Transcripción de la presentación de “La historia domesticada” realizada por Alfonso Lessa, Martín Aguirre y Alfredo García (gentileza del semanario Voces)

El jueves pasado se realizó el lanzamiento del libro de Juan Martín Posadas en el Club Español y fue presentado por Alfonso Lesa, Martín Aguirre, Alfredo García y el propio autor que aprovechó el evento para festejar sus ochenta años.

 

Alfonso Lesa

Quizás esté de más decirlo, sobre todo para gente que ha vivido todos estos acontecimientos, pero uno tiene el privilegio de estar presentando un libro de alguien que ha sido un protagonista de la historia reciente, pero que en realidad ya tiene décadas. Cada vez que nos cruzamos, necesariamente hablamos de algo de aquellos tiempos que marcaron el presente, y que por tanto tienen que ver con este libro. Yo lo conozco desde la época de la dictadura y la transición, que fue tan dura, pero que también nos permitió hacer muchas cosas a mucha gente junta aunque pensara distinto. Este libro reúne columnas de Juan Martin, de distintos medios y épocas. Es un libro realmente atractivo, porque tiene una coherencia, tiene una columna vertebral, y tiene un tema de fondo. No sé si le pasó a Juan Martín, pero los títulos son la cosa más difícil de encontrar para los libros. Este título se ajusta a la perfección: La historia domesticada. La gran preocupación que atraviesa este libro, es el uso de la historia con fines políticos, la tergiversación de la historia, cómo a veces se ignoran, se ocultan o se cambian los hechos a la luz de las conveniencias políticas: la manipulación de la historia, o de la memoria de los pueblos. José Rilla tiene un libro que se llama “La actualidad del pasado”, en el cual encara la investigación de cómo los distintos actores políticos han usado la historia para sus propios fines. Acá en el libro se ve la preocupación por el uso de la historia por los partidos, los dirigentes políticos y también por parte de los intelectuales. Él habla críticamente de los intelectuales cortesanos, aquellos que no cumplen con su función crítica y terminan involucrándose con el poder y acomodando el cuerpo. El Uruguay es testigo de esta pugna por el uso de la historia. Lo hemos visto muchas veces. ¿Quién es el que mejor representa las ideas de Artigas, de Batlle y Ordóñez o de Luis Batlle? Esa pugna del batllismo marcó durante mucho tiempo al Partido Colorado. Recordemos la crisis de 1989 en el Partido Colorado, entre Sanguinetti y Batlle, que provocó una fractura y que dejó planteada la idea acerca de quién era el mejor representante del batllismo. Se puede decir de todos los partidos. ¿Quién representa mejor a Wilson Ferreira? ¿A Herrera? ¿A Seregni? Pero este libro no solo habla del uso que se da de los hechos, sino también de los olvidos. Es uno de los dramas que vive el Uruguay. Ese es otro tema que también aborda Posadas en este libro, el ocultamiento y la falta de autocrítica. Por ejemplo: el estalinismo, es un tema que se oculta en Uruguay. Cuando se corrió el velo del muro y aparecieron muchas cosas, Rumania, etc., hubo silencios estruendosos, o algunos que dijeron “nosotros no sabíamos lo que pasaba”. Hoy se siguen repitiendo esos errores, y el caso más dramático es el de Venezuela. Y los olvidos que tienen que ver con febrero del 73. Posadas también habla de esto en su libro. Muchas veces cuando se encara el análisis del golpe de Estado del 27 de junio y se olvidan lo que pasó en febrero. Como dice Posadas en el libro, una de las cosas que falta en el Uruguay es la discusión, la falta de debates en las campañas electorales. Yo decía que a veces falta la autocrítica. Quienes realizan esa autocritica a veces son radiados de sus partidos, o son obligados a dejar la política. Quizás uno de los casos más dramáticos fue el de Jaime Pérez, cuando encaró, en un libro, un análisis muy crítico de lo que había pasado. La Argentina es un ejemplo muy claro de todo esto, y también es abordado por el autor de este libro: la lucha por sobre quién representa realmente al peronismo, o casos más terribles como el de Ernesto Sábato cuando se realizó la investigación en aquel libro, “Nunca más”, al que el kirchnerismo le cambió el pró- logo, porque no estaba de acuerdo. La razón de por qué todas estas cosas ocurren tiene que ver con una de las tantas afirmaciones inteligentes que contiene el libro: “La historia vive en los relatos más que en los hechos. La forma en que un pueblo se dice a sí mismo, cómo se muestra y cómo se oculta, son parte de su ser”. Y es así. Cómo se muestra y cómo se oculta. Qué fue, por ejemplo, lo que hicieron los militares en la dictadura. Cuál fue la base de la propaganda a favor del sí, en el plebiscito del 80, con un relato parcializado y oscuro, lleno de la intencionalidad de generar temor. Yo me pregunto, muy vinculado a esto y a todo lo que analiza Juan Martín, ¿no estamos viviendo en Uruguay de algún modo, una adecuación del pasado de los distintos actores a la luz de la revalorización de la democracia? La democracia se ha revalorizado, y por lo tanto, quienes actuaron en contra, de un modo u otro, tratan hoy de adornar un poco lo que hicieron en el pasado, cambiando la historia, con todo lo que ello implica. ¿No constituye un ejemplo de todo esto, por ejemplo, y para citar un caso, la divergencia que existe en el MLN acerca del motivo de su origen, de la razón por la cual surgió y para qué? Ahí hay discusiones, hasta hoy, desde aquellos que en los hechos proclaman una postura liberal, con una presunta defensa ante un presunto golpe, a los que por otro lado dicen: “No señores, queríamos hacer una dictadura del proletariado”. Yo hace poco tuve la suerte de ver, en la feria del libro de Buenos Aires, la conferencia que dio Javier Cercas, uno de los más destacados escritores y periodistas de la España actual, autor, entre otros, de “Anatomía de un instante” y “El soldado de Salamina”. Y él, que es un hombre de izquierda, y que está a favor del esclarecimiento de lo ocurrido en materia de Derechos Humanos en esa España donde murió tanta gente masacrada, aun estando a favor de todo eso, advertía acerca de lo que él llama la “industria de los Derechos Humanos”. Más allá de la investigación, muchas veces se monta una industria de intereses en la que a veces la historia también es tergiversada. Hay muchos otros temas. Habla de la influencia del batllismo, del mito de “como el Uruguay no hay”. Habla de ilusiones restauradoras, y que el Uruguay ha vivido en base a eso. Todo esto tiene que ver con la intolerancia y la falta de autocrítica y de honestidad intelectual, muchas veces. La falta de honestidad intelectual para cargar con lo bueno y lo malo de uno, y aportar desde allí a la construcción del Uruguay. Y para terminar cito una frase del autor, de este libro que, repito, es realmente disfrutable, porque si él no hubiera dicho que esto era una recopilación de artí- culos publicados en distintos medios a lo largo de los años, y los hubiera puesto como capítulos de un libro, hubiera sido completamente coherente y con un contenido y una columna vertebral muy clara. Termino con una frase de él mismo: “La información es una necesidad y es un antídoto”.

