Juan Martín Posadas

         En el correr del año pasado fueron apareciendo, uno tras otro, los tres tomos de “Los Avatares de una Polis Golpeada”, extenso y novedoso estudio del Uruguay contemporáneo y sus raíces, elaborado por Amparo Menendez Carrión. Esta profesora es nacida en Uruguay, nacionalizada en Ecuador y trabaja en Tokio. La imponente obra –casi dos mil páginas- lleva como subtítulo: “Memorias de Ciudadanía, la experiencia uruguaya” y proviene del sello editorial Fin de Siglo.

         Mi propósito al escribir estas líneas  no es hacer una reseña del libro ni un análisis pormenorizado del pensamiento de la autora (como ciertamente la obra y la autora merecen) sino tomar un par de puntos que me llamaron la atención y someterlos aquí a la atención del sacrificado lector.

         El enfoque general del libro me parece francamente novedoso. Contiene una base teórica muy original (para los uruguayos) y un trabajo de campo de varios meses. Es posible que la originalidad de la obra responda a la extranjería de la autora, que lleva casi cuarenta años fuera del país. Se nota claramente una libertad de compromisos así como una independencia de lealtades políticas domésticas, lo cual no es fácil de encontrar en buena parte de sus colegas uruguayos. Pero, como contraste, al reposar gran parte de su investigación sobre testimonios selectos, se trasluce que dichos testimonios (ofrecidos a la autora al desembarcar o procurados por ella según su criterio particular, no lo sé) le dan al material trabajado por un lado una gran homogeneidad y, por el otro, cierta estrechez.

         Me llamó la atención –y es uno de los puntos que quiero analizar en beneficio del lector de estas líneas- la descripción que la autora hace-recoge de la situación de la polis en el Uruguay de hoy (una polis golpeada como reza el título). Es una descripción de nostalgia, de evocación melancólica de un país mejor que quedó atrás y de lamento por su decadencia y su pérdida. La autora, en un ángulo de enfoque que comparto, hace énfasis y da adecuada importancia a las narrativas. Habla de haber encontrado en los testimonios que recogió “narrativas deterministas del estancamiento”. Recibe el relato de un presente disminuido respecto al pasado. Ese pasado no es el pasado inmediato sino más lejano, el de “tres o cuatro décadas atrás”. Y agrega: “la apelación al pasado comparece como estrategia narrativa para situar el mayor obstáculo para confrontar el presente desde una perspectiva orientada al futuro. Y ese obstáculo mayor no es otro que… la cultura de los uruguayos” (cursiva en el original).

         El Uruguay que la autora encontró (años del gobierno de Mujica) y analiza extensamente es un Uruguay desencantado de su presente y prendido a la nostalgia de un referente extraviado mucho tiempo atrás; además, sin muchas ilusiones de ser recuperado (siempre la idea de recuperar y no de crear). “Ese malestar remite a la inconveniente presencia de un pasado que impugna al presente (El Uruguay no es lo que solía ser) y frustra el futuro, i. e. debilidad o ausencia de caminos hacia un “cambio significativo” más allá de ciclos económicos favorables” (Cap. VI, Narrando el Presente).[1]

         Lo que me llama la atención es que los testimonios sobre los cuales la autora se apoya (están identificados recién al final de la obra) son casi todos frenteamplistas, algunos incluso integrantes de los equipos gubernamentales. Esos uruguayos desencantados con el presente (presente que ha sido un tiempo de predominio neto del Frente Amplio, con mayorías absolutas y condiciones económicas favorables hasta hace poco, es decir con el campo abierto para cualquier realización). Y, sin embargo, retienen como ideal y como paraíso perdido aquel Uruguay de antaño, que fue construido por otros, los partidos históricos, y donde la izquierda tenía poca influencia y poco lugar. Resulta asombroso y la autora no oculta su perplejidad.

