“La política uruguaya de la A a la Z” 

El periodista de esta casa Ricardo Scagliola acaba de hornear su Diccionario irreverente,1 un libro que no promete ser una enciclopedia irrespetuosa sino una suerte de “definicionario en chancletas”. Un texto que recopila hechos y deshechos de la política vernácula, desde el principio de la dictadura hasta el presente: “verbos, lugares, modismos, situaciones y hasta animalitos que mucho sentido tienen en política, a saber: bacalao, delfín o dinosaurio”. A continuación, un breve adelanto:

adm. Sigla que identifica a la Asociación de Dirigentes de Marketing. Organización que remplazó las salas de conferencias de los ministerios como escenarios habituales para los grandes anuncios del gobierno por suculentos desayunos o refinados almuerzos a los que sólo acuden autoridades y empresarios. Se trata de un espacio gastronómico-político que sirve de punto de encuentro para senadores, diputados, ministros, secretarios, asesores, empresarios y ex presidentes. Así, es posible encontrar allí a los responsables de Cutcsa (Juan Salgado) y Buquebus (Juan Carlos López Mena), antes cercanos al Partido Colorado; o a Alberto Fernández, dueño de la empresa pesquera Fripur, en frecuente choque con sus empleados. Ya sea por el menú, las oportunidades de negocios, la causa o el pago de los favores del poder económico, para la elite política uruguaya es muy tentador estar y, sobre todo, hablar en adm. Para las nuevas generaciones de políticos, una presentación en adm equivale a un examen oral con carácter eliminatorio.

 

Bordaberrización. Palabra acuñada en Argentina y luego extendida por toda América Latina. Designa a todo aquel presidente que, como Juan María Bordaberry en Uruguay, es elegido por voto popular pero que, una vez jaqueado por la presión militar, se pone al frente del movimiento golpista sin renunciar a su cargo. Término prohibido en el Partido Colorado para graficar la hegemonía de Pedro Bordaberry sobre los sectores de tendencia batllista.
Cocina. Término utilizado para señalar negociaciones ya sacramentadas pero no necesariamente públicas, emprendidas de espaldas a las mayorías, con la esperanza de imponer luego un plan acabado. La “cocina”, en términos políticos, es donde se corta el bacalao. Puede ser la cocina de un partido político, de una agrupación, de un club o comité de base, pero también puede ser la cocina del superior gobierno. Generalmente los cocineros que rodean al chef no son más de cinco o seis y tratan temas duros: la remoción de un ministro, una medida económica drástica, qué hacer con un correligionario que se salió de la “canaleta”, quién será candidato a intendente, etcétera. De la cocina política no suelen emanar ricos olores, sino todo lo contrario.

Embestida baguala. Ni como la nieve ni como el merengue, ni como la leche ni como un albino, los blancos se dicen blancos “como hueso de bagual”. Por bagual se conoce al equino o vacuno que se volvió salvaje, y también al tipo de pocas luces que en su actuar recuerda al animal sin domar. Por eso fue que con el nombre de “embestida baguala” el entonces presidente Luis Alberto Lacalle pretendió describir lo que entendía era una gran conspiración contra su administración, motorizada por una resistencia cerril a la privatización de las empresas públicas luego de que junto a su escudero más cercano, el ministro de Economía Ignacio de Posadas, intentara implantar en el país el neoliberalismo más puro y duro. Fue la hora de las trasnacionales, de la destrucción del aparato productivo del país, de la especulación, de la plaza financiera y las sociedades anónimas off shore. En plena euforia neoliberal, de labios del presidente pudieron oírse frases como esta: “Ellos hacen como que trabajan y yo hago como que les pago”. La indignación popular no tardó en manifestarse.

Hacerle el juego a la derecha. Se dice que un dirigente político de izquierda “le hace el juego a la derecha” cuando, declarando actuar conforme a principios de izquierda, favorece los intereses de sus adversarios, ayudándolos a conseguir sus fines, resultando esa conducta provechosa para los objetivos de la derecha. En los últimos años esta expresión campeó entre los sectores de izquierda, acusándose unos a otros de operar en favor de los partidos tradicionales. En su acepción más amenazante, es frecuentemente utilizada para convencer a votantes desilusionados de no votar en blanco o anulado, en el entendido de que cualquier opción que no implique sufragar por el Frente Amplio beneficiará a blancos y colorados, lo cual no dista demasiado de la perturbadora realidad que tienen por delante aquellos que se definen como independientes.

Líder natural. Idea estrechamente relacionada a la de carisma, que incluye una dosis de alivio y otra de resignación. Condición de liderazgo político individual que es reconocida sin demasiada discusión por una gran mayoría de dirigentes y seguidores, y que suele redundar en candidaturas poco competitivas a la hora de presidir un partido o un país. Este tipo de liderazgo no admite muchas dudas ni supone demasiada argumentación acerca de las bondades de la persona en cuestión, al tiempo que retrasa la renovación de cuadros en el ejercicio del gobierno. Existen, a su vez, los líderes sobrenaturales, cuya legitimidad es de naturaleza casi divina y a los que su don de mando y la legitimidad de su uso son reconocidos por propios y extraños, al punto de suscitar admiración y respeto incluso en otras tiendas políticas. Esta situación prácticamente mágica correspondió al liderazgo de Tabaré Vázquez en el Frente Amplio, y todo indica que podría seguir correspondiéndole en el futuro. (Véase: Candidato natural.)

