Por Lía Schenck


En sesión extraordinaria, la Junta Departamental de Tacuarembó homenajeó a la escritora Susana Cabrera, nacida en Montevideo y residente en esa ciudad. Reconocida con varios premios, es considerada una de las escritoras contemporáneas más importantes de Uruguay. Días después del reconocimiento, Cabrera dialogó con La República de las Mujeres.

n nutrido público colmó las barras de la Junta Departamental de Tacuarembó para participar del emotivo homenaje a Susana Cabrera. Edmundo Canalda, de la editorial Fin de Siglo y editor de su obra, expresó que una de sus obras, “Los secretos del coronel” que bucea en los discutidos orígenes de Carlos Gardel, “no necesita pruebas de ADN”. “Cuando se cuenta una historia y se documenta, la buena literatura la hace particularmente creíble”, afirmó. Visiblemente conmovida y agradecida, Cabrera comenzó haciendo un raconto de su vida en Montevideo y de su llegada a Tacuarembó, recién casada y donde posteriormente nacieron sus seis hijos. “Donde está mi biblioteca está mi hogar -evocó que se dijo entoncesCuando comencé a poner mis libros en los estantes pensé que ese era mi hogar”. A pesar de que en su casa de la infancia montevideana no había libros, cuenta que su pasión por la literatura proviene del teatro: “Una tía y mi madre me llevaban al teatro a los siete años. Vivíamos en la Aduana y veía embarcar a Mirtha Legrand, a quien también veía en el teatro donde tenía otro nombre como personaje en un mundo de ficción”. Ese desdoblamiento entre la persona real y sus personajes fue, según cuenta, lo que la introdujo en la literatura. Profesora de Filosofía y Psicología, después de retirarse de la enseñanza de dedicó a la escritura. Premio Revelación del Bartolomé Hidalgo 2002 y finalista del mismo premio en 2005, las obras de Cabrera rebelan siempre un profundo conocimiento de la psicología de sus personajes tanto como de los contextos históricos, geográficos y sociales donde acontecen las historias narradas.

Sin censuras

Un párrafo de “El pozo de las cerezas”, un ensayo periodístico acerca de la sexualidad y el erotismo, fue citado por la senadora Martha Mercader cuando fundamentó su voto a favor del matrimonio igualitario. En el mismo, además de transcribir fragmentos literarios y teóricos referidos al tema entre los que figuran textos de Mario Benedetti, Rosa Montero, Foucault ,García Lorca, Milan Kundera, Cabrera incluye entrevistas que hizo a Fernanda, una persona trans; a Ángel, un taxiboy y al sexólogo Flores Colombino. Sobre los motivos que la llevaron a incluir a Fernanda en esa investigación, expresa: “Soy socrática de alma. La peor ignorancia la tiene el que no sabe y cree saber. Yo sabía muy poco del tema y no me gusta saber poco. Entrevisté a Fernanda porque su abuelo fue un profesor compañero mío del liceo, un amigo entrañable. Lo hice para conocer lo que pensaba y para que la sociedad de Tacuarembó la respetara y la propia familia la comprendiera”. En relación al taxiboy, reconoce que “Quería entender las debilidades humanas. Él tenía una doble vida muy interesante, enamorado de su pareja y muy profesional en lo que hacía. Necesitaba no sentirse censurado. Yo venía con una censura impuesta. No era una psicóloga, era una escritora. Por eso también entrevisté al doctor Flores Colombino, para saber y para entender esas realidades”. Ese interés por saber sobre los temas que escribe, se evidencia también en las profusas investigaciones que realiza para escribir sus novelas. En “El consentimiento” (2012), una mujer investiga la historia de su familia venida desde Galicia y toma conciencia del peso de las ataduras familiares. En “El vuelo de las cenizas”, una novela sobre el nazismo, intentó a toda costa hacerse con una copia del Protocolo de Wansnsee, donde altas jerarquías nazis reunidas en una casa confiscada a judíos analizaron los métodos para exterminarlos. Al final logró esa documentación gracias a la intervención de un amigo: “Un día recibí un paquete. Era una fotocopia del documento escrita en alemán y pude conseguir una traductora. En ese documento se evidencia que la maldad del ser humano no tiene límite”.

Una gravitación amorosa

Lectora apasionada de Murakami y García Márquez, en muchas oportunidades Cabrera ha expresado que puede dejar de escribir pero no de leer. Lo atrapante de la lectura para ella es precisamente “la fascinación que me produce”. Cita a Borges: “Yo tengo con el libro una gravitación amorosa” y agrega: “Estoy releyendo ‘Billar a las nueve y media’ de Heinrich Bölt. Hace treinta años que la leí y me fascina. Se mantiene a través del tiempo. Treinta años después me sigue sensibilizando. La magia sigue estando”. Al respecto comenta que a una de sus nietas, la impresión que le produce un episodio de “Las esclavas del Rincón”, inspirada en un homicidio ocurrido en el Montevideo de la Cisplatina, donde dos esclavas matan a su patrona, le impide continuar con la lectura. “Si soy capaz de despertar la emoción en un joven, -reflexiona- si logro conquistar su interés, ahí está la magia de la lectura”.

Rebeldes y libres

Hablando de “La casa de los patios”, una apasionante zaga familiar, Cabrera describe a Soledad, una de las protagonistas, como “una mujer que se rebela y es libre y que a pesar de las imposiciones familiares supo seguir su camino”. Después cuenta sobre su próxima novela: “Hace seis años que ando con ella. La interrumpí durante un año para corregir ´El consentimiento´. Se trata de una mujer muy especial, me da mucho trabajo entender su cabeza. Es una pintora que nació en 1887 en Austria y pertenecía a una familia muy distinguida de orfebres de la Casa Real. Era de origen judío y como muchas familias de la época estudiaba en su hogar. Luego se va a vivir a París y se casa con un griego. En la segunda guerra mundial, se casa con un conde que tiene una librería y le enseña la litografía. Tengo mucho trabajo de investigación con esa novela y esa protagonista”. Sin duda su público espera esta nueva entrega para encontrar esa fascinación y esa magia que le produce la lectura de sus novelas.