         El asombro no termina allí: en este caso será mi asombro. En esta extensa investigación casi no aparecen los tupamaros y la guerrilla. Todos los lectores recuerdan que en los años sesenta se creó un movimiento guerrillero con la finalidad de derribar por las armas al gobierno legítimo del Uruguay de aquel tiempo. Con el correr del tiempo ha ido quedando cada vez más claro el disparate tupa, su error de percepción histórica, su equivocado análisis de los males del Uruguay (la revolución imposible, según A. Lessa) y su atroz final. Pero –y aquí viene lo que quiero comentar- en los tres tomos de la autora no se encuentran sino fugaces menciones de un movimiento guerrillero que era noticia en todo el mundo, que puso en jaque a la policía y al gobierno de ese tiempo, que generó en el país una épica tupamara que ocupó el imaginario colectivo del Uruguay durante unos pocos pero muy intensos años.

         Me inclino a imputar esta falencia al aporte de los testimonios en que se basa la autora. Me consta que buena parte de la izquierda uruguaya, no obstante haber mirado con simpatía el camino de las armas, ahora (quizás visto su nulo beneficio y el dolor que sembró) han borrado este episodio histórico de su memoria. El relato, que han acomodado a las necesidades de un Frente Amplio ganador de elecciones y de gobierno democrático, es el siguiente: aquel Uruguay del pasado dorado se fue cayendo a pedazos por culpa de los partidos históricos y la decadencia generó un golpe militar; los tupas vinieron después para enfrentarse a la terrible dictadura militar y pelear contra ella. El propio Mujica ha desmentido la fábula al confesar el su biografía Pepecoloquios que lo único que lamenta de su pasado es no haber podido luchar contra la dictadura militar por hallarse preso.[2]

El libro de Menendez Carrión, como se ha dicho más arriba, no se agota en los puntos que he comentado. Su horizonte de interés está en la descripción y el original análisis del Uruguay “un pequeño país anclado a la narrativa de un Estado de bienestar”, en palabras de la propia autora. Los dos conceptos recorren todo el libro: país anclado, por un lado, y por el otro la importancia de las narrativas, el relato como construcción social.

         También resulta sumamente interesante la percepción de la autora referente a un Uruguay contemporáneo  en el cual el pasado pesa tanto pero en el que se verifica, a la vez, un encogimiento de la memoria, el cual deja espacio para otro relato. De este proceso nace lo que la autora llama “bruma discursiva” que le resulta típica del Uruguay contemporáneo. Es “un paisaje narrativo concreto en el cual una lógica hegemónica de larga data había sido desplazada mas no reducida a la insignificancia ni  tampoco reemplazada por una contra-lógica capaz de asir el terreno y (re) estabilizarlo a su favor”. (cursivas en el original).

         Esta importante obra –tres gruesos tomos- tendrá, por su densidad,  una asimilación lenta al flujo de la reflección nacional. Es probable que también contribuya a ello el hecho que la autora, aunque uruguaya de cuna,  provenga del exterior y piense sin ataduras de pertenencia a las corrientes o capillas o centros de estudio con domicilio mental muy uruguayo, como son las actualmente más visibles a través de los medios de comunicación y de la proximidad con el personal político del Frente Amplio. Pero su contenido y su ángulo de visión tienen suficiente mérito y sustancia como para que, poco a poco se vayan haciendo oír (a pesar del previsible fastidio que, preveo, ha de generar en algunos).

         “Los avatares de una polis golpeada” es un libro importante que nos ayuda a conocernos más y comprendernos mejor. Nuestro país ha sido efectivamente golpeado y existen varias confusiones respecto a la naturaleza de los golpes, sus causantes, sus intérpretes y sus consecuencias actuales. Tenemos mucho análisis pendiente.

[1] La autora recoge estos testimonios (entrecomillados en la cita) en momentos en que el Uruguay goza de una bonanza económica fenomenal (de ahí la mención a ciclos económicos favorables). O sea, eso es lo que dice de sí el Uruguay de los años de bonanza económica y gobierno frenteamplista.

