Luis Suárez es un milagro que corre sin pensar en su rodilla, que apunta y pone el cabezazo o el derechazo en el fondo de la red. Menos de un mes después de su operación, volvió a la cancha para convertir dos goles, devolver los sueños uruguayos y prácticamente liquidar la chance inglesa. Pero detrás de ese milagro estuvo un equipo que volvió a ser el de siempre, intenso y generoso. Y más allá de los futbolistas que dejaron su sudor sobre el césped del Arena Corinthians para respaldar la tarea del goleador, estuvo también toda la organización del maestro Tabárez. Estuvo Walter Ferreira, un rostro hasta ahora desconocido que Suárez puso en el primer plano de las pantallas del mundo al abrazarlo tras el primer gol. Ferreira también es responsable del milagro: es el kinesiólogo que tomó en sus manos la responsabilidad de llevar a Suárez de una silla de ruedas hace 28 días a esa carrera inmortal rumbo al gol, cuando caía la tarde en San Pablo. En el momento de euforia, Luis supo acordarse de él.