El escritor e intelectual Carlos Maggi estuvo en El Observador TV y analizó el estado de la cultura y la educación uruguaya en los últimos tiempos. Reivindicó el pasado y dio un diagnóstico sombrío

 

Para Carlos Maggi Uruguay vive en una situación paradojal. Si a principios del siglo XX tuvo enormes dificultades económicoas pero un florecimiento cultural e institucional muy grande que duró casi cien años, a principios del siglo XXI presentó una situación casi inversa, donde a la bonanza económica se le adosa una situación educativa y un trasfondo cultural preocupante.

Maggi estuvo en El Observador TV y la excusa para dicho encuentro fue la publicación de El libro de Artigaseditado por Fin de Siglo, donde el autor se centra en el trabajo que, según él, inspirara a Artigas: La independencia de la Tierra Firme, del ensayista Thomas Paine, de 1811.

Para Maggi el pasado siempre está dando indicios sobre el presente y por eso en el discurso es tan protagonista.

“Nunca Uruguay tuvo la sensación de crecimiento económico que tuvo en los últimos 10 años (…) Ahora se invirtieron los papeles, porque hay un retroceso cultural apabullante, una cosa que asusta”, le dijo a Cecilia Bonino en el marco de la entrevista.

Habló del esplendor de la época del “viejo  Batlle”, que  en su opinión fue una maravilla desde el punto de vista cultural y del desarrollo institucional, pero que fue “muy complicado desde el punto de vista de económico”. 

Maggi marcó cómo el desempeño cultural de una sociedad  repercute en el relacionamiento grupal. “Para quien se fija en eso, que creo que es un factor fundamental para la convivencia,  ha sido una época terrible. Y sigue empeorando. No hemos podido lograr detener la caída”, dijo. 

Si bien cargó las tintas sobre la administración de José Mujica y sus problemas de gestión en cuanto a manejo de los servicios públicos, entre ellos y con predominancia en la educación, el intelectual apuntó a una situación mucho más global que regional, donde los medios de comunicación  juegan en contra.

“El mundo cambia y el mundo está en un retroceso cultural que es universal, a mi entender, por los medios de comunicación, que se han desarrollado y que no son en su totalidad medios de comunicación responsables. Hay medios que deseducan. El principio de la televisión es darle al público lo que quiere. Sexo, violencia, más violencia, y si hay sexo con violencia, mejor”, opinó, sin dejar de reconocer que lo han atrapado algunas de las nuevas series que acaparan la atención de la audiencia en el mundo, como por ejemplo, Mad Men. “Es que son buenísimas”, se justificó.

El proceso de decadencia de la enseñanza pública, ratificado por los resultados de las pruebas PISA y por las tensiones entre gremios, familiares y alumnos, es para Maggi un motivo de vergüenza.“Que los muchachos no aprueben matemática no tiene que ver con los thrillers de la televisión, pero las cifras uruguayas son de las peores del mundo. Uruguay tenía dentro de América Latina un lugar de privilegio.

Ante la pregunta de por qué el presidente Mujica no pudo cumplir con su discurso inaugural de “educación, educación, educación” Maggi respondió: “Es un misterio que no puedo descifrar”.  Con 92 años, Maggi se mantiene como un testigo privilegiado de los rumbos que tomó Uruguay luego de la caída de los paradigmas en que nació.