2  Ver J.M. Posadas “La Historia Domesticada” para un análisis más completo de los convenientes retoques a las fotos del pasado reciente que se han hecho o mandado hacer  desde el  Frente Amplio y/o el gobierno.


Cuando la ideología juega malas pasadas
Respuesta a los comentarios de Juan Martín Posadas

 

Gustavo Melazzi

 

1)   En la edición de Voces del 7 de abril de este año, JM Posadas comenta algunos puntos del libro de Amparo Menéndez-Carrión. Concuerdo con su opinión de la importancia de la obra; su “contenido… mérito y sustancia”, en tanto aporte al análisis de la sociedad uruguaya. Muchos debates nos esperan centrados en su riqueza y rigor de investigación –ojalá-, máxime cuando es de resaltar su originalidad. Desde Carlitos Real de Azúa es difícil encontrar tales niveles.

 

Al leer, es lógico, cada lector, analista o investigador “filtra” los textos según su ideología; enfatiza aspectos; descarta otros… y así sucesivamente. De todas maneras y a pesar de estas orientaciones propias, es básico respetar al autor(a), tratar de aprehender con fidelidad sus propuestas centrales; con mayor razón aún cuando se le critica.

 

2)   De manera muy pertinente, dice JM Posadas que tenemos “muchos análisis pendientes”. Pero para debatir, no parece correcto enfatizar un carácter de “extranjera” de la autora. Si bien es uruguaya, luego de su juventud pasó más de cuarenta años fuera, pero regresó en varias ocasiones; nueve años atrás publicó un libro sobre la polis en este país[i]. Desmerecerla por “extranjera” implica pensar que sólo puedan opinar los que aquí viven; aquella vieja y retrógrada idea de “qué me vienen éstos a decir…”. Un provincianismo sin sentido. Basta leer el libro para apreciar su enorme conocimiento del país.

 

   Para debatir, reitero, es imprescindible el respeto al autor(a). Al leer a JM Posadas, mucho me extrañó cuando mencionaba la “melancolía” por el pasado que trasuntaba la obra; que ese pasado “era un freno”, o el “lamento por lo que fuimos”.

 

Según mi cuidadosa lectura, en la obra esto no es así. Muy por el contrario, Menéndez-Carrión dice y reitera muchas veces que el análisis de ese pasado permite detectar claves para el futuro. Que para construir éste, ese pasado nos aporta pistas que no podemos ignorar, máxime cuando fuimos capaces de lograr una polis con muy destacados valores. Ella rechaza explícitamente la melancolía. Y su énfasis permanente es la necesidad de poner en valor la polis como objetivo de un futuro prometedor.

 

Pero JM Posadas coloca citas de la autora; destaco, ejemplo: “la apelación al pasado comparece como estrategia narrativa para situar el mayor obstáculo para confrontar el presente desde una perspectiva orientada al futuro. Y ese obstáculo mayor no es otro que… la cultura de los uruguayos (cursiva en el original)”.

 

La cita suena contundente. Pero mi extrañeza llevó a verificarla. Mi sorpresa fue mayúscula: la cita NO es de la autora sino de uno de los entrevistados. La propia autora la coloca entrecomillada (véase Tomo II, pág. 19). La cita (y otras frases) forma parte del capítulo donde la autora habla de “los rasgos” de los entrevistados (a quienes  cita cuidadosamente).

 

Inadmisible entonces, y por demás incorrecto y falta de respeto, que JM Posadas realice los comentarios sobre algo que le atribuye a la autora.  Ella; el rigor del libro; la profundidad y originalidad de la investigación y de la obra, no lo merecen. Tampoco Voces.

 

3)   ¿El resto del artículo? Son, entonces, sólo opiniones de JM Posadas, a la luz de su (respetable) ideología. Veamos algunos aspectos, incluso contrastándolos –en lo que me sea posible- en la medida que puedan ayudar a vislumbrar una real y más general comprensión del trabajo y fomentar su lectura.

