Fulminante visión de la peor política

Jorge Esmoris, como una vez dijo el fallecido hombre de teatro Andrés Castillo, es un verdadero animal del escenario. Y, siguiendo con las citas, Fernando Peña, el también fallecido actor rioplatense, decía que un artista de la escena se puede dar por satisfecho cuando puede escribir un libro, dirigirlo, y actuarlo, obteniendo como respuesta un teatro aplaudiendo de pie.

CARLOS REYESlun dic 22 2014

Conjugando ambas citas, Esmoris es capaz de eso: de idear y representar un espectáculo unipersonal, y obtener el aplauso unánime. Ahora, la editorial Fin de Siglo lanzó Esmoris Presidente, que lleva a los lectores la gracia de este animal del humor.

De ágil lectura (tanto por su centenar de páginas como por cómo está escrito), este material humorístico transita por un formato que el actor ha llevado infinidad de veces al teatro: la parodia del candidato presidencial, asunto que da pie a desarrollar un mar de temas, que van desde los asuntos sociales y políticos, hasta los publicitarios y psicológicos.

El primer mérito del libro es que está bien escrito (también aparece Laura Falero como coautora), y el segundo es su división en muy breves partes, que permiten leerlo incluso desde una concentración ligera, de playa, casi como una revista de humor. El formato, que apela muchas veces al discurso (burlándose de la arenga política), establece una comunicación directa con el lector, al que el autor se dirige un poco como cuando habla con el público.

La ironía está presente desde la primera hasta la última página, pero también los juegos de palabras y el delirio surrealista. Junto a eso, o desde allí, parte una mirada hacia lo social, que pinta con comicidad a la sociedad uruguaya. Pero lógicamente, sus dardos se dirigen a la política, donde Esmoris encuentra todo un rico material para hacer reír, hablando de modo genérico, incluso más allá de derechas e izquierdas.

En el discurso político lógica y retórica suelen mezclarse. Y Esmoris juega con ambas: por un lado, exagera la lógica hasta derribarla. Y por otro, parodia la retórica para ponerla al desnudo, demostrando hasta qué punto las palabras pueden ser utilizadas para avalar cualquier idea. También juega con la adulación, con el desdoblamiento, llegando a extremos cantinflescos, y conservando siempre el hilo argumental, que atraviesa los pasos de una campaña política.

Ahora que las elecciones nacionales quedaron atrás y llega además el verano, Esmoris ofrece una lectura graciosa, rápida y ligera. Claro que en escena el actor tiene una potencia extra: pero el libro permite pasar un rato agradable, siendo un material para las más diversas edades, siempre que el lector guste del absurdo.