A mediados de los 80 un grupo de jóvenes encabezó un movimiento único. Atrevidos, inconscientes, inocentes y desorganizados. El rock resultó una causa común y contagiaron a cientos que los siguieron, entusiastas, bailando con ellos al pie de un escenario, comprando sus discos y coreando sus canciones. La música fue la excusa perfecta, pero aquello fue mucho más que simplemente un fenómeno musical. Porque, agazapado entre sus acordes, se escondía un impulso irrefrenable de decir cosas; una necesidad vital de expresarse.

De la noche a la mañana las calles de Montevideo fueron transitadas por un minúsculo pero llamativo ejército de punks, metaleros y new romantics. Los nuevos músicos se estrellaron contra un sector del llamado canto popular —que los recibió facón en mano—, contra una sociedad a la que le costó entenderlos y contra la indiferencia de muchos otros miles de jóvenes —sus coetáneos pero no sus compañeros de ruta— que los miraron con desconfianza. Desvanecidas las amarras que los unían al “viejo rock uruguayo”, los nuevos rockeros decidieron cantarle sin atajos ni prejuicios al mundo que los rodeaba. Se impusieron una entrega reverencial y lo intentaron infinita cantidad de veces. Hubo enojos y disfrute y marchas y contramarchas; intentos fallidos, aciertos, emociones, insultos, trompadas y egos destemplados. Pero a pesar de todas las adversidades, aquellos músicos incipientes marcaron en rojo el almanaque de la historia de la música uruguaya. Hoy, sus discos —grabados en condiciones de fábula— son objeto de culto y la herencia tangible de que quizás todo aquello no haya sido en vano.

Este no es solo un libro de música, sino una reconstrucción histórica de un tiempo y sus principales personajes; un relato que reúne casi 30 entrevistas —entre músicos, periodistas, productores, fotógrafos, diseñadores y mánagers—, es decir, los testimonios de quienes le pusieron alma y cuerpo a aquel movimiento irrepetible y espontáneo. Testimonios que recrean, a 30 años de sucedido, un movimiento cultural que el tiempo está empezando a poner en su justo lugar.

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Dicen los entrevistados en el libro:
«Hoy escucho los discos de Los Estómagos y suenan horrible, pero están mejor que cualquier disco de rock argentino de esa época. Porque te dicen muchas cosas».
(Gustavo Parodi, Los Estómagos)
«Hubo músicos que decían, y algún día habrá que comentarlo con nombre y apellido, “ahora vienen Zitarrosa y Los Olimareños, ¿y qué vamos a hacer nosotros que la peleamos desde adentro?”».
(Alfonso Carbone)
«La música me salvó de matarme».
(Juan Casanova, Los Traidores)
«Si tengo algo para decir con orgullo del Cuarteto es que desde el primer recital que hicimos nunca perdimos plata».
(Roberto Musso, El Cuarteto de Nos)
«Las composiciones de Los Traidores eran muy buenas y eso nos obligaba a nosotros a hacer las cosas bien, tipo, “¡qué hijos de puta, que buenas canciones que hacen!”».
(Gabriel Peluffo, Los Estómagos)
«Me considero muy afortunado porque ahora tengo 49 años y hay músicos que no conocen todo eso de ser famoso, vender muchos discos, tocar en muchos lados, que la gente venga y te hable y te trate bien o te diga, “pah, loco, mata tu música”».
(Renzo «Teflón» Guridi, Los Tontos)
«Me arrepiento de, en aquellos tiempos, haberme tomado demasiado en serio todo este asunto de la banda y haberme peleado con algunos músicos o alguna cantante que no merecía tanta pasión de mi parte».
(Tabaré Rivero, La Tabaré Riverock Banda)

Mauricio Rodríguez (Montevideo, 1971). Periodista, técnico en Comunicación Social y docente de periodismo. En 1998 fue uno de los ocho alumnos que recibió una beca a la excelencia académica y cursó la Licenciatura en Comunicación Periodística de la Universidad ORT. Ha publicado trabajos en diferentes medios escritos (diarios El Observador y El País, revistas Freeway, Libroguía y Actitud y semanario Brecha) y ha colaborado con distintos medios radiales (CX 16 Radio Carve, FM Total y CX 46 Radio América, entre otros). También ha publicado artículos en el sitio web argentino Mirador Nacional. Desde 2004 es coordinador responsable y docente del curso de periodismo del Instituto Bios. En ese marco, ha organizado durante dos años (2007 y 2008) una serie de jornadas de debate periodístico denominadas “Maten al mensajero… pero antes escúchenlo”, y también un concurso de periodismo joven.

En el 2006 publicó el libro El caso Gelman. Periodismo y derechos humanos (ediciones Cruz del Sur), y al año siguiente fue editor general y director periodístico de la revista Campus, una publicación del Banco Santander. En el 2009 publicó, junto con el periodista Raúl Ronzoni, el libro de entrevistas Viejos son los trapos (Saga Ediciones) y en el 2012 —también con Ronzoni—, ¡Vidas bien vividas! (Editorial Fin de Siglo).

Creó y dirige, junto con la licenciada Leticia Fernández, el centro de capacitación profesional Feedback. Allí se organizan talleres sobre periodismo, comunicación, cultura, recursos humanos, emprendimientos y empresas.

Es dibujante y toca la batería.