Martín Aguirre

Muchas gracias a Fin de Siglo, y a Edmundo Canalda, y sobre todo a Juan Martin, por pensar que yo tenía un lugar acá para presentar su libro. Si hubiera sabido que habría tanta gente, capaz que me lo hubiera pensado dos veces. Pero bueno, como me dijeron que esto era mitad presentación de libro y mitad fiesta de cumpleaños, voy a asumir que es unpoco más lo segundo que lo primero, y centrarme un poquito en la figura que nos convoca. Si bien yo tenía algún vínculo con Juan Martin previo, sobre todo por el trato de él con mi padre y por la afinidad ideológica que tuvieron siempre -para hablar con un término que está un poco de moda- empecé a tratarlo con más frecuencia cuando me reintegré al diario después de un tiempo en Estados Unidos, cuando me pusieron a editar la parte de opinión. Ahí fue que empecé a tratarlo más personalmente, y a leer sus columnas con más ahínco, y ahí descubrí dos cosas de Juan Martín que me marcaron mucho. Dice Miguel Arregui en el prólogo -que también es muy buenoque Juan Martín es un hombre combativo. Y yo creo que puedo dar fe de eso. Cuando recién había llegado a editar las páginas de opinión, recuerdo un sá- bado en que su columna quedaba un poquito larga, y tuve a bien hacer algunos ajustes, y ese lunes, invariablemente, recibí un mail bastante contundente, podría decir que combativo, donde él me decía que él había mandado un artículo de siete párrafos, y que el artículo que había salido tenía cinco párrafos. Además de combativo es detallista. Ahí aprendí que antes de tocar una columna de Juan Martín había que pensarlo dos veces, y saqué mis lecciones. La segunda cosa que me quedó clara de Juan Martín es un poco de la misma época. Cuando llegué a la página de opinión del diario, un poco con la misión de refrescarla un poco, de darle un tono no sé si más juvenil, porque ya tenía treinta años, tenía una imagen de que la página editorial del diario era una página un poco envejecida, un poco conservadora, que siempre escribían de los mismos temas, que siempre escribían de Cuba, de temas muy recurrentes. Sin embargo las columnas de Juan Martín eran notoriamente diferentes, y el análisis previo que yo tenía quedaba bastante caduco. Eso queda bien claro en el libro, que si bien tiene un ancla en episodios históricos, es notorio que él es, probablemente, de las personas que logra tener una visión más amplia de la sociedad uruguaya, de los problemas actuales y de los desafío a futuro. Particularmente en el libro hubo dos artículos que a mí me llamaron mucho la atención. Uno se llama “La comunicación cortada”, sobre el diálogo de sordos que hay muchas veces en el debate político en Uruguay, donde hay gente que habla de un lado y gente que habla del otro, pero donde hay pocos puentes que logren interactuar y generar un debate más constructivo; y el otro se llama “Cómo somos”, que hace referencia a esa obsesión uruguaya, tal vez un poco por ser un pueblo chico, de vivir obsesionados con autodefinirnos, con ver cómo somos, en un ombliguismo que termina siendo recurrente y que corta la perspectiva del debate. Esta capacidad que tiene Juan Martín para escribir los artículos y analizar la historia y el futuro del país y la sociedad, es algo fundamental para cualquier país, y que en Uruguay hoy se ve cada vez menos. Como dice Juan Martín en algunas de sus notas, vivimos en una sociedad partida, donde la discusión pública está marcada siempre por una división entre nosotros y ellos, donde se discuten con pasión cosas intrascendentes, mientras otras cosas que son realmente importantes quedan tapadas en un silencio bastante sospechoso. Y no digo que esto no haya sido siempre así, porque a cualquiera de los que nos gusta la historia, en el fondo vemos que ese fenómeno binario ha marcado mucho la historia del Uruguay desde siempre. Me acuerdo el programa presentado por Alfonso, donde estaba Sanguinetti de un lado y Juan Martín del otro, y después de verlo era como tener una idea muy clara de las dos fuerzas que crearon la historia del Uruguay, una visión más principista, una visión más utilitaria y más pragmá- tica, y cómo dos personalidades podían mostrar, en un solo programa, una tradición de ciento cincuenta años. Lo más sorprendente para mí fue ver cómo una de esas personas, que podía ser un reflejo tan claro de una de esas dos mitades, tenía la capacidad para, a la vez, tener una visión general y abarcadora del Uruguay. Juan Martín es una de las pocas personas que logra hacer eso en el Uruguay, y las columnas y artículos que están en el libro son una oportunidad buenísima para comprobarlo y acompañarlo en este tipo de reflexión que nos hace falta a todos hoy en día. Muchas gracias.

