En Mardala los chismes corren más rápido que las horas, el aire de mar revuelve el pelo y levanta cometas; los muchachos se hacen hombres tomando vermut en el Metro, durmiendo con las mujeres de la turca Elif y robando cigarrillos a sus hermanos mayores. La familia Bauer atraviesa desmoronamientos dolorosos y cotidianos, y el idealista y taciturno Alfi los arrastra a enfrentar destinos que no buscaron.
Entre una dictadura implacable y la nieve absoluta de un país nórdico, crece una novela de iniciación y exilio contada desde las entrañas de la memoria. La historia avanza emotiva, dura pero esperanzadora. La juventud, los vínculos de sangre y la camaradería son los territorios donde los ideales se maceran; la adultez será el cuadrilátero donde todo lo que soñábamos ser se pone a prueba.
–Natalia Mardero
Es una historia mostrada desde un ángulo nuevo. Una novela de secretos y ausencias, de cierres emocionales necesarios, en un registro profundamente compasivo. Insertada en los lúgubres años setenta en Uruguay, cargados de incertidumbre, narra una versión enfocada por la mirada infantil. Resulta un relato muy nuestro y sin embargo bien diferente.
En un estilo despojado de sentimentalismos, directo, austero y sensible, la novela nos acerca al mundo de Hernán Bauer, que regresará a sus raíces para enterrar nostalgias y recuperar la memoria necesaria para la sobrevivencia, esa que nos deja enteros y de pie cuando forma parte esencial de nosotros mismos.
–Pilar Chargoñia

Juan de Dios Caballero (Montevideo, 1954). Emigrado a Suecia en 1979 y luego a Noruega en 2007, Juan es ciudadano noruego y se encuentra radicado en Moss, unos 50 kilómetros al sur de Oslo.
Desde los 15 años ha tenido diversos trabajos; ha sido jardinero, limpiador, barman y actualmente es jefe farmacéutico en Husnes, un pueblo lejos de todo.
«En cuanto a la escritura, soy autodidacta total. Carezco de formación literaria y de academia. No tengo ningún amigo escritor y, de hecho, no conozco a ninguno personalmente, pero dedicaré el resto de mi vida a escribir, no porque lo crea imprescindible, sino porque disfruto al hacerlo.»