Durante la primavera de 2013 recibí una invitación de Uruguay para participar en la 36ª Feria Internacional del Libro en Montevideo y hablar sobre las bibliotecas públicas nórdicas. La acepté, por supuesto, y la semana que pasé allí se ha convertido en algo inolvidable para mí. Esta charla la di el 10 de octubre de 2013 y a ella asistió una gran parte del personal bibliotecario de Montevideo. Espero que esta charla haya cumplido su finalidad y haya servido como inspiración y también como punto de partida para la discusión sobre el desarrollo de las bibliotecas en Montevideo y en Uruguay. Aquí publico la charla en forma digital, con el más sentido agradecimiento para con todos los que hicieron posible mi visita.

En primer lugar, les quiero dar las gracias por la invitación a esta Feria del Libro y a Uruguay. Es un país del que sé muy poco y, aunque la tecnología de la información nos permite estar continuamente en contacto con personas de todo el mundo y al mismo tiempo, resulta extraño sentarse en un avión, recorrer medio planeta y encontrarme con ustedes en el mundo real. Es una experiencia que no se puede comparar con ninguna tecnología de la información del mundo. El valor de estos encuentros personales y de la experiencia de haber visto con mis propios ojos y haber discutido en directo el trabajo y las condiciones de las bibliotecas en diferentes partes del mundo es algo insustituible. Esta semana significa para mí una garantía de encuentros y visitas, y en este sentido ha sido hasta ahora tan singular como fantástica.
He elegido dar esta corta conferencia en castellano. No es un idioma que tenga el gusto de dominar, por lo tanto pido perdón desde ahora por mis posibles fallos de pronunciación y de otro tipo que durante los próximos
minutos van a tener que soportar.

Me han pedido hablar un poco sobre el papel social de la biblioteca pública, haciendo hincapié en la experiencia histórica de casi un siglo que tienen los países nórdicos en cuanto al desarrollo de la tarea de las bibliotecas públicas. También voy a hablar un poco sobre la relación entre la biblioteca pública y la investigación bibliotecológica, un tema que me fascina. La mayoría de los ejemplos que voy a poner proceden de mi propio país, Suecia, pero a pesar de eso pueden tomarse como representativos en cuanto a la manera nórdica de trabajar con las bibliotecas.
Para comprender el papel social de la biblioteca pública debemos empezar desde el principio y plantear una pregunta tan simple como qué es en realidad una biblioteca pública. Aunque la pregunta sea muy simple en apariencia, desgraciadamente no es posible encontrar una respuesta igual de simple. Por el contrario, nos topamos con algo complejo y esta complejidad está relacionada con la función que, no solo la biblioteca pública y el sistema de bibliotecas tienen, sino también cualquier organización institucional en una sociedad democrática. Porque las bibliotecas públicas son instituciones políticas. Representan unos ideales concretos. Con sus colecciones y sus actividades varias hacen posible la existencia de discusiones entre las personas, discusiones que son de naturaleza tanto política como cultural.
Cuando las bibliotecas populares se establecieron como instituciones públicas en los países nórdicos, hace casi exactamente cien años, los modelos se tomaron de diferentes lugares. La fuente de inspiración más importante la constituyeron seguramente las public libraries que desde mediados del siglo diecinueve habían existido en los Estados Unidos. Estas bibliotecas fueron visitadas frecuentemente por los representantes del sector bibliotecario de Dinamarca, Noruega y Suecia durante los dos primeros decenios del siglo veinte. Las bibliotecas públicas se veían entonces como algo completamente nuevo – y lo eran en realidad.

Cuando digo que las bibliotecas públicas eran algo nuevo, me refiero a nuevo en el sentido literal. Las bibliotecas han existido en el mundo unos cuatro mil quinientos años, por lo que sabemos a través de la Historia. Durante la mayor parte de este tiempo las bibliotecas han sido bastante similares entre sí, aunque el contenido de las colecciones haya podido ser muy diferente, han estado centradas en los documentos, en las colecciones y a menudo han constituido un lugar reservado y cerrado para la mayoría. Han pretendido ser instituciones de sabiduría y, no menos en las universidades, las personas que trabajaban allí se han visto a sí mismas como administradores del patrimonio de la sabiduría mundial.
