Escrito de forma sencilla y con alta emotividad, el libro de Marcelo Capalbo es recomendable para chicos

El conocido ex jugador de básquetbol y actual entrenador del Club Atlético Aguada, Marcelo Capalbo, incursiona en la literatura al presentar este Deleite, una breve autobiografía publicada este año por la editorial Fin de Siglo.
No es el primer caso de un ex deportista que cuenta su historia. Recuérdese la doble aventura editorial de Tato López, o el caso de Daniel Baldi, que ya lleva ocho novelas de ficción publicadas.
Deleite es un texto que habría que mostrar a los jóvenes. En los liceos, en las plazas de deporte, porque el libro deja un mensaje para los adolescentes, ya que, entre otras cosas, define al éxito como una consecuencia del esfuerzo, y de ninguna otra cosa más.
La suerte no existe para Capalbo, solo la voluntad y los valores que sus padres y entrenadores le legaron.
La valentía que tuvo cuando revolucionó el básquetbol, dotándolo de una velocidad que antes no se conocía en el medio, o cuando hizo de su baja estatura (para ese deporte) una ventaja, en vez de un handicap, lo definen como un luchador.
Marcelo Capalbo cuenta en pocas páginas toda una vida de sacrificio e ilusiones. El papel de la familia y de los amigos en su larga carrera deportiva merecen su agradecimiento explícito, ya que para él, son la base de su éxito deportivo. Ese es el lado pedagógico del que hablábamos y que vale la pena compartir con las nuevas generaciones, siempre tan carentes de referentes.
El libro no se centra, por suerte, en los éxitos deportivos que solo se nombran al pasar, sino en la persona. En cómo un muchacho de 14 años dilucidó el tema de compaginar el deporte con los estudios, en el papel de su familia en ese conjunto de decisiones que tuvo que tomar siendo aún un adolescente, en el apoyo y consejo de entrenadores y compañeros que más tarde se convirtieron en amigos.
El deporte, como expresión colectiva, social, que supera lo individual en pro de un bien común, tiene especial significación para Capalbo. Para él, allí, en una cancha de básquetbol, se conjugan la solidaridad y la ambición personal, lo que el entrenador dice para todos, y lo que uno rescata para sí, lo que se lleva de casa, y lo que se aprende en el club o en cualquier esquina del barrio Malvín.
Pero no todas son margaritas. Con sensatez, Capalbo advierte del día siguiente, de cuando se deja de jugar profesionalmente, del inevitable retiro.
Y ahí es donde el tema del estudio se vuelve fundamental para el ex base de la selección uruguaya.
Marcelo Capalbo cree que las condiciones para que el jugador joven entrene y estudie sin inconvenientes aún no están dadas. Y que eso marca a muchos jugadores que ven que su carrera termina y que no tienen los conocimientos, ni el currículo necesario para reciclarse y seguir adelante en la vida.
El último capítulo es un rosario de agradecimientos, a los que están y a los que ya no. El mensaje durante todo el libro es el mismo, sinceridad con lo que se hace y con uno mismo. No detenerse ante nada por cumplir un sueño.
Y aplicar en todos los ámbitos de la vida los códigos del deporte: el compañerismo, el sacrificio, la vida saludable, el pacto con uno mismo y con los demás.
Como cuenta que le enseñó su padre una tarde: “Compromiso por sobre todas las cosas, no importando el resultado, y sabiendo que el trabajo paga siempre”. Ese es el mensaje.
Fuente: El Observador
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