Confesiones de un artista de la palabra

Maestro de varias generaciones de periodistas, César Di Candia cuenta en este libro los entretelones de su oficio

El libro de César Di Candia es, además de un estupendo manual de buen periodismo, un retrato de los principales actores y hechos sociales del siglo XX uruguayo.
Indudablemente atractivo, fresco a pesar de los años de algunas crónicas, el libro recoge varios reportajes hechos por el periodista para diferentes medios de prensa.

Pero no solo están esas entrevistas, se agregan también las impresiones personales de Di Candia: cómo le llegó la noticia, cómo se preparó para la entrevista, cómo queda su espíritu después de hablar con Juan María Bordaberry, con el padre Cacho o con los pacientes del Hospital Vilardebó.

Todo esto hace que el libro se disfrute de principio a fin, y que no sea una simple selección de artículos pretéritos. Dentro de los reportajes se filtran anécdotas, rasgos físicos, olores, tonos de voz, y gestos, que logran que el lector este prácticamente sentado en un sillón presenciando el diálogo que se relata. Viéndolo a pesar de que se lo cuentan.

Basta leer un fragmento de la descripción que hace del ex presidente Jorge Batlle, amigo desde la infancia compartida en el balneario La Paloma: “…aficionado a las sorpresas dialécticas, poseedor de un sentido del humor poco compartible, impulsivo, juguetón, autoritario, muy culto, soberbio, buen amigo, enemigo de cuidado…”. O dicho con más elegancia, “Si algo lo caracterizó toda la vida fue el aire de superioridad, que era hijo de su intelecto brillante y nieto del apellido familiar. Atado a esas dos riendas, su comunicación con el mundo nunca le fue fácil”.

En el otro extremo, la crónica sobre los enfermos psiquiátricos del Vilardebo y la colonia Etchepare y su calamitosa situación –humana, sanitaria, social, afectiva–, estremece y pone el dedo en la llaga. Di Candia cuenta como visitó por primera vez los nosocomios en la década de 1960 y el horror que se encontró puertas adentro. Ya en el año 2000, el periodista volvió solo para comprobar que todo seguía más o menos igual.

Reflexiona entonces que en los cuarenta años que median entre una visita y la otra, han desfilado decenas de ministros de salud, y que ninguno, además de no haber encontrado una solución al problema, tuvo la decencia de dimitir.

Impresiona también la historia sobre la muerte de Villanueva Saravia, que en pocas páginas se revela como una diminuta novela policial, de tintes trágicos, digna de ser filmada.
El pueblo chico que se revela como un infierno grande, la maldición de un apellido caído en desgracia, y la sordidez espeluznante que rodeó al caso, son contados por  Di Candia con mano de artista.

Otra característica del libro, o del autor, es que practica un periodismo de seguimiento, que no deja morir la noticia, y que la amplía, según la necesidad, hacia atrás o hacia adelante.
La visita a los hijos del dictador Terra, dos ancianos de más de ochenta años, es un ejemplo de ese tesón que desafía al tiempo.

Aquellos dos hermanos que se definían como “clase media inferior”, venidos a menos a pesar de ser hijos de aquel Terra que supo ser un hombre poderoso y acaudalado, conmueven. Sobre todo cuando le piden antes de despedirse: “Ponga que papá murió pobre, no se olvide”.

Oficio de periodista es un libro ameno, inteligente y sencillo. Características que también definen a su autor.

Fuente: El Observador