 

  1. a) De los entrevistados, el articulista anota (y reprocha) que la mayoría se declaren del FA y, por lo tanto, estrechan el enfoque y resguardan al gobierno. Pero la autora, luego de desmenuzar y analizar a fondo sus declaraciones (una verdadera enseñanza de cómo entrevistar y sistematizar), anota que los de izquierda son una minoría. Además, una lectura global permitiría al articulista encontrar una larga serie de “palos” al gobierno, con énfasis en la administración municipal de Mvd. Por otra parte, muchos de los propios entrevistados que declaran ser de izquierda (y algunos ejercer cargos de gobierno)  manifiestan su pesimismo sobre la situación; lo hacen en las primeras declaraciones, y acentúan esta característica al volver a ser entrevistados años después.
  2. b) Al articulista no le satisfacen las declaraciones de que en el largo plazo Uruguay esté “estancado”. Es lo que declaran, no es la autora. Pero: ¿acaso piensa el articulista que no lo está? ¿O su único y excluyente criterio para evaluar es la tasa de crecimiento del PIB?
  3. c) Se maneja también con claros criterios ideológicos cuando se asombra de que en la obra casi no aparece la guerrilla tupamara. A ella atribuye todos los males, y llega al extremo de fabular al escribir que “el relato… acomodado al FA… [el golpe militar] … los tupas vinieron después para enfrentarse a la dictadura militar”.

 

Pero el articulista también debería sorprenderse (no lo hace) de que en la obra muy pocos pasajes refieren a la dictadura cívico-militar. Esto indica su escasa comprensión del análisis del proceso social que realiza Menéndez-Carrión. A ella, la guerrilla y la dictadura  le importan en el largo plazo; las razones por las cuales esas etapas resultan hitos dentro de tendencias de los procesos sociales, así como sus resultados en el área que le interesa. En estos procesos, cuarenta años de ninguna manera es  “lejano”, como lo califica JM Posadas.

 

  1. d) También nos ilustra de sus ideas sobre los procesos sociales cuando escribe que “en el Uruguay contemporáneo… el pasado pesa… pero… se verifica un encogimiento de la memoria, el cual deja espacio para otro relato” [las actuales concepciones]. En Memorias de Ciudadanía no se habla de ningún “espacio”. En un muy original apartado, la autora trabaja una metáfora tremendamente ilustrativa: se trata de una batalla, con sus ejércitos a la ofensiva y otros a la defensiva, incluyendo los territorios aparentemente neutrales. En breve: la ofensiva de las concepciones neoliberales contra los valores de la sociedad integrada, igualitaria (con todos los defectos que ella señala).

 

4)   Para finalizar, anoto algunos elementos que apuntan al cerno de la propuesta de Memorias. Para redondear ideas, y para estimular el estudio de un trabajo imprescindible (que no tiene 2.000 págs. como dice JMP).

 

En primer lugar, el articulista afirma que Uruguay “fue construido… por los partidos históricos”; no intento retomar una discusión hace años saldada, sino para contraponer su significado con el que guía Memorias.   Lo que pretende la afirmación de JMP es limitar, secuestrar las actividades políticas al parlamento, a los políticos y a los partidos. Precisamente, con base en pensadores de talla internacional, Menéndez-Carrión asume un concepto más integral, ya que a diferencia de la política, en lo político la vida cotidiana importa, y pesan las actitudes de los movimientos sociales, las maestras, los clubes de barrio, los bares, la cultura y tantas otras. Frente al “no se metan”, en Memorias todo esto importa y se defiende; es la polis.

 

Luego, las claves que caracterizan a la polis, sistemáticamente destacadas en la obra, son el pluralismo y el igualitarismo (y no las que señala el artículo).