Alfredo García

Estar sentado acá, además de ser un orgullo es una sensación muy rara. Me imagino algo así como lo que debe sentir una mosca en un depósito de sal, porque de acá se ve muy blanco todo. Y como ustedes saben yo blanco no soy, quizás por eso me invitó a presentar este libro el señor este que tengo acá al lado. Mi historia con Juan Martín Posadas él no la sabe, pero empieza hace muchos años. Allá por el 85 para nosotros era el cura Posadas, en aquel momento, cuando era senador. Había entre otras cosas un periódico, con el cual yo no tuve nada que ver, pero uno de los pilares fundamentales era Jorge Lauro, un compa- ñero que es puntal de Voces, y le hizo una entrevista, en el número este que está acá, que dice “reportaje al senador Posadas”. Fue una entrevista bastante discutida, porque Juan Martín no quería dar entrevistas, estaba cansado de que lo tergiversaran, y una de las condiciones que puso fue que, antes de publicarla, Jorge le alcanzara la entrevista. En aquel momento no había internet, era mucho más complicado todo. La cuestión es que por motivos de la dinámica de trabajo la entrevista se hace, pero no se le llega a mostrar a Juan Martín. Y lo llama a Juan Martin, y después de charlar un poquito él le dice: “Bueno, está bien, publicala”. Salió publicada, y después hablaron, y se sintió realmente conforme porque no había sido tergiversado. Eso es parte de la escuela que nosotros después seguimos desarrollando en el semanario, y Jorge tiene mucho que ver con todo eso. Y a esa entrevista Héctor Rodríguez, que para muchos es una institución, la elogió como un hecho político, porque una de las cosas que plantea en esa entrevista son las posibles coincidencias del Partido Nacional con el Frente Amplio. Estamos hablando del año 85, con todo el maremoto que se venía del Club Naval y etcé- tera, etcétera. Juan Martín siempre tuvo un pensamiento propio, y nunca ocultó lo que pensaba. Desde esa época es que lo estamos siguiendo, alimentándonos con su pensamiento. Este libro, en definitiva, es un revulsivo, porque llama a pensar. Muy pocas veces columnas escritas y ya publicadas en medios pueden ser, todas juntas, tan interesantes, y un llamado tan fuerte a la reflexión, al pensamiento, y a cuestionar. Este libro genera debate. Juan Martin dice, en sus El jueves pasado se realizó el lanzamiento del libro de Juan Martín Posadas en el Club Español y fue presentado por Alfonso Lesa, Martín Aguirre, Alfredo García y el propio autor que aprovechó el evento para festejar sus ochenta años. LA HISTORIA DOMESTICADA ALFONSO LESSA: “ES UN LIBRO REALMENTE ATRACTIVO, PORQUE TIENE UNA COHERENCIA, TIENE UNA COLUMNA VERTEBRAL, Y TIENE UN TEMA DE FONDO” MARTÍN AGUIRRE: “ESTA CAPACIDAD QUE TIENE JUAN MARTÍN PARA ESCRIBIR LOS ARTÍCULOS Y ANALIZAR LA HISTORIA Y EL FUTURO DEL PAÍS Y LA SOCIEDAD, ES ALGO FUNDAMENTAL PARA CUALQUIER PAÍS” N˚ 10 jueves 25 de junio de 2015 | N˚ 478 478 | jueves 25 de junio de 2015 11 palabras iniciales, que es un libro que no hay que tomarlo como cerveza, en grandes tragos, sino que hay que tomarlo como vino, lentamente. Yo discrepo con él, para no variar, hay que discrepar. Aunque él tiene razón muchas veces, igual discrepo. Este libro no hay que tomarlo ni como cerveza ni como vino, señores, hay que tomarlo como un mate, como un mate caliente, espumoso, que uno a veces toma un poquito y se quema. Otras veces deja un gustito amargo, porque las cosas que dice son complicadas. Pero sobre todo, después de que uno se toma un termo, como es este libro, se queda con todas las neuronas a flor de piel, vivas, activas, como diciendo: “Pa, me movió el piso este señor”. Y realmente lo logra, es un profesional de mover el piso y meter el dedo en la llaga. Es interesante, porque Martín mencionó uno de los capítulos que yo también agarré, como para referenciar el libro: “Comunicación cortada”. En esa nota, que escribe en El País, él empieza diciendo: “En este diario se puede hablar sobre la izquierda, se puede hablar contra la izquierda, pero no se puede hablar a la izquierda”. Porque la izquierda no lo lee, y él, viejo zorro inteligente, un día me dice: “Yo quiero escribir en Voces, porque yo quiero llegar a esos lectores que en El País no me leen”. Yo no sabía que había escrito esa nota, pero el hombre, evidentemente, hace un análisis mucho más profundo y estratégico de lo que uno piensa. Y así empezó a escribir con nosotros. Hasta que un día viene y me dice: “Tengo que hablar contigo, me parece que no voy a escribir más, porque no sé si aporta algo, y no sé si no te ocasiono líos, no sé si no te ocasiono problemas”. Y yo ahí lo peleé y le dije: “Me ocasionás problemas si te vas, porque yo quiero tus pensamientos y tus palabras acá, porque realmente aportan”. Porque me parece que es muy importante que podamos discutir personas con ideas diferentes, y vaya si tenemos diferencias con el señor. Me parece muy sano y es muy constructivo que el debate se pueda hacer entre personas que profesan diversas ideologías. O sea que lo convencí, y se quedó. Hay dos o tres temas en este libro que para mí fueron muy interesantes, y realmente marcan lo que puede ser Juan Martín pensando. Yo considero que él es eslabón evolutivo, como se dice. Ustedes conocen esa frase famosa de que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. En realidad es una frase muy machista, muy fea, y yo no la comparto, y él tampoco, porque él no puso detrás suyo a una mujer, puso al lado suyo a una sicologa, que no es poca cosa. Y eso lo expresa en una de las notas que publica en este libro, que es maravillosa porque habla desde la psicología tratando de explicar por qué el presidente Mujica fue electo presidente. Porque según una conferencia de un psicoanalista que él escuchó, Daniel Gil, si no me equivoco, explica el tema de la figura paterna en Occidente, y él lo plantea como una interrogante, si ese no fue uno de los elementos que llevaron a que la ciudadanía uruguaya votara a un presidente como Mujica. Él plantea la interrogante, y la deja ahí, y la verdad, una vez más, nos movió el piso. El libro vale la pena leerlo, realmente, desde todo punto de vista. Así hayan leído cada una de las notas, hay que leerlo en su totalidad, porque conmueve y cuestiona. A la gente de izquierda nos cuestiona mucho, cuando habla de que seguimos presos de determinada filosofía, y es verdad, hay mucha gente de la izquierda que sigue presa de esa filosofía, los “emparedados” como él dice, y otros seguimos buscando nuevos caminos escarbando entre esos escombros. Yo me divertí mucho con este libro, y me deja más dudas que respuestas. Me deja más cosas que tengo que pensar. Hay una frase que él deja en una de sus notas, una pequeña poesía de Ruben Lena, que dice algo así: “hay que sacarse la manta y mostrar el argumento, muchas veces sopla el viento, pero pocas veces canta”. Y lo que escribe Martín acá son canciones. Yo le exijo que esas canciones no terminen, esto no es un canto de cisne, tiene muchas otras canciones para seguir creando y aportando a todos. Sería un honor que el pequeño semanario que nosotros llevamos adelante pueda ser tu parlante para difundir esas canciones. Juan Martín, gracias por tu aporte y por hacernos pensar.

