En el teatro de Jimena Márquez encontramos una estética del lenguaje, cuyo aporte consiste en otorgarle un valor extraordinario y singular a la palabra como herramienta. En ella se entretejen los niveles de organización del significante como soporte vital de su creación.
La diversidad de temas que despliega, oficia como un espejo que nos permite mirar nuestra pequeñez para enfrentar así nuestra propia imperfección. Pero siempre desde el humor, como clave que distiende los múltiples niveles de tensión.

JIMENA MÁRQUEZ
Noticia biográfica

Jimena Márquez nació en Montevideo en el año 1978, se dedicó a la escritura desde que tiene memoria y aún guarda poemas escritos a los 7 años dedicados a sus padres. La escritura siempre fue un juego para ella y no concibe transitar la vida de otra forma que no sea escribiendo. Sin embargo, ella quiso ser muchas cosas: maquetera, dibujante, diseñadora, carpintera, deportista, matemática. Aunque su madre, a juzgar por el modo en que argumentaba, le decía que iba a ser abogada.
A los 18 años, Jimena decidió que quería ser profesora. En el año 1997, un año de ocupaciones y revueltas estudiantiles, se inscribió en el IPA, para cursar dos profesorados: matemática y literatura. Las letras, que ya venían haciendo estragos en su vida, se hicieron sentir y también fueron grandes las vibraciones pasionales del grupo de compañeros inolvidables que la esperaban en ese gélido salón de Avda. del Libertador, a quienes el tiempo apodó “El dofón”, así que finalmente la balanza se inclinó hacia el lado de la literatura.
Hasta ese momento escribía poesía y solamente poesía, con la narrativa nunca tuvo éxito, solía decir que Cortázar ya había escrito todo lo que ella hubiera querido escribir, y el asunto de la dramaturgia nunca se le había cruzado por la cabeza. En el IPA conoció a Ramiro Perdomo, que en aquel momento acababa de egresar de la EMAD, y a partir de esa estrecha amistad y luego de intentar ingresar, sin éxito, a la EMAD, para dedicarse a la actuación, comenzó su carrera teatral transitando los carriles del teatro independiente, trabajando en el grupo “Pachachos”, que estaba integrado por actrices y actores que no escribían, así que se hizo cargo de los textos de los espectáculos del grupo.
Desde los 11 años se había dedicado a nivel profesional al deporte, más específicamente al handball, convirtiéndose a temprana edad en golera de la selección nacional. El azar o quizás una fuerza misteriosa del destino quiso que se rompiera una rodilla a los 21 años y otra a los 23, edad en la que finalmente dejó el deporte para dedicarse por completo al teatro. Tras varios años de participar como actriz y dramaturga en el Encuentro de Teatro Joven, realiza su primera dirección para la compañía “Japonesita teatro” con la obra El huevo y la gallina en el año 2005 y, a partir de ese momento, sintió el encanto de estar debajo del escenario y dejó la actuación para dedicarse a la dirección y a la dramaturgia.
En el año 2009, estrena su primera obra en el llamado “circuito profesional”, esta creación reunía tres piezas breves presentadas anteriormente en el encuentro de Teatro Joven y se llamaba Cajas chinas, pieza por la que obtuvo el premio Florencio Revelación. A esta le siguieron: Lo que los otros tienen (2010), Te pasa algo (2011), La escritora de comedias (2012), El club de los idiotas (2015), La duda en gira (2016), Lítost (2016), El barrio de los solos (2017), El tesoro olvidado de la familia RTMFRJMK (2017), La sospechosa puntualidad de la casualidad (2017), La refinada estética de los hijos de puta (2018), Nociones básicas para la construcción de puentes (2020).
En el año 2019, obtiene el premio nacional de Letras por La sospechosa puntualidad de la casualidad. Es esta la primera vez que, con dudas y temores generados por un inconformismo crónico, se decide a publicar algunos de sus textos teatrales.