Cuando las bibliotecas públicas se ponen en marcha se tiran por la borda muchos de los ideales tradicionales que habían caracterizado a las bibliotecas a lo largo de la Historia. Se dirigen ahora a nuevos grupos de usuarios: los trabajadores, los campesinos y la creciente clase media burguesa del siglo diecinueve. A medida que la industrialización y la democracia se desarrollan paralelamente, aparece la necesidad, no solo de que todos los grupos sociales participen en los procesos políticos, sino también de que la población se eduque. Una educación básica es algo necesario para lograr una verdadera dispersión del poder. En este sentido, en los diferentes países se han desarrollado diferentes estrategias. En Estados Unidos se relaciona a menudo el crecimiento de las bibliotecas públicas con el sistema filantrópico de sus inicios, en el que las familias y las personas adineradas se encargaban de sustentar económicamente gran parte de las inversiones públicas. En cambio, en los países escandinavos – y especialmente en Suecia quizás – este sistema nunca ha existido.

El proceso de aparición de las democracias nórdicas es por supuesto complejo, pero algo que las caracteriza a todas ellas es que en gran medida la iniciativa viene desde abajo. Son lo que se podría denominar democracias
”bottom-up”. Sobre todo en Suecia durante la transición del siglo diecinueve al siglo veinte se desarrolla un ideal de autoformación, gran parte de los ciudadanos participan en proyectos educativos fuera del sistema escolar y educativo oficial. La iniciativa de formación y educación nace por el contrario en el marco de las crecientes ligas antialcohólicas, las organizaciones de trabajadores y las asociaciones de la Iglesia Libre. Es en el
fuero interno de las organizaciones más importantes de estos movimientos populares en el que a paso acelerado se construyen bibliotecas que superan ampliamente a las bibliotecas parroquiales dependientes de la Iglesia, tanto en cuanto a la variedad como en cuanto al tamaño de sus contenidos. Por eso se puede decir que en la práctica este tipo de biblioteca es la antecesora de la biblioteca pública sueca y no de la biblioteca parroquial. La literatura y la bibliografía sobre por ejemplo Economía o Ciencias Políticas se usaron en los movimientos populares para educar y crear las condiciones necesarias para que gran parte de la población pudiera participar en la vida política, que antes estaba reservada para la aristocracia y los más ricos de la sociedad. En todos los países nórdicos ocurrió este cambio de fondo político en tan solo algunos decenios y por su ideal reformista se puede decir que efectivamente tuvo lugar una revolución – lenta y sin violencia. Cuando una sociedad pasa de un sistema político a otro, la estructura institucional se adapta siempre para ajustarse al nuevo sistema – entre otras

cosas es esto lo que hace que las revoluciones sean tan dramáticas. En los países nórdicos las bibliotecas populares se convirtieron así en instituciones públicas durante los dos primeros decenios del siglo veinte. La inspiración procedía, como he nombrado anteriormente, de Estados Unidos, y sobre todo en dos aspectos diferentes: el de la biblioteca pública como centro cultural y el de la biblioteca pública como centro para fomentar la lectura infantil.
La orientación infantil ha existido en las bibliotecas públicas de todos los países. En muchos lugares las actividades para fomentar la lectura infantil también han sido una manera de llegar a los adultos que normalmente no visitan las bibliotecas. En los países nórdicos se ha usado este método entre otras cosas en el trabajo de integración de inmigrantes a la comunidad, tomando contacto con los padres a través de los hijos. Yo también he visto esto en Uganda, donde las bibliotecas públicas divulgan libros infantiles en las escuelas campesinas, libros que los niños después pueden llevarse para
practicar la lectura en casa, donde el acceso a los libros educativos es muy restringido.
En los países nórdicos decimos a menudo que las bibliotecas públicas han sido un éxito y, si pensamos en los cien años durante los que han existido, esto resulta sin duda cierto. Lo que las ha hecho tan apreciadas por gran parte de los ciudadanos no es solo el hecho de que presten libros y otro material de forma gratuita. Es también porque han funcionado justamente como centros culturales, donde bajo el mismo techo han tenido lugar conciertos de música, visitas de escritores, debates políticos y exposiciones, creando un espacio
abierto para un tipo de discusión en el que todas las opiniones – incluso las menos agradables – han tenido cabida. Y la discusión abierta, crítica, política y cultural es por supuesto una condición necesaria para una democracia que funcione. Por esa razón las bibliotecas públicas se han consolidado y han funcionado como instituciones democráticas. El hecho de que las bibliotecas públicas hayan tenido una posición tan importante en la vida cultural local no es algo caído del cielo. Es el resultado de decisiones políticas que se han tomado repetidas veces. Tenemos en Europa muchos países con democracias que funcionan y que tienen otras tradiciones diferentes a las nórdicas, donde las bibliotecas públicas no tienen una posición tan prominente. Italia y España constituyen dos ejemplos de este
tipo de países, pero también en Alemania el papel de las bibliotecas públicas es muy diferente al que encontramos en los países nórdicos.
