ZELMAR MICHELINI SU VIDA - de Mauricio Rodríguez¿Cómo surgió la idea de hacer una biografía de Zelmar Michelini?

Como persona y hombre público siempre me generó una gran curiosidad, pero cuando busqué más información sobre él descubrí que nadie había escrito una biografía integral. Ese fue el puntapié inicial.

Hay, por supuesto, muy buenos trabajos donde se abordan testimonios de quienes lo conocieron, por parte del Parlamento ha habido recopilaciones de discursos y artículos de Zelmar… pero no había hasta ahora una biografía completa que permitiera saber quién fue Zelmar Michelini más allá de los titulares.

¿Qué entendés por «biografía integral»?

Trabajé sobre su familia, su niñez, su etapa escolar, su etapa liceal y todo lo que tiene que ver con su desarrollo como individuo. Generalmente es bastante más conocido su costado como dirigente gremial, diputado, senador, candidato a la presidencia, uno de los pilares fundamentales en la creación del Frente Amplio, pero no su persona. También se sabe más o menos de cuando tuvo que marcharse al exilio en el año 73 y de esa muerte tan espantosa, como víctima del terrorismo de Estado… situación que lo transforma, con el paso del tiempo, en un referente en ese período, entre el 73 y el 76, que se hace una campaña muy firme para denunciar las violaciones a los derechos humanos en Uruguay (cosa que ya se había empezado a hacer en el Parlamento).

El desafío fue conseguir un relato equilibrado entre el personaje público y el personal. Es un relato cronológico, empiezo contando la historia a partir de sus padres. Su padre fue una gran influencia para él en cuanto a costumbres y valores, y además porque vino del seno de una familia batllista. Zelmar tuvo una militancia de más de 15 años en el Partido Colorado, rompe con el partido y da el paso para formar el Frente Amplio. Muchas de las cosas que pasan después en su vida tienen que ver con su origen, en la lectura uno va reconstruyendo la vida de Zelmar y se va dando cuenta de que siempre fue el mismo. Me parece muy interesante destacar eso, incluso entre sus discursos de la militancia gremial (en la Facultad de Derecho y en el gremio bancario) y sus discursos políticos (primero con Batlle Berres, luego su camino propio y finalmente dentro del Frente Amplio), su pensamiento no varía significativamente. Y además, y eso lo destacan todos los entrevistados, Zelmar no solo hizo de la política su vida, sino más bien un objetivo: el bien público.

¿Cómo fue el proceso de trabajo?

Fue como el trabajo del escultor que arranca con un gran bloque, si bien tiene un plan, no sabe el resultado final, y a medida que va esculpiendo la piedra va apareciendo en su real dimensión el personaje. Para mi sorpresa, y espero que al lector le suceda lo mismo, hay un personaje que va emergiendo del relato, el Zelmar Michelini más de la familia, más de la casa, más de sus amigos, que resultó ser un personaje muy rico.

Empecé a fines del 2012, cuando tuve una reunión con sus hijas Margarita y Cecilia. Les planteé mi intención de hacer este trabajo, me dijeron que había habido alguna otra propuesta pero que no se había concretado y asumí este desafío. Fueron más de tres años de viajes, entrevistas y trabajo intenso, porque el archivo personal de Zelmar —a resguardo en la Fundación Zelmar Michelini— es muy grande… Zelmar acostumbraba escribir muchísimos cartas, y escribía muy bien, Carlos Maggi incluso me dijo que Zelmar podría perfectamente haber integrado la Generación del 45.

Además fui a los lugares donde estuvo Zelmar, por ejemplo, visité la casa de él, que está bastante parecida a lo que era cuando él vivía, fui a la casa de su mamá, fui a la casa donde se crio, a la casa donde iba a veranear en Carrasco con la novia, su futura esposa… Estuve en Buenos Aires entrevistando amigos y estuve en el hotel Liverpool, en la habitación de donde lo secuestraron, estuve donde apareció el auto con el cadáver de Zelmar y de Gutiérrez Ruiz, Whitelaw y Barredo. Tuve acceso a una copia de los archivos de los servicios de inteligencia que lo seguían tanto acá como en Buenos Aires, que no solo revela cómo era seguido, sino que también, indirectamente, me ayudó a reconstruir sus pasos.

¿Qué dificultades te planteó el proyecto?

El trabajo fue creciendo en complejidad porque fui descubriendo ventanas y puertas que llevaban a otras ventanas y otras puertas. Tiré una gran red para alcanzar la mayor cantidad de datos y líneas que pudiera, y después me dediqué al proceso de selección en procura de un equilibrio entre el personaje público y el personaje privado.

Tuve la oportunidad de entrevistar a mucha gente que lo conoció, al expresidente Julio María Sanguinetti, el expresidente Jorge Batlle, el expresidente José Mujica, Mauricio Rosencof, gente que lo conoció además de su propia familia, amigos de la infancia, de la adolescencia y de la militancia política.

Si iba por el lado familiar, de testimonios familiares, me llevaban a amigos, en el terreno de la política, a correligionarios que estuvieron junto a él, y en el archivo hay muchísimos materiales… Pero Gerardo Caetano, el historiador que tuvo la amabilidad de hacer el prólogo para el libro, destaca que tiene la virtud de ser un trabajo equilibrado. Eso me satisface y creo que la gran pregunta de «¿quién era Zelmar Michelini?» queda resuelta en ese equilibrio.