 

Estas claves son elementos que, en buena medida, pautaron la sociedad uruguaya hace cincuenta y sesenta años. Pero reconocerlo no es un lamento; no es para desempoderar el presente, sino para ver de qué fuimos capaces como pueblo, y alentar motivaciones y luchas por el futuro.

 

El libro, por último, en su originalidad desmonta, desvela, aspectos del “sentido común”, como ser: “el país de la clase media”; “el gradualismo uruguayo”; “el ‘centro’ político”; “los pragmáticos”, y varios otros.

 

Vale mucho la pena.

 

[i] Destaquemos: ex Directora de FLACSO; publicaciones internacionales de todo tipo; condecorada por Michelle Bachelet. 


UN LIBRO IMPORTANTE

Juan Martín Posadas

        En VOCES del 25 de mayo aparece un artículo de Gustavo Melazzzi titulado: “Respuesta a los comentarios de Juan Martín Posadas” y abajo “Cuando la ideología juega malas pasadas”. En él hay varias referencias en tono crítico a un artículo mío en el que expuse reflexiones sobre el libro de Amparo Menéndez Carrión titulado “Los avatares de una polis golpeada”. Todo el primer tercio del texto de Melazzi está dedicado a su enojo porque, según él, yo le falté el respeto (sic) a dicha autora al señalar su condición de extranjera. Empezamos mal con Melazzi.

Ser extranjero, tener esa condición, no es ningún baldón. A algunos les gustan los extranjeros, otros les temen y rechazan; a mí ni me va ni me viene que un  autor sea extranjero o no. Sólo una mente afectada de xenofobia o chauvinismo puede considerar insultante o falta de respeto aludir a esa condición. La Dra. Menéndez Carrión, autora del libro que yo comenté, nació en Uruguay, está nacionalizada en Ecuador (o sea también es ecuatoriana y, por las dudas, tampoco eso sería in insulto), pasó casi toda su vida fuera del Uruguay y hoy vive y enseña en Tokio. ¿Entonces? Agrego, de paso, que la condición de extranjero no es impedimento para una acertada aproximación y comprensión de una realidad nacional ajena al lugar de nacimiento o residencia. El más agudo y penetrante análisis de Estados Unidos, de la idiosincracia de ese pueblo, sus defectos y virtudes, se debe al francés Alexis de Tocqueville en su famosa obra “La Democracia en América” De manera que: falta de respeto, nada.

          Otra enmienda que me hace Melazzi es que cuando digo que la obra de Menéndez Carrión llega a las dos mil páginas, él puntualiza que eso no es cierto. Acá tiene razón: sólo son mil quinientas. ¡Importante!

        Pero los tres tomos de Menéndez Carrión tienen suficiente enjundia como para que yo retome aquí mis comentarios y añada a las reflexiones de mi primer artículo algunas más. La autora preparó este libro sobre la base de extensas investigaciones de campo y también sobre los testimonios de aproximadamente medio centenar de uruguayos, residentes en el país y seguramente seleccionados como representativos de lo que es y siente el Uruguay de hoy. Al ser representativos del Uruguay se puede deducir que, al igual que el Uruguay, cerca de la mitad sean frenteamplistas. En caso de que el sacrificado lector sospeche que exagero (como me increpa Melazzi) puede consultar los nombres, ya que estos figuran al final de la obra, y así salir personalmente de dudas. También puede leer en la obra: Tomo II, “Narrando el presente”, que “con tan sólo una excepción (Entrevista 62), ningún entrevistado se admitió afín al centro-derecha y, menos aún, a la derecha”.

