La elaboración de este libro se nutrió de un acervo documental analizado sistemáticamente por primera vez: la colección de nueve agendas del exilio de Juan Raúl Ferreira correspondientes a los años 1976 a 1984 y una de Susana Sienra de Ferreira de 1973. Esta última comprende solamente información referida al inicio del exilio (desde el 29 de junio del 73 hasta el final de ese año) y tiene la particularidad de contener anotaciones escritas por Susana, otras de Juan Raúl y algunas pocas de Wilson. Cada uno reconocible por su característica caligrafía.

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Del epílogo de Juan Raúl Ferreira:

Wilson le decía a Diego Achard en 1982, tras la victoria en las internas, «no entendés nada, estoy llevando el viejo partido al centroizquierda». Por eso tantas veces en el exilio se manifestó socialdemócrata y también reivindicó, tanto en el exilio como de retorno en el Uruguay, el «populismo», en el sentido latinoamericano del término, en referencia a los movimientos populares, nacionales, progresistas y antiimperialistas de nuestra América. No por azar en el discurso de la explanada explicó el resultado electoral diciendo: «nosotros nos quedamos sin derecha… la derecha que tradicionalmente militaba dentro del Partido Nacional optó por votar la gran derecha dentro del Partido Colorado».

Esas identidades filosófico-políticas las traía desde su adolescencia: nacionalismo demócrata social antiimperialista, socialdemocracia auténtica entendida como socialismo democrático (cuando esas palabras todavía eran significativas y no como ahora máscaras del neoliberalismo), movimientos populares y nacionales progresistas latinoamericanos. Todas vinculadas concretamente a las propuestas de transformaciones estructurales verdaderas, que atañen a la modificación de las relaciones del poder social e internacional, como la reforma agraria, la nacionalización de la Banca, la nacionalización del comercio exterior y la integración latinoamericana.

Esas identidades y propuestas han desaparecido completamente del viejo partido. Wilson seguramente no imaginó que tras su desaparición, el viejo tronco tradicional daría un brusco giro a la derecha desde 1989 hasta el presente.

De modo que recuperar la memoria de su lucha es a la vez una invocación a recobrar los ideales y proyectos que la inspiraron. No podemos saber qué habría hecho Wilson si viviera, aunque seguramente con él, su partido sería otro y no este que cada día se parece más al que rechazó su proyecto de ley de reforma agraria, o a los sectores que acordaron con Pacheco y Bordaberry antes del 73.

¿Qué significa ser wilsonista? No es exhibir la foto y el nombre del líder de aquel tiempo. Fueron sus ideas, proyectos, programas, sueños y esperanzas, los que transformaron nuestras vidas. Y las transformaron desde el llano, desde la oposición, frente al fraude, la represión, la dictadura, el exilio, la proscripción.

Tenemos una misión los que llevamos las valijas del alma repletas por la patria; desbordadas por la patria chica y por la patria grande.

¿Acaso vamos a resignarnos a que ya nada puede hacerse con la tierra excepto seguir permitiendo que el «mercado» continúe la concentración y la extranjerización de la propiedad del suelo? Ahora que vemos con nuestros ojos y respiramos con nuestros pulmones el humo de los incendios de la Amazonia, encendidos por el afán extremo e irracional del lucro, no podemos aceptarlo. Decimos que no.

¿Acaso vamos a resignarnos a la concentración capitalista de la riqueza en el 1 % de la población mundial, junto con la concentración del poder y la riqueza en las potencias del mundo? Ahora que ya ni se procura la igualdad y se elogia la inequidad, ahora que en vez de enarbolar orgullosos el principio de no intervención y la autodeterminación de los pueblos, se suplica la intervención imperial, no podemos aceptarlo. Decimos que no.

¿Acaso vamos a resignarnos a que ya nada se puede hacer con el sistema financiero local e internacional, totalmente desconectado de la voluntad de los pueblos? Ahora que hasta países europeos son maltratados, pisoteados por las instituciones financieras, como antes lo hacían siempre con los de nuestra Indo-afro-latinoamérica, no podemos aceptarlo. Decimos que no.

¿Acaso vamos a resignarnos a la discriminación de las minorías, sean de género o cualesquiera otras, cuando antes era nuestra bandera el reclamo por los derechos de las minorías? No podemos aceptarlo. Decimos que no.

¿Acaso vamos a aceptar que avance la desindustrialización y resignarnos solamente al consumo de la tecnología ajena, en lugar de ser creadores y protagonistas de las nuevas revoluciones tecnológicas? No podemos aceptarlo. Decimos que no. Entre otras razones porque Wilson, hombre profundamente enamorado de la naturaleza, fue siempre un entusiasta de la técnica, en la acción política y en su vida privada. Y es nuestro deber asegurarnos el control social democrático sobre las nuevas tecnologías, en vez de someternos a las imposiciones del «mercado», es decir de los menos.

¿Acaso vamos a resignarnos a la destrucción del equilibrio ecológico que nos mantiene vivos? No podemos aceptarlo. Decimos que no. Wilson ni siquiera permitía que se cazaran los pájaros de su tierra.

¿Acaso vamos a resignarnos a la desintegración de la América Latina y el Caribe, creyéndonos otra vez «europeos», o sea «malos americanos», en vez de defender la «gran patria común latinoamericana»? No podemos aceptarlo. Decimos que no.

¿Acaso vamos a resignarnos a que nosotros los hispanoamericanos seamos genéricamente descalificados con ánimo racista como criminales y violadores, mientras muchos de nuestros hermanos son asesinados? No podemos aceptarlo, no son fake news. Decimos que no.

Como dijimos NO en 1980 a la dictadura, decimos NO a los poderes mundiales, geopolíticos y financieros, que avasallan el destino de las patrias y los pueblos. Eso es ser wilsonista hoy.

Es mantener viva la memoria de los hechos y la vigencia de las ideas. Es la esperanza en la «comunidad espiritual» de un pueblo integrado social, económica, cultural y políticamente, sin marginados.

La lucha comienza todos los días, hoy y mañana, porque la vida de nuevo comienza hoy y también mañana. Vida y lucha que se prolongan más allá de la nuestra. Esperanza, en mi caso, acompañada de la fe, como la de mi padre, en que la misericordia nos ampare en el camino de la verdad y la vida.