer a la Editorial Fin de Siglo, en especial a Edmundo Canalda, por ayudarme a cumplir el sueño de publicar un libro, y a Delia Correa, por su gran trabajo y ayuda.

A la historiadora Martina Iñiguez, por la pasión y el gran volumen de información que me transmitió —sin el cual este libro hubiera sido imposible—, y por corregir la primera parte de la obra.

A todos los que directa o indirectamente me ayudaron: Walter Celina, Gustavo Laborde, Gonzalo Vázquez Gabor, Mario Azzarini Scoseria, Nelson Sica Dell’Isola (presidente de la Academiadel Tango del Uruguay, que actualmente está de viaje por Canadá, pero es partícipe de esta reunión), Freddy González, Carlos Arezo, Enrique Latorres, al médico genetista Víctor Raggio, Ricardo Casas, al personal de la ORT, al doctor Gabriel Pombo, a Werther Harackieviewz, Daniel Prosdóscimo. También a José Aguiar, del diario El País, y a Inés Nogueira, del portal Montevideo COMM, por su gran ayuda al difundir mi tesis.

Y un gran etcétera.

Vamos a escuchar ahora al Mago, al Mudo, al Zorzalito Criollo (no al Zorzalito Francés)… Vamos a escuchar la versión clásica del tango «Leguisamo solo», de letra y música de Modesto Papávero.

[Al regresar de la música…]

El año pasado, el INAVI realizó un spot publicitario en donde aparecían Rubén Rada y un actor argentino que hizo las veces de Carlos Gardel. Al final del spot, el actor argentino decía:

—Maa, sí, por un tannat, hasta la eternidad puede esperar…

No. Gardel no hablaba así. Eso tiene un toque italiano.

El cantor quedó muy mal caracterizado. En ningún momento se pronunciaron sus palabras típicas, como «ché», «viejo», «fenómeno» o «salute».

Gardel hablaba como uruguayo, y esto no lo digo solo yo, lo dijo también Astor Piazzola. El actor debió decir al final:

—Pero, viejo, por un tannat, hasta la eternidad puede esperar…

A propósito de este tango, «Leguisamo solo», que parece que hubiera sido escrito a la medida de Gardel, cabe aclarar (según me cuenta Marcelo Martínez) que no fue escrito para él. Este fue compuesto en 1925 y estrenado en 1926 por Tita Merello. Gardel recibió la partitura cuando se disponía a viajar a Barcelona, cuando el dúo con Razzano ya se había disuelto.

Gardel lo grabó allí, en Barcelona, pero al final dijo algo distinto a lo que escuchamos en la grabación: «Che, viejo Francisco… Para cuando corra Lunático, viejo, dieciocho setenta por barba, y armado todo el mundo, hecho el gil, y… y no va más».

Gardel tuvo sus problemas con los caballos de carrera. Al volver a Buenos Aires, grabó nuevamente el tango, y el registro final fue el que escuchamos, con resignación por tanto dinero perdido: «Bueno, viejo Francisco, decile al Pulpo que a Lunático lo voy a mandar a cuarteles de invierno… Ya se ha ganado sus garbancitos, y la barra, completamente agradecida… Sentí la barra». Los guitarristas, Ricardo y Barbieri, contestan enfervorizados: «¡Muy bien!».

¿Quién era Francisco?

Francisco era Francisco Maschió, el que le cuidaba los caballos a Gardel, que tenía una casa de veraneo por la rambla de Malvín, a la altura de la calle Rimac… Casa que existe actualmente, y que hoy en día pertenece a la Intendencia de Montevideo, Municipio E, a la que se le está buscando algún destino cultural. Montevideo se merece un museo del tango… o un museo de Carlos Gardel, tiro aquí la idea. Hay mucho para contar. A los turistas de los cruceros seguro que les encantaría.

Celina Maschió, hija de don Francisco, fue testigo de la larga actividad de su padre con el cantor. Mientras Gardel filmaba la película El día que me quieras —cuyo argumento removedor llevó a Gardel a ingresar a la iglesia de San Patricio en Nueva York—, Celina (que aún vive) ha confesado que su padre recibió una última carta de Gardel desde Estados Unidos, en la que este le confesaba que al regresar al Río dela Plata: «Te voy a contar el gran secreto de mi vida».

¿Cuál era el gran secreto de su vida?