Los años en que el Estado de Bienestar de los países nórdicos estaba más fortalecido, durante los años sesenta y setenta, fueron también los años en que las bibliotecas públicas tuvieron su mayor éxito. Gran parte de este éxito se puede decir que se ha mantenido, no solo en cuanto a lo ya nombrado anteriormente, sino también en cuanto al hecho importante de que las instituciones oficiales, y en este caso las bibliotecas públicas, han sido expuestas muy poco al manejo político. Tanto en Noruega como en Suecia y Dinamarca sobrevive una tradición de autonomía de las instituciones culturales financiadas por el estado. Esto ha significado para las bibliotecas
que la profesión bibliotecaria ha tenido una posición relevante y las
cuestiones que siempre se plantean en las bibliotecas en cuanto a, por ejemplo, qué tipo de material incluir, se han puesto en manos de una profesión con una enorme conciencia democrática.
En la actualidad la situación es un poco diferente. Durante los últimos decenios han surgido tantos cambios en la sociedad que desde diferentes partes se ha empezado a ver la Biblioteca del Estado de Bienestar como un reflejo nostálgico del pasado. Los mecanismos e ideales que mueven las bibliotecas hoy son otros muy distintos. Quizás el cambio más importante ocurrió a principios de los años noventa cuando en el proceso de desarrollo de las bibliotecas el centro de mira pasó de ser el personal bibliotecario a ser el usuario. Una biblioteca cuyo ideal está basado en la demanda, bien sea real
o prevista, es algo muy diferente a una biblioteca regida por ideales políticos o profesionales. Cuando se empezó a discutir el tema de la biblioteca como centro informativo de la sociedad, entonces se empezó a poner en entredicho mucho de lo que antes se había tomado por evidente y bueno. Las actividades dirigidas a niños, a personas mayores, a personas socialmente marginadas y sin acceso a una biblioteca fueron cambiadas por actividades y servicios
dirigidos a otros grupos muy diferentes, como los estudiantes y las empresas. En el fondo, lo que se puso en entredicho fue el cometido de la biblioteca pública. En la actualidad las bibliotecas nórdicas se encuentran en una situación problemática. No es que no sean populares, o que no tengan buena reputación entre los ciudadanos, en absoluto. A decir verdad el número de préstamos ha disminuido lentamente desde hace unos años, pero ese no es el verdadero
problema – de todas las instituciones públicas son las bibliotecas en las que más se confía. Los problemas son más complejos. A las bibliotecas públicas les resulta difícil encontrar una identidad tan obvia como la que tenían durante los años en que el Estado de Bienestar gozaba de más fuerza. El Sistema de Bienestar se está desmontando a pasos agigantados, sobre todo en Suecia y Dinamarca, y, como en todas partes, hoy en día las bibliotecas
nórdicas han tenido que enfrentarse a los desafíos que la tecnología de la información ha traído consigo. Ésta contiene ideales en muchos sentidos opuestos a los que tradicionalmente se asocian con las bibliotecas. Donde las bibliotecas apuestan por la lectura, la totalidad, la discusión y la reflexión, la tecnología de la información propaga la fragmentación, la rapidez y las soluciones fáciles. A las bibliotecas les ha resultado difícil encontrar su sitio en este ambiente. Lo podemos ver en relación con los medios de comunicación sociales, algo que fue importante para las bibliotecas públicas hace unos años. De repente empezaron a participar en blogs, en Facebook, en Twitter y en otras plataformas. Lo que una biblioteca hacía allí, eso nadie lo sabía en realidad. Durante los últimos dos años existe ante todo un tema que ha involucrado a las bibliotecas públicas, y es el desarrollo de los libros digitales. En algunas partes se los ve como un medio de supervivencia para
las bibliotecas, mientras que en otras partes se dice que hay que tratarlos como al resto de los materiales nuevos, como un complemento al libro impreso y a cualquier otro tipo de documento tradicional. Todavía no se ha encontrado una solución a esta disyuntiva y ya veremos lo que nos trae el futuro. Están en juego fuerzas poderosas – y sobre todo fuerzas de mercado – y en este sentido no es fácil negarse al desarrollo de la tecnología, aunque
ésta de por sí no constituya algo positivo.