        Lo que a mí me llamó la atención en esos testimonios recogidos por la autora es que en ellos (muchos de ellos frentistas y algunos integrantes de los equipos de gobierno) persiste la memoria de un Uruguay mejor ubicado en el pasado; no el pasado inmediato –digamos comienzos del siglo XXI- sino un pasado de cuarenta o más años atrás. Me sorprende por dos razones. La primera: que el presente que estos testimonios evalúan como insatisfactorio e inferior al pasado es el presente de la izquierda dominante, de los gobiernos del Frente Amplio con mayorías parlamentarias absolutas, de su hegemonía cultural, es decir, el Uruguay fruto, obra y/ o resultado del predominio de la izquierda y del Frente Amplio. La segunda razón de mi sorpresa es que el Uruguay de antes, el que brilla en la memoria y recuerdan con nostalgia esos testimonios, es un Uruguay donde la izquierda pesaba o influía mucho menos y donde las formas de convivencia que había (la construcción de polis, en palabras de la autora), el discurso aceptado, provenía de los partidos históricos y también de gente sin partido pero matrizada en una cultura y unas vivencias cívicas ajenas a la izquierda y, podría decirse, antimarxista.

        Todo eso me revela a mí un desencanto y un desconcierto que –creo- no debe ser minimizado y es menester investigar y analizar para comprender al Uruguay de hoy (frentista), tan cautivo de la nostalgia como siempre,  un Uruguay que sigue sustentándose en una cultura de la repetición. Vayamos al texto de Menéndez Carrión: I. “Situando la condición presente” donde la autora nos da su clasificación de los relatos: “Primero; el hilo conductor de los relatos está enteramente (cursivas en el original) construido en términos comparativos. Segundo: para situar el presente las narraciones comparativas (38/44) recurren a semejanzas y diferencias de orden internacional o interregional. Tercero: las comparaciones longitudinales (presente-pasado) son una constante en el universo interrogado (39/44). Cuarto: si bien los entrevistados están al tanto de las proverbiales estadísticas y ranqueos que sitúan al Uruguay en términos nada desdeñables, esos datos no parecen resultarles demasiado convincentes a la hora de narrar “lo que realmente importa” sobre la condición presente”.

        Vuelvo a destacar la originalidad de este libro de Menéndez Carrión. Su visión y análisis del Uruguay –polis golpeada como lo llama-  no está edificada sobre números, estadísticas, gráficas y porcentajes –universo medible en cifras- sino que se apoya en algo más fluido, en mi opinión mucho más adecuado para captar el alma de un pueblo, vertido en sus relatos: la forma de decirse, el discurso puesto en obra, la gramática social, la sintaxis de una sociedad que se dice a sí misma y en ese decirse se va construyendo, edificando sus ciudades (ámbitos de convivencia), dictando sus leyes (organización institucional de su convivencia) y consolidándose en el proceso.

        Sigo pensando, con todo, que este formidable tratado tiene una carencia, como lo expresé en mi artículo anterior: menciona casi al pasar y no toma en cuenta en el relato de la polis y en la prolongada construcción de su “gramática” pluralista a través de los años, el episodio de la guerrilla. Todos recordamos –si no nos hemos propuesto el olvido como refugio político- que a principios de los años sesenta ya funcionaba un movimiento guerrillero empeñado en derribar al gobierno democrático de aquellos tiempos y hacerse del poder por la fuerza de las armas. Con el correr del tiempo ha ido quedando cada vez más a la vista el disparate tupa, su error de percepción histórica (advertido hasta por el Che en su discurso en la Universidad), su equivocado análisis de los males que padecía el Uruguay (Cfrt. A. Lessa “La revolución imposible”, H. Gatto “El cielo por asalto”) y su atroz y definitivo final. Estos episodios no reciben en los tres tomos de la obra la atención que creo que merecen. No se le otorga importancia a un movimiento guerrillero que se había hecho famoso en todo el mundo, que había tenido en jaque a la policía, que sacudió la vida cotidiana de los uruguayos y que generó un relato épico destacado en el imaginario colectivo de aquel Uruguay.

        Termino reiterando la valoración de la obra de Menendez Carrión expresada en mi primer artículo: se trata de un libro importante. Me confirmo también en el vaticinio de que, en virtud de la libertad de la autora, su ausencia física del medio intelectual local, sus capillas y cenáculos, iba a generar fastidio en algunos.