Marcelo Martínez me sugiere: «A lo mejor, el gran secreto de la vida de Gardel es el que muestras en tu libro».

Por último, quiero aclarar que este libro se escribió con cuatro objetivos:

El primero, es el de intentar colaborar humildemente en la clarificación de la verdadera biografía de don Carlos Gardel, nacido en Uruguay, en Tacuarembó y luego nacionalizado argentino, hijo de María Lelia Oliva y Carlos Félix Escayola, ajustando las tuercas de la maquinaria que tan valientemente iniciaran Erasmo Silva Cabrera, Nelson Bayardo, Eduardo Payssé González, y que continuaran Martina Iñiguez, Susana Cabrera, Selva Ortiz, Nelson Sica, Mario Azzarini, Freddy González, Gonzalo Vázquez Gabor, y Carlos Arezo, entre otros.

El segundo objetivo, es el de divulgar la matemática de forma diferente, en momentos en que solo la tercera parte de nuestros adolescentes completanla EducaciónMedia.

El tercero, es golpear a ese Uruguay del no se puede, en donde la cultura tiene poco espacio, en donde por algo el mejor grupo de rock se llama No Te Va Gustar, en donde Rubén Rada en realidad es el negro Rada, en donde Jorge Drexler es un trepador, en donde a Ángel Eduardo Mateo —que ahora está muerto— le podemos dar un lugar donde quedarse y a Zitarrosa hasta le podemos pagar una sala.

Si Gardel hubiera nacido en Tel Aviv en vez de Tacuarembó, hacía rato que se hubiera planteado una prueba genética libre de dudas que muestre su verdadero origen. El Uruguay del sí se puede comienza por Carlos Gardel en Tacuarembó. El Uruguay del sí se puede comienza probando con evidencia libre de dudas que Gardel nació en Tacuarembó.

El cuarto objetivo, es hacerle llegar a los jóvenes la figura de don Carlos Gardel. Nuestros jóvenes viven una realidad muy compleja, con un alto porcentaje de desocupación y un futuro comprometido. Sin embargo, quiero que vean en Gardel al modelo para inspirarse.

Gardel tuvo un pasado tristísimo, fue vendido por tres mil pesos y llevado a vivir a otro país. A su verdadera madre quizás nunca la llegó a conocer. Delinquió, estuvo preso en una cárcel de máxima seguridad en Ushuaia. Vivió luego en el bajo Montevideano, por la calle Recinto, cerca de la fonda El pinchazo y del actual bar El hacha.

Estuvo prontuariado por hacer el cuento del tío. Pero se cruzó con el tango y le hizo un firulete a la vida.

Pues, eso es el tango, hacerle un firulete a la vida.

Cuando la vida te tire una pedrada al corazón, congelá todo, congelá el tiempo por un minuto y escuchate un tango… El lamento del bandoneón te hará hacer un zigzag inconsciente de baile que te ayudará a evitar la pedrada.

A fuerza de dedicación y trabajo, Gardel logró llegar a la meca del cine, allá, en el norte. Cenó en el restaurante más lujoso del mundo, el Café de París, tuvo su propio stud de caballos, le cantó al futuro Enrique VIII de Inglaterra, se alojó en el Waldorf Astoria de Nueva York.

Pasó de ser utilero en el Teatro Victoria a ser el gran protagonista del 18 de Julio, del Solís, del Colón, dela Operade París, logrando ser el hito cultural de la primera mitad del siglo XX en el Río de la Plata.

El máximo dolor que puede llegar a soportar tu alma hoy es mínimo en comparación al dolor con el que vivió de continuo el Gardel de la eterna sonrisa.

En una de sus presentaciones en el Teatro 18 de Julio, en Montevideo, en el año 1933, un grupo de cinco canillitas se agolparon en la puerta y le preguntaron al portero si no los dejarían pasar aunque no hubiesen pagado, ya que la entrada de un peso era una fortuna para ellos. El portero primero les dijo que no, pero los chicos le pidieron que le preguntara a Gardel. El portero fue a los camarines… y el rumor llegó a oídos de Gardel, quien fue hasta la puerta y habló con el organizador:

—Mirá, voy a ser claro: hasta que ellos cinco no entren, yo no canto nada.

Sigamos el ejemplo, hagámosle un firulete a la vida y seamos como ese ser inmenso que fue don Carlos Gardel.

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