Entonces, ¿cómo vemos la situación en que las bibliotecas se encuentran hoy desde el campo de la investigación bibliotecológica nórdica? En todos los países nórdicos se ha desarrollado durante los últimos diez, quince años, un tipo de investigación muy cercana a la práctica bibliotecaria y por primera vez hemos logrado alcanzar una situación en la que la investigación académica y el desarrollo de la práctica bibliotecaria van de la mano. Esto es importante. En Estados Unidos y en Inglaterra existe una larga tradición de
colaboración entre la investigación y la práctica bibliotecaria, pero para nosotros es algo relativamente nuevo. La tarea de la investigación no consiste en mejorar las bibliotecas de forma directa, ni en evaluarlas. Lo que puede aportar la investigación es, por un lado, mostrar por ejemplo nuevas maneras de poner en marcha diferentes tipos de proyectos, pero también mostrar
nuevas maneras de interpretar diferentes tipos de fenómenos. La realidad de las bibliotecas es muy compleja y la colaboración con investigadores y con grupos de investigadores puede ayudar a encontrar un sentido y una mayor comprensión en cuanto a su orientación y en cuanto a por qué se desarrollan en una determinada dirección. Les pondré un par de ejemplos.
Algo que hemos podido notar desde finales de los años noventa es que las diferencias entre la Biblioteca Académica y la Biblioteca Pública van disminuyendo cada vez más. Así como las bibliotecas universitarias se centran cada vez más en el servicio a los estudiantes, las bibliotecas públicas se topan con consultas cada vez más especializadas por parte de estudiantes que realizan estudios a distancia y que a menudo viven en localidades pequeñas sin arraigo académico. Este desarrollo es el resultado de una serie de iniciativas políticas que han hecho que cada vez más personas estudien a
nivel universitario. Esto ha producido un cambio en cuanto a lo que se exige de las bibliotecas. En el marco de un proyecto de investigación del que yo mismo fui el responsable, hicimos un seguimiento periódico sobre esto y logramos identificar una serie de medidas que las bibliotecas tuvieron que realizar para adaptarse a la demanda y al deseo de la comunidad. Para describir estos mecanismos se utilizó el término ”isomorfismo”, que hace
referencia al proceso por el cual diferentes estructuras se adaptan para llegar a parecerse. Así pudimos mostrar cómo las bibliotecas son capaces de adaptarse de una forma muy receptiva a las señales de la comunidad, señales que no siempre consisten en demandas y deseos expresos.
 
Durante los últimos decenios se ha desarrollado en Noruega un programa de investigación que, en colaboración con las bibliotecas públicas locales, estudia cómo las bibliotecas funcionan como puntos de encuentro. El foco de atención de estos ha sido el tipo de actividades que se encuentran fuera del préstamo directo de materiales. Lo que ha interesado aquí ha sido el desarrollo de las bibliotecas más como casas del pueblo o casas culturales, en
las que el centro de atención ha sido justamente la discusión democrática de todos los colores. El propósito no ha sido en realidad atraer a más gente a las bibliotecas, sino más bien observar la interacción entre usarios y el personal bibliotecario o el horario de apertura o el programa de actividades, por ejemplo, y la arquitectura de la biblioteca. La Biblioteca verse entonces en su
conjunto y la idea es que sea un punto de encuentro, sobre todos en estos tiempos en los que cada vez más los ciudadanos encuentran el material que necesitan a diario en otros sitios que no son las bibliotecas. La investigación ha contribuido en este sentido a crear una discusión sobre el valor legítimo de las bibliotecas. Las bibliotecas aquí se pueden definir terminológicamente como espacios públicos de baja intensidad, usando las palabras del sociólogo americano Robert Putnam.
Un tercer ejemplo sobre un tema importante que se ha discutido, tanto en Noruega como en Suecia, ha sido el de cómo se puede y se debe formular la labor de las bibliotecas en relación con las minorías nacionales existentes en los distintos países. Durante el periodo dorado de los años sesenta y setenta se formuló en Suecia una parte importante del cometido de las bibliotecas populares, como defender a los grupos sociales que de una manera u otra estaban marginados. A estos grupos pertenecían las diferentes minorías del país. Aquí entra por ejemplo el pueblo lapón, que constituye la población
autóctona y que sobre todo vive en el norte de Escandinavia. Mediante el uso de términos teórico-democráticos, en un estudio de las actividades hechas por las bibliotecas públicas y dirigidas hacia estos grupos, logramos hacer visibles los mecanismos existentes a través de las bibliotecas hacia estos grupos. El debate que siguió a este proyecto pasó a tratar mucho sobre el papel de las bibliotecas como escenarios destinados al debate democrático y crítico. Pero, ¿cómo pueden las bibliotecas navegar a contracorriente en una
sociedad cada vez más monocultural y cómo se atreven a defender el derecho tan obvio de las minorías a ser escuchadas? El resultado de este tercer proyecto fue una cláusula adicional en la ley de bibliotecas sueca, en la que las bibliotecas se describen como instituciones que deben salvaguardar los intereses de las minorías relacionados con la información y la identidad culturales.
