Los hombres pasan con sus alpargatas rotas y sus bombachas remendadas, los niños corren descalzos con sus estómagos vacíos en el bullicio de la inocencia y las mujeres con su belleza marcada por el hambre, van en busca del pan que logran por el trabajo de sol a sol en los cañaverales.

Las aripucas abiertas por delante y por detrás dan cobijo a las familias que sueñan con comer más.
Aquí se peleaba la vida en todas sus dimensiones, no se conocía horario, no se conocía  la atención en salud, ni la vivienda, ni la enseñanza, éramos trabajadores que dependíamos de lo que el patrón imponía cada día.
El cobro de lo trabajado se hacía con papeles que se canjeaban en todos los negocios que pertenecían al mismo patrón, y como no teníamos plata no podíamos salir de la plantación, eran condiciones de esclavitud.
Se violaban todos los derechos de las personas, y lo único que se imponía era la explotación por los dueños de la tierra y de los cañaverales.
Un día la situación empezó a cambiar. Llega un hombre sencillo, sereno, humilde, de pocas palabras, pero cuando las usaba daban confianza.

Se empezó a abrir un camino de lucha y esperanza.

Yo conocí a Raúl Sendic, el Bebe, cuando andaba con mi padre en El Espinillar, con el compañero Jorgelino Dutra y el Manchado Peralta, e intercambiaban con los trabajadores de la zona la necesidad de organizarse y luchar unidos por sus derechos.
Por un trabajo digno, a comer todos los días, a tener acceso a la salud, a la vivienda y a la educación. Era lo que nos negaban los patrones y los políticos de turno.
Sendic siempre estuvo en primera fila cuando se trataba de reivindicar derechos junto a los trabajadores. Tenía un profundo convencimiento de revertir las condiciones de injusticia junto a nosotros.

En 1959 se organiza el sindicato de URDES (Unión de Regadores y Destajistas de El Espinillar), se hace la primera marcha que llegó hasta Paysandú y se logran las reivindicaciones que se pedían.

En 1961 se organiza UTAA (Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas).

Los grandes latifundios y la explotación de los trabajadores  rurales herían la dignidad humana y convertían la miseria en lazos solidarios de lucha para que la tierra sea de quien la trabaja.

Los trabajadores pobres no tenían fronteras y había un trasiego permanente en los cañaverales, en las arroceras y remolacheras con la participación de trabajadores rurales de Argentina, Brasil, Paraguay,  que permitía generar condiciones para organizarse y tomar conciencia de los caminos a seguir.

Pero también favorecía a una mayor explotación.

Las marchas a Montevideo tenían como respuestas de la mayoría del sistema político la negativa a nuestras justas reivindicaciones y lo único que obteníamos era represión, palos y cárcel.

En estas condiciones internas se empezó a gestar la lucha política y junto a Raúl Sendic se reclamó tierra para trabajar, se pidió por los latifundios de Silva y Rosas y Palma de Miranda, las treinta mil hectáreas para trabajarlas en forma cooperativa, la lucha por la tierra va a hacer la unificación no solo por un mejor salario y una vida digna sino por un cambio de relaciones de producción que garanticen el futuro de las nuevas generaciones.

Las formas organizativas que nos dimos para luchar por una sociedad justa, equitativa y solidaria se fueron adaptando a los momentos históricos junto a toda la clase trabajadora.

Muchos de nosotros fuimos integrantes del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros y enfrentamos la desocupación, el hambre, la muerte de los niños desnutridos por la opresión y la violencia de los de arriba.

Nos hicieron pagar con años de cárcel los derechos que nos pertenecen.

Por eso digo que el pensamiento de Raúl Sendic sigue vigente y vive en la lucha por la tierra y contra la pobreza.