Juan Martín Posadas

Juan Martín PosadasQuiero agradecer en primer lugar a los tres presentadores, que han hecho un trabajo muy profesional para presentar el libro, y que además han hecho, para mí, una demostración de afecto, porque los tres aceptaron la invitación que yo les hice sin haber leído el libro, haciendo confianza. Lo interpreto como un gesto de compañerismo y amistad muy valioso. Creo que los ha ayudado a ustedes a interpretar el libro, lo único que tienen que descontar son todos los elogios, ese es el IVA que hay que sacarle. Quiero decir algunas otras palabras. Cuando yo cumplí setenta años, me hicieron un festejo bárbaro Laura y Alejandro. Realmente un festejo memorable, que todavía me acuerdo de él. Esta fiesta también es memorable. Cuando uno cumple setenta años supuestamente llega a una época de la vida que es la culminación, donde la persona llegó al cenit de lo que pudo ser, de lo que pudo producir. Llegar a los ochenta años más bien es la hazaña de haber llegado, de haber llegado vertical, vertical físicamente, vertical mentalmente. Los ochenta años es cuando los amigos y los que lo rodean a uno te dicen: “Che, por qué no te comprás un par de zapatos nuevos, que andás con esas cosas viejas”. “No, es muy caro.” “Pero dale, total es el último par que te vas a comprar.” Y así lo estimulan a uno, le dan ánimo. En realidad llegué a los ochenta años y me siento bien. También es cierto que la gente que me encuentra por la calle me dice: “Che, te encuentro muy bien”. Entonces al final me convencieron. He llegado a esta altura de la vida y no tengo cuentas ni reproches que hacerle a la vida. Algunos a mí mismo sí, aunque yo debería hablar de “las vidas”, porque yo he tenido varias vidas sucesivas, como ustedes saben. Un día dejé la vida que tenía y entré a una vida completamente distinta, entré en los jesuitas, y en esa vida estuve doce años fuera del país, y estuve por distintos lugares y cambié de amigos, cambié de idioma, cambié de cielo. Estuve viviendo en las capitales más importantes del hemisferio norte. Y de repente esa vida cambió, y me encontré viviendo en pequeñas capitales del interior del Uruguay, casi seis años en Tacuarembó, casi diez años en Treinta y Tres. Y un día también esa vida se acabó, y me puse saco y corbata, y hasta chaleco me puse, y entré al directorio del Partido Nacional, y juré en el Senado. Y eso también se acabó, y empecé otra vida. Y eso me lleva un poco a recordar aquella canción española, que en lo pertinente dice: “Qué suerte tienes, cochino, que al final de tu camino te esperó la sombra fresca”, etcétera. Y bueno, aquí estamos, a los ochenta años. Y en tren de recordar canciones viejas, me acuerdo de otra que dice: “I’ll eat when I’m hungry, I’ll drink when I’m dry, if moonshine don’t kill me I’ll live till I die”*. Muchas gracias. *”Comeré cuando tenga hambre, beberé cuando este seco, y si el brillo de la luna no me mata, vivviré hasta que muera”