He querido mostrar estos tres ejemplos porque pienso que es importante encontrar diferentes vías de desarrollo para las bibliotecas. Colaborar con el campo de la investigación es un camino que puede sacar a la luz problemas que quizás de otra manera no son tan visibles. En todos estos tres ejemplos se realizó la investigación con un contacto cercano con las propias bibliotecas.
Y esto es muy importante. La profesión bibliotecaria es compleja y la mejor manera de que se desarrolle es mediante el contacto con una investigación bibliotecológica viva. Esto exige sin embargo un diálogo entre las instituciones académicas y las propias bibliotecas. Para que esto pueda suceder es necesario, por un lado, que se creen las condiciones necesarias en las universidades para la investigación bibliotecológica, y, por otro, que las mismas bibliotecas quieran formar parte de la investigación. En Suecia hemos tardado mucho en llegar al punto en que estas dos circunstancias se han cumplido. Ahora que desde hace unos años estamos en esta situación,
podemos entonces ver que esto significa mucho más para el desarrollo y la legitimidad de las bibliotecas que por ejemplo la lucha por tener el último grito en tecnología informativa.
La situación de las bibliotecas nórdicas es en muchos sentidos buena– sobre todo si la comparamos con la situación internacional. Pero el contexto actual en el que se encuentran crea problemas difíciles de ver a simple vista. Nos encontramos en medio de un cambio ideológico que a la larga va a traer consigo importantes consecuencias. Los ideales de una educación para todos han sido sustituidos en muchos sentidos por un ideal que trata sobre la venta
de diferentes servicios. Cada vez más las bibliotecas se ven como parte de una cadena comercial formada por clientes, editoriales y productores de diferentes tipos de software. Sus actividades se comercializan de una manera antes desconocida, por lo menos para las bibliotecas nórdicas y suecas. La legitimidad política cede ante la legitimidad económica, y las bibliotecas deben motivar su trabajo en términos económicos. Esto influye no solo en qué material se invierte, sino también a qué grupos de usuarios se da prioridad. Este no es un desarrollo ausento de peligros. El hecho de que las bibliotecas se perciban como entidades económicas debilita su pathos
democrático. No constituir una carga económica para el  ayuntamiento se convierte en algo más importante que la defensa de ciertos ideales institucionales. Si las bibliotecas se convierten en algo molesto, los políticos tienen el poder de tomar decisiones que van en contra de los intereses de las bibliotecas, de una forma que resultaba mucho más difícil antes. La estadística de préstamos nunca ha jugado un papel tan importante como ahora. Y esto es prácticamente lo único que se puede medir en el marco de las actividades bibliotecarias. Al mismo tiempo son estas actividades e
ideales que no se pueden medir los que constituyen el núcleo mismo en la identidad institucional de las bibliotecas públicas.
 
Yo, como investigador, puedo únicamente observar, analizar y comentar esta trayectoria. Aunque estoy seguro de que las bibliotecas públicas cuentan con las condiciones necesarias para recrear su fuerte posición caracterizada por la integridad y la claridad ideológica, el futuro es algo impredecible. En gran
parte del mundo se ven las bibliotecas públicas como instrumentos para mejorar las condiciones de vida de las personas en su contexto local. En los países nórdicos se ven a veces las bibliotecas públicas con una mirada nostálgica que nos lleva a un siglo veinte de bienestar, tanto material como intelectual. Si las bibliotecas públicas deciden convertirse en lugares donde se contrarresta el comercialismo global, la uniformidad cultural y el mercado de
la cultura y del espectáculo, entonces los bibliotecarios y las bibliotecarias van a poder contribuir a fortalecer la identidad local de los ciudadanos. Crear una conexión humanista entre lo local y lo universal a través de la literatura y de la discusión viva es el aporte más importante de las bibliotecas públicas para con la sociedad. Como investigador, pero también como ciudadano, es muy importante para mí poder contribuir justamente a este desarrollo de las bibliotecas, y yo sé que en el mundo bibliotecario de los países nórdicos, así como en otros países, hay mucha gente que siente lo mismo que yo. Mi deseo es que este espíritu también impregne el sector bibliotecario uruguayo y espero que podamos discutir sobre estos temas ahora durante el rato que sigue a esta charla. Con esto quiero dar las gracias de nuevo por la posibilidad que me han dado de estar aquí y dar esta conferencia y espero con ansiedad la discusión que le siga. Muchas gracias.
 
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Hansson, Joacim (2010) Librararies and Identity: the role of institutional
self-image and identity in the emergence of new types of libraries. Oxford:
Chandos Publishing.