Luna de miel. Extraña situación de enamoramiento entre un nuevo gobernante, la oposición y los electores, incluyendo a quienes no votaron por él. La mitología popular dice que esta situación de encanto recíproco, en la que se le perdona más o menos todo al nuevo presidente, dura de seis a diez meses, aunque no se sabe exactamente por qué. Incluso se ignoran las razones por las que se designa de esta manera a ese período de relación irreal. Tampoco hay estudios que verifiquen o avalen la existencia de esta relación amorosa, de características poligámicas, en donde un afortunado (el presidente) mantiene una relación íntima y francamente promiscua con una enorme cantidad de votantes.

Manuela. Mamífero carnívoro de la familia de los cánidos, subespecie del lobo. En Uruguay, animal doméstico de tres patas, mimado por José Mujica y Lucía Topolansky y partícipe de algunas reuniones de Estado y varios encuentros en el Quincho de Varela desde la asunción del Pepe a la Presidencia del país.

Nuca. Parte posterior del cuello donde se une la cabeza con la columna vertebral. Término acuñado por Julio María Sanguinetti en referencia al reclamo de verdad y justicia relativo a los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura, cuando acusaba a cierta parte de la dirigencia y de la sociedad de tener “los ojos en la nuca”, una malformación sugerida por el ex presidente pero nunca comprobada por médicos y antropólogos.

Operación política. Perteneciente al ámbito invisible de la política, la operación tiene como objetivo el desplazamiento de un rival político o la construcción de acuerdos con la finalidad de que ciertas iniciativas prosperen. A diferencia de su acepción quirúrgica, las más connotadas operaciones políticas se realizan sin anestesia. 
Piso 11. Planta de la Torre Ejecutiva ocupada por los salones presidenciales y los despachos del secretario y prosecretario de la Presidencia. A tal punto ha llegado la sinonimia entre el lugar de trabajo y el tipo de trabajo que allí se realiza, que se suele significar por “piso 11” el acto u oficio de asesorar de manera directa al presidente de la República. De esta manera, sus asesores no están en el piso 11 sino que son el piso 11. El piso 11 equivale a lo que se conoce como “gabinete de cocina” (kitchen cabinet). La serie estadounidense The West Wing ayudó a popularizar la existencia de esta función-lugar y proveyó una cierta aura de enigma y sex appeal a sus habitantes.

Pueblo a pueblo. Actividad de campaña electoral consistente en recorrer localidad tras localidad con el fin de convencer a sus pobladores de votar por determinado candidato. Se utiliza también como medida de intenso proselitismo: “tal candidato inició una gira pueblo a pueblo”; lo que nada nos dice sobre la intensidad o la eficacia de la recorrida, y menos si el candidato fue bien o mal recibido por los locatarios. Básicamente, el pueblo a pueblo consiste en trillar todo el país sin dejar ningún caserío por visitar. Con este formato el nacionalista Luis Alberto Lacalle construyó su triunfo de 1989. El ex presidente tenía en cada pueblito un referente que le contaba al oído los avatares de los habitantes del lugar que estaba visitando. Así, Lacalle le preguntaba a doña María si ya tenía la jubilación, a don José si la “gota” lo había dejado en paz, y así. De este modo recorrió el “Uruguay profundo”, como le gusta decir a él, preocupándose por la vida de todos los habitantes, desde el más acomodado al más humilde. No pudimos saber las razones de por qué esta arquitectura del chisme y el consuelo se le vino abajo. ¿Qué le pasó a Lacalle? Es la pregunta que se formuló este cronista y que se hace el libro La derrota, de Martín Pintos. La respuesta se vende en las liberías, pesa 540 gramos y vale 350 pesos.

Reglas de juego. Frase que designa los arreglos institucionales, legales o prácticos que canalizan y organizan el comportamiento de todos los actores de la política, desde las formas de relación de los legisladores en sala hasta la disciplina partidaria de un diputado o senador ante su bancada, pasando por cómo se deben contar los votos y asignar las bancas tras una elección. En el Frente Amplio este término define al conjunto de parámetros con que sus líderes buscan tranquilizar y dar previsibilidad a los empresarios. Casi siempre la expresión “reglas de juego” va acompañada por el adjetivo “claras”, y refiere a la competitividad, las regulaciones de la economía, los impuestos y los beneficios fiscales para las inversiones, lo que termina siendo una excelente excusa para no alterar la distribución de la renta. La reiterativa utilización del término suele señalar una defensa de los intereses empresariales.