El 21 de octubre de 2011 aparecieron los restos de Julio Castro en el Batallón 14 (Canelones), con un agujero en el cráneo.
Una mañana de agosto de 1977, el maestro Julio Castro fue secuestrado por la dictadura en la esquina de Rivera y Soca. Ese día comenzó la búsqueda que relata esta historia. Fueron 34 años sin saber ni dónde, ni cómo, ni por qué. Su esposa, Zaira Gamundi, esperó su regreso hasta mediados de la década del 80 y mantuvo intactos los objetos que su esposo había dejado sobre mesas y escritorios. Sus amigos y sus hijos, apenas vieron su foto en los diarios de setiembre, comprendieron que Castro había muerto.
Maestro apreciadísimo y periodista destacado, Castro había estado enviando información al exterior sobre el régimen cívico militar, había escrito cartas, grabado cintas y elaborado
documentos sobre lo que estaba sucediendo en el país.
Militantes, policías, familiares, abogados y amigos cuentan en primera persona qué fue lo que ocurrió aquel día y qué les pasó a ellos mientras Castro no estuvo.
 

Pablo Manuel Méndez nació en 1980, en Montevideo. Estudió periodismo en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica.
Dirigió talleres de comunicación en el marco de Extensión Universitaria y en el Instituto de los Jóvenes (IDEJO).
Escribió en el Semanario Rumbosur (2006-2007), en la sección Internacionales del diario Crítica de la Argentina (2008-2010) e integra la redacción de Montevideo Portal desde 2004.
En 2007, publicó Temprana Impostura, la historia del falso médico de 20 años (Ed. Fin de Siglo).

1 comentario
  1. Alberto GUIGOU
    Alberto GUIGOU Dice:

    EStimados:
    Días atrás conversaba con una joven de 30 años y me comentaba que en su casa nunca se había hablado de lo sucedido en el país, es más, vive a metros de familiares de Julio Castro y no sabía de lo que había pasado a esa familia.
    La verdad de que Uruguay tenemos un gran “debe” con mantener la memoria viva, empezando por algunos sindicalistas que se agarran a las piñas delante de la Biblioteca Naciona o algunos políticos – de todos los partidos – discutiendo cosas menores, en luga de pensar en el país y la necesidad de valorar lo importante que es vivir en un estado de derecho. En fín, no me quiero ir del tema pero la verdad es que la ejecución de Castro hace temblar en lo que implica la falta de garantías y derechos constitucionales. No juguemos a la democracia, que nadie diga todos son iguales … Felicitaciones por la obra.

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