        Por último una referencia a mi contradictor. No conozco a G. Melazzi pero percibo que es un académico, un intelectual. Lo supongo un intelectual de izquierda, de auténtica izquierda. De hecho (o hasta hace poco tiempo) eso era condición indispensable: si no eras de izquierda no serías reconocido como intelectual. Los intelectuales frenteamplistas habían conseguido lo mismo que los bodegueros franceses consiguieron para sus vinos: una “appellation controlée d´origine”. El tiempo ha ido corroyendo ese enunciado. Le pasa lo mismo que aquello de que si es de izquierda no es corrupto y si es corrupto no es de izquierda. El tiempo es implacable.


Para no irnos por las ramas

Gustavo Melazzi           

Es bastante probable que, a esta altura, el lector no ubique bien mi controversia con Juan Martín Posadas (JMP) acerca del importante libro de Amparo Menéndez-Carrión. Ella realiza una amplia, rigurosa y muy original investigación sobre la polis[1] uruguaya, desde los tiempos de la colonia hasta 2012.

   Coloca su énfasis en explicar las características y factores que permitieron desarrollar desde las primeras décadas del Siglo XX hasta los años sesenta una sociedad con grandes virtudes por su avance cultural, integración social, brindar posibilidades, variadas formas de participación, etc. Sin idealizarla; anota que logró constituir una polis que soporta luego una ofensiva de valores individualistas, autoritarios, destructores de “lo colectivo” y lo político, en su acepción más amplia.

   Si bien le reconoce méritos, JMP critica el libro, lo que motiva mi respuesta en Voces del 25 de mayo, y la réplica de JMP el pasado 2 de junio. Mis disculpas al lector (esta será mi última participación al respecto), pero trataré de aclarar brevemente algunas afirmaciones de esta réplica.

   Primero, JMP señala que “empezamos mal”, porque dice que estoy “enojado” porque le atribuyo una crítica a la autora por ser “extranjera” (no vive aquí, pero es uruguaya y permanentemente visita el país), negando que, por esto, él la hubiera desmerecido. Pero si esto es así: ¿por qué en su crítica al libro reitera la calificación de “extranjera”?

   Y antes de entrar a lo importante, JMP se refiere a mi “enojo”. En pocas palabras; la autora es “extranjera”, y yo estoy “enojado”. No es recomendable calificar; sólo es síntoma de no tener argumentos

   En segundo lugar, podríamos decir que, en verdad, quien “empieza mal…” y termina peor, es el propio JMP. Un comentario central que le hice fue que no respetaba a la autora porque para elaborar su crítica al libro, le atribuía  una frase que no era de ella sino de uno de sus entrevistados.

   Sorpréndase, amigo lector; si bien JMP escribe una página completa, ni una palabra refiere a este error garrafal; habla de otras cosas.

   No es nada menor. JMP criticó a la autora por la “melancolía” de aquel período de la polis; por señalar que ese pensamiento era el principal obstáculo para entender el presente y una parálisis hacia el futuro. Pero esto es exactamente lo contrario de lo que la autora desarrolla en el libro,  ya que –como señala- el pasado no debe desempoderar el presente.

   También critica JMP por “tendenciosos” a los entrevistados para el libro refiriéndose a la lista que figura al final, pero debería leer el texto con cuidado; los entrevistados son muchos más. Y reitera otros aspectos más directamente ideológicos, que sólo repiten los comentados en mi artículo anterior en Voces.

   En definitiva, Memorias de Ciudadanía es un libro fundamental para quienes preocupe el presente y el futuro del pueblo uruguayo. Su enfoque de la experiencia uruguaya de la polis, con la participación de todos; en todos los planos; en todas las actividades; con las claves de pluralismo e igualitarismo, nos aporta imprescindibles pautas para actuar.

[1] Retoma conceptos de autores como J. Habermas; A. Harendt y otros, a quienes comenta y, a su vez, enriquece.